La Visión de Su Gloria – Apocalipsis

“La comunicación es de vital importancia en el desarrollo de una relación con cualquier persona, incluyendo a Dios. ¿Podría ser que la falta de comunicación sea la razón por la cual su relación con Dios parece distante, formal e impersonal?”                                                                                       Anne Graham Lotz

 

Anne Graham Lotz, Presidenta AnGel Ministries

 

En esta ocasión “Hacia la Excelencia” tiene el honor de compartir gratuitamente un material de gran valía, gracias a la cortesía de AnGel Ministries.

Se trata de un Estudio Bíblico basado en Apocalipsis, mismo que incluye: El libro de trabajo, además  de una serie de 6 videos.

Confiamos que este estudio, ya sea en forma individual o grupal, le ayude a desarrollar una comunicación y especialmente una relación personal con Dios.

La Visión de Su Gloria le enseñará cómo leer y estudiar la Biblia. Y al estar basado en el libro del Apocalipsis, libro que “revela lo que anteriormente era desconocido”; confiamos que Jesucristo mismo, el Dios único y verdadero, sea revelado en su vida o en la del grupo con quien usted compartirá este estudio; y entonces ustedes sean llenos de la gloria de Dios, en tanto establecen una comunión íntima con su Creador y Salvador, a lo largo de este estudio.

Los videos del taller “La Visión de Su Gloria” están disponibles en los siguientes links:

Seminario 1: Esperanza cuando está deprimido

Seminario 2: Esperanza cuando está engañado

Seminario 3: Esperanza cuando está desanimado

Seminario 4: Esperanza cuando está angustiado

Seminario 5: Esperanza cuando está derrotado

Seminario 6: Esperanza que enciende su corazón

A vuelta de correo, estaremos gustosos de enviarle gratuitamente el “Libro de Trabajo” para que pueda seguir este estudio sistemáticamente. Solicítelo aquí:  Contacto “Hacia la Excelencia”

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”. (Apocalipsis 1:1)

 

Copyright © 2020 Anne Graham Lotz (AnGeL Ministries) Raleigh, North Carolina, USA. Usado con permiso. Todos los derechos reservados www.annegrahamlotz.org.

 

Esperanza en medio del caos

“…hay un solo camino para resistir, sobreponernos y vencer a los estragos de esta pandemia…”

 

 

Tras 6 meses de haberse identificado al COVID-19 como una enfermedad infecciosa, primero en Wuhan, Hubei, China; y luego como una pandemia que consecuentemente está afectando a todo el globo; tal parecería que este “enemigo invisible” no ha dado tregua a la humanidad y persiste en su ataque. Y es que, al cierre de esta edición, 13.022.814 casos han sido reportados y además 571.000 muertes.

“Perdí mi trabajo a causa del coronavirus”.

Y sí en medio de esta pandemia, los casos de COVID-19 no se detienen; y lógicamente tampoco los casos de angustia, depresión, pánico porque este virus no sólo ha causado estragos en la salud física de la humanidad, incluyendo trágicamente la muerte de algunos; pero también ha provocado la desestabilización en la economía del mundo; empresas que han quebrado; o al menos que han reducido su fuerza laboral y desafortunadamente, cabezas de hogar que han perdido sus empleos; por solo nombrar algunos de los trastornos provocados por este “enemigo invisible”.

Y claro, paralelo al caos que estamos enfrentando no faltan los mensajes bien intencionados y cargados de “buena vibra” – como algunos lo llaman, que de alguna manera quieren motivar el alma de cuantos han decaído en este tiempo y animarlos a levantarse; de hecho, a que toda la sociedad nos levantemos y luchemos por nuestros más caros anhelos a pesar de la adversidad.

Pero ¿acaso estamos poniendo nuestra confianza únicamente en nuestra valentía, fortaleza, buen ánimo y hábil estrategia humana? Si es así, me temo que no llegaremos muy lejos. De hecho, ni la más hábil estrategia científica, política o incluso económica ha logrado detener los impactos de todo orden provocados por esta pandemia.

No obstante, hay un solo camino para resistir, sobreponernos y vencer a los estragos de esta pandemia; y es precisamente reconociendo que no somos “autosuficientes”, que como humanos “no nos hicimos a nosotros mismos”; y que es necesario volvernos a nuestro Hacedor, a nuestro Creador, a Aquél que puso orden al caos inicial en este mundo (Génesis 1) y que tiene el poder para sostenernos, levantarnos y ciertamente, ordenar nuestro mundo caótico.

Y qué agradable es encontrar en la frescura de Su Palabra, refrescamiento para nuestra alma y verdadera esperanza en medio de un futuro incierto desde la perspectiva humana; pero, lleno de gran esperanza para quienes decidamos confiar en Él, en Jesucristo, ¡el autor de la vida!

“Bendito es el hombre que confía en el Señor…” (Jeremías 17:7-8)

¿Conoce a Jesús personalmente?  ¿Le gustaría hacerlo?  Si es así, tome contacto con Hacia la Excelencia y estaremos gustosos de compartir más sobre nuestro Señor Jesucristo, la única esperanza para este mundo en caos.

 

Fuente:  Worldometer (información estadística – casos COVID-19)

Fotografía: Fotos 1 y 2: Envato Elements & Foto 3: Cecy Yepez

Pánico, desolación, desesperanza … ¿Dónde está su confianza?

“La crisis va más allá de lo que el esfuerzo humano puede hacer; va más allá de los recursos existentes”.

 

Con certeza desde enero 2020, los distintos medios y las redes sociales nos han abrumado con millares de titulares, y que unos más que otros, han provocado temor, angustia, desesperanza, en definitiva, caos e inestabilidad.

En enero por ejemplo, “Incendios en Australia amenazan futuro de 327 especies protegidas de animales y plantas, dice el Gobierno”; también en enero, “Terremoto en Puerto Rico: cómo los sismos cambiaron la forma en que se ve la isla desde el espacio”; en febrero, “Al menos nueve muertos en el este de Turquía por un terremoto con epicentro en Irán”. Y seguramente, no nos ha sido ajeno el tan opinado tema sobre el “calentamiento global”.

Pues sí, la tierra ha enfrentado fuegos, ha temblado, se ha inundado, en diferentes lugares del planeta; y ciertamente, poblaciones han sido afectadas en distintas y críticas maneras; pero, de todos modos, cada uno de estos problemas han sido específicos, que han atacado específicos lugares. Y aunque sus vecinos y el mundo pudieron condolerse, nadie sufrió más que aquellos que en carne propia experimentaron estas tragedias. Por lo tanto, el dolor en sí fue sectorizado, por así llamarlo.

Ahora bien, más adelante, otros titulares se han sumado a los ya expuestos, así: “Reino Unido ‘bajo arresto domiciliario’ mientras coronavirus mide ‘poner fin a la libertad’”; “Coronavirus en Ecuador: Preguntas y respuestas sobre tratamiento de cadáveres en emergencia sanitaria”; “La pandemia podría reducir la economía mundial casi un 1% en 2020, dice la ONU”.

El panorama cambia drásticamente desde luego. Titulares de esta naturaleza, sobre un tema en particular, comienzan a surgir en los distintos países del mundo, uno tras otro, minuto a minuto; y tal parecería que, como el tic tac del reloj, noticia tras noticia, anuncian sobre el “enemigo invisible” – el COVID-19.

Enemigo, que al cierre de esta edición, ha atacado a más de un millón de víctimas y ha fulminado a 64.743 personas, alrededor del mundo. ¡Una verdadera tragedia!

Pero qué clase de enemigo es éste, que ha venido a trastornar la vida de todos los habitantes del planeta, como ningún otro. ¡El pánico ya no es sectorizado, es global! ¡El desastre ya no es sectorizado, es global!

¿Cómo salir de este encierro? ¿Cómo vencer al enemigo? ¿En quién confiar?  Son algunas de las tantas preguntas que se hace la humanidad en medio de esta crisis mundial. Y aunque el buen ánimo de algunos; el espíritu de motivación de otros; especialmente la tremenda buena voluntad y servicio abnegado de tantos más; y desde luego, la acción estratégica de los gobiernos que ciertamente no podemos dejar de mencionar; no obstante, no son suficientes para traer bienestar, ni salud, ni verdadera paz.

La crisis va más allá de lo que el esfuerzo humano puede hacer; va más allá de los recursos existentes. Ya no sólo es el virus como tal, que causa la enfermedad o incluso los lamentables decesos; es la tragedia emocional en el entorno familiar, en el entorno comunitario y en el entorno global.

Pero es ahí, cuando como seres humanos no tenemos a dónde volvernos, no tenemos lugar a dónde mirar para buscar refugio, cuando nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad, debilidad e impotencia para enfrentar lo desconocido; que navegamos en lo profundo de nuestro corazón y reconocemos que hay alguien, a quien podemos y debemos volvernos.

Ése alguien es Dios. Y la palabra “Dios” puede estar muy “manoseada”, muy “subutilizada”, muy “descontextualizada”. ¿Realmente el mundo tiene un verdadero entendimiento y conocimiento de quién es Dios?  ¿En verdad el mundo comprende acerca de la esencia y magnitud del Dios Creador de cielos y de la Tierra, de todo el universo y todo lo que en él hay?

Si en verdad, la humanidad entendiese la magnificencia de este Dios, entonces se uniría al Salmista de antaño, a David, y clamaría desde lo profundo de su corazón, en estos tiempos de crisis:

“Levanto la vista hacia las montañas,
  ¿viene de allí mi ayuda?
¡Mi ayuda viene del Señor,
 quien hizo el cielo y la tierra!…

“El Señor te libra de todo mal
    y cuida tu vida”.

 (Salmo 121:1-2,7  NTV)

 

Cuando entendemos que los recursos “humanos” se agotan, en medio de esta pandemia, no hay más sabia acción que volverse al Creador de la humanidad. No hay acción más sabia que volverse a Aquél que es el dador de la vida, a Aquél que salva y sana, a Aquél de quien fluye la verdadera paz.

¡No hay otro camino, que volverse al verdadero y todopoderoso Dios, a Jesucristo, la Vida misma, el Salvador del mundo, el Príncipe de Paz!

Mientras los noticieros proclaman pánico, desolación, desesperanza; solo aquél que pone su confianza en el Dios Eterno, Creador de cielos y de la tierra, tendrá la fuerza para proclamar serenidad, consolación y esperanza; entendiendo que su protección viene de lo Alto, de su Creador.

“¡Tú guardarás en perfecta paz
 a todos los que confían en ti;
 a todos los que concentran en ti sus pensamientos!
Confíen siempre en el Señor,
porque el Señor Dios es la Roca eterna”.

(Isaías 26:3-4  NTV)

 

Fuente: https://www.worldometers.info/coronavirus/

Fotos:  Cecy Yepez (1) & Envato Elements (2, 3, 4) – Diseño:  YNS

Navidad…¡El Salvador del mundo en un pesebre!

Imágenes que atrapan…

“Activistas vendrán y se irán, voces se levantarán y se callarán, gobiernos se congraciarán y otros se opondrán…Pero hay algo que permanecerá y que es inamovible – la naturaleza”.

 

Hace un tiempo atrás, viajaba en un taxi con dirección a mi oficina y en medio del pesado tráfico y la mente alborotada con tantos pensamientos al mismo tiempo, de repente fui atrapada por una imagen que nunca olvidaré.

A lo lejos se miraba la dulzura de dos niñas adolescentes, que seguramente a esa hora salieron de su colegio y esperaban el transporte público para retornar a sus casas. Todas coquetas, vestían el uniforme de su colegio, cargaban sus pesadas mochilas y parecía que entablaban un diálogo que sólo ellas eran capaces de entender la profundidad del mismo.

Miradas iban y venían entre las dos y cualquiera que las veía podía darse cuenta que eran dos niñas que habían forjado una gran amistad, una relación estrecha y profunda y que su relación en verdad era incondicional.

En medio del tumulto y pesado tráfico, mi taxi de repente se detuvo de inmediato frente a la alerta del semáforo en rojo, y paralelamente mi mirada también se detuvo con asombro frente a la alerta de la acción seguida de estas muchachas.

Casi no lo podía creer, mi corazón se aceleró y al mismo tiempo, mi corazón se entristeció. Quienes las miraban, seguro pensaron que eran “cómplices”, compañeras de colegio, que se respaldaban en todo, cómplices cuando no cumplían con las tareas, cómplices cuando quizá la una o la otra faltaba, cómplices tal vez cuando copiaban los exámenes. ¡Sí, cómplices! Porque en el par de minutos que el tráfico y el semáforo me detuvieron ligeramente frente a ellas, esos pensamientos son los que provocaron la imagen de estas dos muchachas, la imagen de las chiquilladas que estas niñas con seguridad harían en el colegio.

Pero en verdad, mi corazón se entristeció cuando de repente miré a una de ellas que con tal atrevimiento se acercó aún más a la otra niña y con el perfil de una “conquistadora”, comenzó a acariciarla y besarla. Y claro, la segunda respondió “positivamente” sin reparos, sin pena, ni complicación.

¿Una amistad estrecha? ¿Un compañerismo sincero e incondicional? ¿Una relación pasajera de enamoramiento entre chiquillas? ¡O más bien una alerta tremenda para padres, familias, comunidades!
Seguramente muchos al leer esta historia dirían que “debemos ser tolerantes y respetar el pensamiento y el estilo de vida de los demás”, o “que debemos tener mente abierta, que estamos en otra época”. Lo más tremendo es que incluso padres opinarían de este modo.

Pero si somos honestos y analizamos situaciones como éstas desde el fondo de nuestro corazón; ¿no es extraño, incómodo y hasta repugnante, observar imágenes como éstas – dos pequeñas niñas en calidad de “enamoradas”, o dos muchachos aparentando una relación de “pareja”?

Y no sólo eso, como en mi caso, fue ciertamente doloroso. Sentí una profunda tristeza por aquellas niñas, desde el fondo de mi corazón sentí que hay una profunda confusión en sus vidas. Confusión probablemente generada por carencias en sus vidas. Sí, carencia de amor y cuidado de sus padres, carencia del entorno familiar apropiado que les afirme a cada una de ellas que son unas princesas, unas preciosas niñas con un futuro brillante en el cual despuntarán como hermosas e inteligentes mujeres, llenas de cualidades y virtudes; como estupendas profesionales; pero, especialmente como maravillosas esposas y madres, cuyos hijos serán amamantados, nutridos, protegidos, educados y guiados como sólo una madre abnegada suele hacerlo.

¡Sí, carencias y probablemente pérdidas! Hace algunos años atrás tuve la oportunidad de hacer una investigación con fines académicos sobre las causas principales del homosexualismo y fue al mismo tiempo, sorprendente y triste entender por qué finalmente muchos niños, adolescentes y jóvenes terminan sus vidas confundidos, desviados y estropeados. Entre algunas de las razones se citan:

1. Lazos familiares dañados: ausencia del padre o de la madre, rechazo de la identidad del bebé recién nacido.
2. Falta de identidad de género: relación inadecuada con el padre del mismo sexo.
3. Confusión de roles: Falsa protección del niño o niña, o lo que se conoce como sobreprotección maternal.
4. Abusos: sexual, psicológico, físico, emocional, verbal.

Por tanto, no hay tal, “estoy atrapado en un cuerpo que no es el mío”. Activistas vendrán y se irán, voces se levantarán y se callarán, gobiernos se congraciarán y otros se opondrán a estos grupos como el tan conocido LGTBI. Pero hay algo que permanecerá y que es inamovible – la naturaleza. La propia naturaleza nos enseña que los animales fueron creados machos y hembras. ¡Cuánto más el ser humano! Fuimos creados hombres y mujeres. De modo contrario no hubiésemos llegado a esta era de la historia, sino fuese por la reproducción natural entre un hombre y una mujer. La familia está conformada por un hombre, la cabeza del hogar; y por una mujer, su ayuda idónea; quienes se reproducirán y tendrán hijos e hijas, con quienes extenderán su territorio y serán honrados por las comunidades donde viven.

El Dios, Creador de los cielos y de la tierra, de todo el universo, es quien sabiamente nos creó hombre y mujer. No hay otra manera de reproducirnos, para juntos ensanchar nuestros territorios y gobernar la tierra. Necesitamos la fuerza del hombre guerrero y héroe, su ímpetu para explorar e investigar, su corazón protector y deseo honesto de proveer para su familia. Y sin duda, necesitamos, la belleza y ternura de la mujer, cuyo corazón es confiable, su espíritu abnegado, su inagotable amor por quienes la rodean, y ciertamente su esperanza inmortal.

En la sabiduría de Dios, “creó a los seres humanos a Su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó”. (Génesis 1:27) El propósito original del Señor fue crearnos con un corazón que refleje Sus propios atributos; sin embargo, por causa del pecado, ese corazón ha sido quebrantado y muchos seres humanos que no se han reconciliado con Dios, Su Creador, están lejos de reflejar esos atributos.

Tristemente y sólo como ejemplo, la población LGTBI en Estados Unidos alcanzó el 4.5% (Gallup, 2017). Y en el Reino Unido, el número de lesbianas, gays y bisexuales alcanzó poco más de 1.000.000 (ONS, 2017), y así pudiésemos hablar de tantísimos más ejemplos, pero ése no es el propósito de hoy.
Es más bien, invitarles a tomar un tiempo y meditar en lo profundo de sus corazones sobre tantas vidas destrozadas, sobre tantas vidas apagadas que no obstante fingen todo lo contrario, fortaleza, mucha energía, con un espíritu de lucha incansable por “sus derechos” y que se resisten a toda costa ser “rechazados”.

Y en realidad, ésa es la palabra clave, “rechazo”. Probablemente al interior, en lo muy profundo de su corazón hay heridas tan hondas de rechazo, de abuso, de menosprecio, que necesitan ser sanadas.
Mi invitación, si estamos cerca de muchachos o muchachas, como aquellas niñas de mi historia, en los cuales notamos claramente un espíritu confundido, extendámosle nuestra mano de apoyo para levantarles, seamos esa luz para alumbrarles en medio de las tinieblas y sobre todo brindémosles ese abrazo que tanto necesitan para sentir que son aceptados, que aunque sus más cercanos les han rechazado, Dios, Su Creador está listo para abrazarlos y comenzar a curar sus heridas por más complejas e incurables que parezcan.

“Porque así ha dicho el Señor: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga…Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice el Señor”. (Jeremías 30:12,17a)

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