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EL PODER DE LAS PALABRAS — Artículo 2: Palabras que construyen relaciones

Texto base: Efesios 4:29 (LBLA)
«Ninguna palabra mala salga de vuestra boca, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que oyen.»

Las relaciones más valiosas de nuestra vida no se construyen únicamente con grandes decisiones, sino con las palabras que pronunciamos cada día. Un saludo amable, una expresión de gratitud, un reconocimiento sincero o una palabra de ánimo pueden fortalecer profundamente la familia, una amistad, o un equipo de trabajo. De la misma manera, una crítica injusta, una respuesta impulsiva o una palabra hiriente pueden debilitar lentamente la confianza y la cercanía.

El apóstol Pablo nos recuerda que nuestras palabras deben edificar e impartir gracia a quienes las escuchan. Esto implica mucho más que evitar expresiones ofensivas; significa hablar de manera que nuestras conversaciones contribuyan al crecimiento, la esperanza y el bienestar de los demás. Antes de hablar, conviene preguntarnos: ¿Lo que voy a decir ayudará realmente a esta persona?

El reconocimiento sincero y la gratitud expresada son dos de las formas más sencillas y poderosas de fortalecer una relación. Cuando valoramos el esfuerzo, la fidelidad o las cualidades de otros, comunicamos que su vida tiene importancia. Del mismo modo, aprender a escuchar con atención demuestra respeto, interés genuino y amor. Escuchar no consiste únicamente en permanecer en silencio, sino en procurar comprender antes de responder.

La investigación contemporánea respalda estos principios. Un estudio de Gallup y Workhuman encontró que el reconocimiento auténtico fortalece las relaciones, incrementa el compromiso y contribuye a crear ambientes de mayor confianza y colaboración. Asimismo, Harvard Business Review destaca que la escucha activa es una de las habilidades más importantes para construir relaciones saludables y resolver conflictos con mayor efectividad.

Todos guardamos en la memoria palabras que marcaron nuestra vida. Quizá un maestro que creyó en nosotros, un padre que nos animó en un momento difícil, un amigo que nos brindó esperanza o alguien que compartió oportunamente una verdad de Dios. De la misma manera, también recordamos palabras que nos hirieron profundamente. Esto nos recuerda que las palabras nunca son indiferentes. Dios puede utilizar una conversación cotidiana para restaurar una relación, devolver esperanza al desanimado o fortalecer la fe de una persona. Cada conversación representa una oportunidad para comunicar la gracia y el amor de Cristo.

Reflexión personal

Pregúntese hoy: ¿Las personas salen fortalecidas después de conversar conmigo? Que nuestras palabras reflejen cada vez más el carácter de Cristo y sean instrumentos para sanar, restaurar y edificar a quienes Él ha puesto en nuestro camino.

Las palabras que fortalecen nuestras relaciones también tienen el poder de formar el corazón de las futuras generaciones. Le invito a acompañarme en nuestro próximo artículo, donde reflexionaremos sobre cómo nuestras palabras pueden afirmar la identidad, transmitir amor, bendición y propósito en la familia, desde la infancia e incluso desde el vientre materno.

¡Hasta la próxima!

Fuentes

  1. Gallup & Workhuman. Employee Retention Depends on Getting Recognition Right (2024). Disponible en: https://www.gallup.com/workplace/650174/employee-retention-depends-getting-recognition-right.aspx
  2. Amy Gallo. What Is Active Listening? Harvard Business Review, 2 de enero de 2024. Disponible en: https://hbr.org/2024/01/what-is-active-listening

EL PODER DE LA PALABRA

Introducción a la serie

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.” (Proverbios 18:21, LBLA)

Cada día pronunciamos cientos, quizá miles de palabras. Algunas son olvidadas tan pronto como salen de nuestros labios; otras, sin embargo, permanecen grabadas en la memoria y el corazón de quienes las escuchan durante años, e incluso durante toda una vida. Una palabra puede restaurar la esperanza de una persona que está al borde del desánimo. Una palabra puede fortalecer un matrimonio, restaurar la relación entre padres e hijos, reconciliar una amistad, inspirar un equipo o acercar un alma a Dios. Pero también una palabra puede herir, humillar, dividir y destruir. La pregunta no es si nuestras palabras tienen poder; la pregunta es qué estamos haciendo con ese poder.

Desde las primeras páginas de las Escrituras encontramos una verdad extraordinaria: Dios creó el universo mediante Su Palabra. “Y dijo Dios…” es una expresión que se repite una y otra vez en Génesis. La luz apareció, los cielos fueron establecidos y la vida surgió porque Dios habló. La palabra fue el instrumento de creación en las manos del Creador. Si hemos sido creados a Su imagen y semejanza, ¿no deberíamos reflexionar seriamente sobre la forma en que utilizamos nuestras propias palabras?

Jesús enseñó una verdad profundamente confrontadora cuando dijo: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45, LBLA). Nuestras palabras no son accidentes ni simples sonidos. Son ventanas que revelan el estado de nuestro corazón. Lo que hablamos acerca de otros, de nosotros mismos, de nuestras circunstancias y aun de Dios, expone nuestras creencias, nuestras heridas, nuestras prioridades y nuestra condición espiritual. Por ello, examinar nuestras palabras es, en realidad, examinar nuestro corazón.

Vivimos en una época en la que las palabras viajan más rápido que nunca. Investigaciones realizadas por el psicólogo Matthias Mehl y sus colaboradores encontraron que los adultos pronunciaban aproximadamente 16.000 palabras por día a mediados de la década de 2000. Estudios posteriores sugieren que esa cifra ha disminuido en años recientes; sin embargo, sigue representando millones de palabras pronunciadas a lo largo de una vida. Pero hoy nuestras palabras no solo son escuchadas por quienes nos rodean. El informe Digital 2025 Global Overview Report señala que existen aproximadamente 5.24 mil millones de identidades activas de usuarios en redes sociales alrededor del mundo, equivalentes al 63.9% de la población mundial. Nunca antes la humanidad había tenido una capacidad tan extraordinaria para comunicar, influir y ser escuchada. Sin embargo, la tecnología no ha resuelto el problema del corazón humano. La crítica, la difamación, la mentira, la ofensa y la agresión verbal continúan causando profundas heridas en familias, organizaciones, iglesias y sociedades enteras. Dos mil años antes de la existencia de internet, la Palabra de Dios ya advertía acerca del poder de la lengua. Hoy, más que nunca, las palabras de Proverbios 18:21 siguen siendo una realidad: “La muerte y la vida están en poder de la lengua.”

Quizá mientras lee estas líneas vienen a su memoria palabras que marcaron su propia historia. Tal vez recuerda expresiones de ánimo que le dieron fuerzas para seguir adelante en momentos difíciles. O quizá aún conserva cicatrices producidas por palabras injustas, hirientes o desalentadoras pronunciadas hace muchos años. La mayoría de nosotros hemos experimentado ambas realidades. Precisamente por ello sabemos que las palabras nunca son neutrales; siempre dejan una huella. Una palabra de afirmación puede impulsar a una persona hacia el cumplimiento de su propósito. Una palabra de desprecio puede acompañarla durante décadas. Lo que decimos importa mucho más de lo que solemos imaginar.

Durante los próximos meses exploraremos juntos siete principios bíblicos sobre el poder de la palabra. Reflexionaremos acerca de cómo nuestras expresiones impactan las relaciones, la familia, el liderazgo, el ministerio, la resolución de conflictos y nuestro testimonio ante el mundo. Más que adquirir conocimiento, el propósito será permitir que la Palabra de Dios transforme nuestra manera de hablar para que nuestras palabras reflejen cada vez más el carácter de Cristo. Porque la verdadera transformación no comienza en los labios; comienza en el corazón rendido a Dios.

Antes de continuar, le invito a hacer una pausa y formularse una pregunta sencilla pero profunda: si las personas que más conviven conmigo tuvieran que describir el efecto de mis palabras en sus vidas, ¿dirían que mis palabras construyen o destruyen? ¿Animan o desaniman? ¿Acercan a Dios o apartan de Él? ¿Se sienten fortalecidas después de hablar conmigo o cargan con el peso de expresiones que han lastimado su corazón? La respuesta a estas preguntas puede convertirse en el punto de partida de una transformación profunda, porque toda transformación genuina comienza cuando permitimos que la luz de Dios ilumine aquellas áreas de nuestra vida que necesitan ser cambiadas.

Que esta serie no sea simplemente una lectura más, sino una oportunidad para permitir que el Espíritu Santo examine nuestro corazón, purifique nuestras motivaciones y transforme nuestras conversaciones. Después de todo, las palabras que pronunciamos hoy pueden convertirse en las semillas de la realidad que otros vivirán mañana. Que nuestras palabras reflejen cada vez más la gracia, la verdad, la compasión y la sabiduría de Aquel que es la Palabra hecha carne, nuestro Señor Jesucristo.

Si las palabras revelan el estado de nuestro corazón, también tienen el poder de transformar nuestras relaciones. Le invito a acompañarme en nuestro próximo artículo, donde exploraremos por qué algunas palabras permanecen en la memoria durante toda una vida y cómo Dios puede utilizar nuestras conversaciones cotidianas para sanar, restaurar y edificar a quienes ha puesto en nuestro camino.

¡Hasta la próxima!

Fuentes:

Palabras habladas por día (fuente científica):
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11825285/

Usuarios de redes sociales (Digital 2025):
https://datareportal.com/reports/digital-2025-global-overview-report

2024 – ¿Un año turbulento?

Innegablemente hay una capa oscura que se extiende a lo largo y ancho del planeta; y que aunque ciertos gobiernos, autoridades y población en general luchan por hacerle frente y limpiar el planeta de esta oscuridad; lamentablemente, ésta parece volverse más densa y difícil de erradicarla.

El inicio de este 2024 no ha sido en las mejores circunstancias. Tal parece que una capa oscura ha cubierto al planeta entre el cierre del 2023 y el inicio del 2024.

Y es que es evidente que conflictos armados se viven en varios países del mundo, de los cuales, los que quizá más han sido difundidos en los medios internacionales son dos: Rusia vs. Ucrania, cuya guerra inició en febrero 2022; y el ataque terrorista que vivió Israel desde octubre 2023. Conflictos que no ven término aun, mientras recursos escasean y vidas se pierden irremisiblemente, no se avizora una salida, humanamente hablando.

Y claro, Rusia vs. Ucrania, esto es sólo un ejemplo de cómo nación contra nación se enfrenta, sin importar verdaderamente los intereses soberanos y los intereses de dos pueblos que detrás de las armas y ataques, sufren las decisiones de dos gobiernos que se oponen, de dos políticas contrapuestas.

Desde luego, el caso de Israel es diferente. Israel tiene que defender su casa del ataque terrorista. O acaso, ¿quién de nosotros invitamos sin oposición alguna a un potencial ataque terrorista a nuestros hogares? ¡Por supuesto que no! Estoy segura que de acontecer algo así en nuestro entorno; nos armaríamos de valor, nos pararíamos firmes y defenderíamos con los dientes, a capa y espada, a nuestra familia, a nuestros seres queridos; y no permitiríamos tales ataques.

Estos son solo dos ejemplos de lo que acontece en el mundo en este tiempo…conflictos aparentemente interminables.

Pero los conflictos armados también se viven de modo interno. Y prueba de ello es el caso de Ecuador. Tristemente el país vive un conflicto armado interno, en tanto, desde hace casi un mes, le ha declarado la guerra abiertamente a los terroristas que han estado operando en la nación desde hace años.

Por otro lado, la capa oscura se extiende aun más sobre el firmamento de nuestro mundo. ¿Sabía usted que ya se anuncian más pestes…más virus, más enfermedades a partir de este año? Sí, es lamentable conocer que al menos desde el segundo semestre del año pasado, ya se anunciaban virus más letales que Covid-19; y ya se anunciaban también vacunas y medicamentos para combatirlos. ¡Increíble no! ¿Cómo algunos organismos sabían con mucha anterioridad de una potencial nueva pandemia? Pues sí, desde hace meses e incluso al menos un par de años atrás ya se difundía con toda certeza que una nueva pandemia atacaría al mundo; y tal parece que el año 2024, será la plataforma para “esta muerte anunciada”.

Quiero citar dos intervenciones muy reveladoras:

En mayo de 2023, el Presidente de la OMS, expresó: “Aunque el COVID-19 ya no sea considerado una emergencia sanitaria pública global, los países deben seguir fortaleciendo la respuesta a la enfermedad y prepararse para futuras pandemias y otras amenazas, declaró el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

Y de otra parte, igualmente en el 2023, el reconocido Bill Gates, Presidente de la Bill & Melinda Gates Foundation puntualizó: “Necesitamos estar preparados para la próxima pandemia. No estábamos preparados para el Covid-19, así que debemos hacerlo mejor. Y debemos comprometernos a asegurarnos de que todas las herramientas lleguen a todos en el mundo. La experiencia, recursos y capacidades de fabricación de China nos ayudarán a satisfacer esas necesidades”.

Sí, es realmente increíble. Cuanto más leemos e investigamos sobre estos temas, sin duda, más sorprendidos nos sentimos.

Y bueno, tan solo para completar, por ahora, este cuadro; sí, los terremotos están a la orden del día. Iniciamos este 2024, como quien da la bienvenida a un año turbulento, con el terremoto de 7.6 de Japón, que estremeció fuertemente al país; y en sí al mundo, como quien se prepara para enfrentar fuertes sacudones y no solo en cuanto a terremotos se refiere, si no en las distintas esferas del globo.

Innegablemente hay una capa oscura que se extiende a lo largo y ancho del planeta; y que aunque ciertos gobiernos, autoridades y población en general luchan por hacerle frente y limpiar el planeta de esta oscuridad; lamentablemente, ésta parece volverse más densa y difícil de erradicarla.

A diferencia de los argumentos de los “optimistas”, el mundo en sí, queramos o no va en decadencia. Nos guste o no, el mundo va en declive y su destrucción es inevitable. ¿Por qué?

Simple aunque controversial para muchos. El mundo está cada vez más lejos de Su Creador, cada vez más se ha apartado de su Sustentador, su corazón se ha ensoberbecido por sus «logros”, por sus “alcances”, por su “éxito”; por el “avance” industrial, científico, tecnológico y mucho más. Y el hombre cada vez anhela más poder, más plata (dinero), más placer. Claro, todo esto, estando convencido de que es “autosuficiente” y cuenta con la “capacidad” suficiente para avanzar y alcanzar todo lo que se propone.

Pero en medio de todo este “avance” al mismo tiempo, más oscuridad se ha evidenciado.

Tristemente, en medio de esta podredumbre, incluso la tierra gime. Sí, así claramente lo expone la Palabra de Dios: “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora…” (Romanos 8:22).

Y cómo no estar con dolores de parto, sí vemos que nuestro alrededor se destroza y la oscuridad se intensifica.

Hay un solo camino, una sola solución y ésa es Cristo Jesús. Si usted que por “casualidad” visitó nuestro blog; o porque realmente ya nos conoce; en verdad ésta no es una casualidad. Permítame ser enfática en esto, la oscuridad sólo puede ser combatida con la luz y la luz, es Cristo Jesús, quien directamente lo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

El mundo está enfrentando una densa oscuridad; si usted quiere salir de ésta, el único camino es Jesús. Si aun no lo conoce y está interesado en hacerlo; no dude en tomar contacto con nosotros. El tiempo cada vez se acorta más, hoy puede ser su día de “fuera de la oscuridad”, su día de salvación, para mañana puede ser tarde.

Para concluir, le invito a reflexionar en esta Palabra:

“Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”. (Mateo 24:6-8)

Fuentes:

https://news.un.org/en/story/2023/05/1136912

https://www.nytimes.com/2023/03/19/opinion/bill-gates-pandemic-preparedness-covid.html

¡Valentía que vence todo miedo!

“Aprendí que la valentía no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que lo conquista».

Nelson Mandela

                      MIEDO o VALENTÍA

Cuando tenía aproximadamente 5 años de edad, mi mamá y yo fuimos a visitar a mi abuelita. Y para producir impacto en ella, decidí caminar sola hasta la casa. Para una pequeña niña, era un camino un poco largo desde la entrada principal hasta donde estaba ubicada la casa propiamente. Mientras con una gran sonrisa observaba los árboles y las flores alrededor y me emocionaba porque mi abuelita pensaría que llegué sola – según mi imaginación – de repente ese rostro de alegría se tornó en angustia y gran miedo. Y es que dos grandes perros que no me habían conocido me sujetaron con sus hocicos de mis pequeños codos y literalmente me llevaron escoltada casi como prisionera hasta la casa de mi abuela. Todo esto, mientras yo gritaba fuertemente: “Ayúdame abuelita, ayúdame”. Y bueno, en medio de la escena de ladridos, casi mordidas de perro y gritos, mi abuelita y otros familiares salieron a mi rescate.

No estoy segura si esta historia muestra valentía de alguna manera. En realidad en mi adultez, todavía tengo temor frente a los perros, cada vez menos, pero lo tengo. Y siempre procuro mantenerme lejos de aquellos especialmente desconocidos.

No obstante, con esta cándida historia pretendo ilustrar “el poder del miedo” y cómo éste poder puede ser destruido.

Si probablemente yo sucumbía al miedo del momento y me quedaba paralizada sin decir o hacer nada, probablemente aquellos perros me hubiesen agredido con mayor fuerza; y no necesariamente hubiese recibido la ayuda necesaria y en el momento preciso.

Pero en la vida enfrentamos situaciones definitivamente más complejas que nos provocan miedo y muchas veces incluso terror.Déjeme hacerle un par de preguntas:

  • ¿Ha sentido alguna vez miedo?
  • ¿Qué le provoca miedo?
  • ¿Cómo actúa cuando enfrenta determinado miedo?

Pues si su respuesta fue afirmativa a la primera pregunta, déjeme decirle que absolutamente todos, todos los seres humanos enfrentamos miedos, en menor o mayor escala. Todos experimentamos temor frente a determinadas circunstancias. Sí, tal vez unas más simples que otras, pero miedo a la final.

Y para ilustrar aun más este tema, permítame referirme en síntesis a la historia de un hombre grandemente admirado en el mundo del liderazgo, se trata de Nelson Mandela. Como seguramente ha leído, Nelson Mandela luchó fuertemente contra la segregación racial en Sudáfrica.  El conocido sistema “Apartheid” (1948 – 1994) en Sudáfrica estableció que la gente de color (no blancos – la gran mayoría) viviera en áreas separadas a aquellas que ocupaban la minoría que gobernaba, es decir aquellos de raza blanca, especialmente europeos. La población de color fue altamente oprimida durante estos años y mayormente aquellos de raza negra.

Mandela estuvo 27 años en prisión. Desde que fue un abogado muy joven inició su lucha contra el sistema del “Apartheid” procurando al máximo la justicia e igualdad social; este “sublevamiento” como muchos lo tildaron le trajo críticas consecuencias – la prisión – y todo lo que esto conlleva, incluyendo condiciones muy adversas.

Después de que Mandela fue libertado, continuó las negociaciones para por fin terminar con el sistema “Apartheid” y poco después fue elegido democráticamente como el primer presidente de Sudáfrica.

Le invito a que investigue y lea a profundidad la historia de este gran hombre y líder, que ciertamente no miró por lo suyo, sino por la necesidad de toda una nación. Sin importarle sus propias adversidades y grandes temores en medio de la batalla, no descansó de luchar por la libertad e igualdad de todo un pueblo, durante su prisión e incluso después de lograda su libertad.

Mandela seguro vivió grandes momentos de incertidumbre, desolación y gran temor. Tenemos mucho que aprender de su gran ejemplo de valentía en medio de la gran adversidad, y así lo expresó:  “Aprendí que la valentía no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que lo conquista».

Y con seguridad, muchos son los miedos que podemos sentir y experimentar a lo largo de la vida. Miedo en la relación familiar, miedo a un diagnóstico médico, miedo en una relación laboral, miedos de toda índole.

Pero quizá el miedo universal que una gran parte de la población mundial experimenta es el miedo a la muerte. ¿Ha sentido usted alguna vez miedo a morir? ¿Tiene miedo de no saber exactamente a dónde va y qué va a pasar con usted luego de morir?

Pues déjeme decirle que hay alguien quien valientemente venció a la muerte y ese valiente se llama Jesús, quien ciertamente murió en la cruz, con un solo propósito – cargar con el pecado de la humanidad y darle libertad a todo aquel que cree en Él y que decide en fe entregarle su vida bajo Su señorío y autoridad, anhelando una nueva vida, libre de la condenación de pecado y libre de acusaciones. Una vida llena de armonía y paz que cumple su propósito en esta tierra y que anhela reencontrarse con Su Creador y Salvador, Cristo Jesús en la vida eterna.

Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).  Si usted así lo cree y decide desde hoy mismo aceptar esta verdad – Jesús es la resurrección y la vida, quien anhela darle vida y vida en abundancia – ya no hay más de qué temer. Por lo tanto, ni el terror de la muerte tiene el poder de perseguirle, una vez que decide aceptar al autor de la vida, Cristo Jesús. Él con certeza irá delante de usted abriéndole camino en medio de los obstáculos que infaliblemente se presentarán en cada paso, pero que con Jesús tendrá el poder de vencerlos a todos, si tan solo toma esta decisión y permanece en obediencia a Él, siguiendo el manual de vida que Jesús mismo nos ha dejado – la Biblia, Su Palabra.

Así, ni los perros más feroces, ni prisiones, ni el terror de la muerte, ni nada que le produzca miedo tendrá poder sobre usted, si hoy mismo, valientemente entrega su vida a Jesucristo, el único Dios verdadero que promete acompañarle y guiarle todos los días de su vida.

Si tiene preguntas al respecto y quiere conocer cómo entregar su vida a Jesucristo, no dude en contactarnos.

Las guerras, un asunto del corazón…

«La naturaleza del ser humano no es buena en sí misma, su corazón está plagado por el pecado y mientras no vengamos a un genuino arrepentimiento delante de nuestro Creador, nuestro corazón experimentará serios conflictos, falta de paz genuina…»

A la fecha de edición de este artículo los medios nos bombardean con noticias sobre la prolongada guerra entre Ucrania y Rusia; aun son noticia las violentas protestas en Francia que degeneraron entre otras cosas en saqueos e incendios callejeros; y, los muertos por crímenes violentos en Ecuador se cuentan por decenas, en tanto, el país está plagado de una guerra territorial entre organizaciones criminales rivales, según afirman los medios.

Si analizamos a lo largo de la historia, las guerras se han producido debido a una serie de factores que mayormente están relacionados con disputas entre naciones, territorios, grupos étnicos, seguidores de religiones, creencias o ideologías, por causa de desigualdades socioeconómicas, violaciones de los derechos humanos y en general respuestas a agresiones, entre otros factores.

Y lamentablemente los ataques o actos hostiles de una nación o grupo hacia otro pueden incluso provocar respuestas militares y, en última instancia, conducir a lo que todos conocemos como una guerra.

Pero ¿por qué se producen estas disputas, estos ataques o actos hostiles? Sí, más allá de la raíz visible: creencias religiosas, ambiciones geopolíticas, desigualdades. ¿Se ha puesto a pensar que hay más allá de lo visible?

Pues bien, más allá de lo expuesto, de lo expresado, de lo visible, hay algo no necesariamente considerado; y se trata del corazón del ser humano.

Y es que en el corazón del hombre se anidan los sentimientos más insondables que no siempre son expuestos de modo directo hacia afuera, especialmente cuando estos sentimientos no son buenos, honestos, ni probados. Sí, podemos mostrar un rostro sonriente, amistoso, abrazador; pero si viajamos hacia el fondo de ese corazón, muchas veces encontramos hipocresía, mentira, envidia, odio, que no necesariamente lo mostramos, al menos en una primera instancia y dependiendo de los intereses del individuo.

Pues es así, en el corazón del hombre se pueden anidar sentimientos insondables, intereses indescifrables y potencialmente deseos profundos de venganza y destrucción a quien se opone en su camino.

Hagamos un ejercicio, este ejercicio es personal y las respuestas únicamente las sabrá usted y su Creador. Vamos aquí:

  • ¿Ha sentido alguna vez envidia porque su familiar, colega o amigo tiene mejores posesiones que las suyas? Un mejor auto, una mejor casa, un mejor trabajo, un mejor sueldo.
  • Si alguna vez le han hecho daño, le han insultado, ultrajado, dicho una mentira sobre usted, ¿cómo ha reaccionado? Tal vez, ¿se ha producido frustración, tristeza, odio y aun venganza en su corazón?
  • Si alguien alguna vez ha querido apropiarse de lo suyo, cualquier posesión por más pequeña que ésta sea, ¿ha tenido al menos todas las intenciones de salir con todo ímpetu y quitárselo, reclamando que es suyo? Vamos, esto pudo haberle sucedido de niño o niña, o incluso de adulto. ¿Cómo ha reaccionado?

Un pequeño muy pequeño ejercicio que si lo hemos hecho revelará claramente las intenciones de nuestro corazón y que, si éstas no son tratadas apropiadamente, tarde que temprano, pueden degenerar en actos violentos, en conflictos, finalmente en guerras.

Pues bien, la Palabra de Dios nos advierte y dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9-10).

La naturaleza del ser humano no es buena en sí misma, su corazón está plagado por el pecado y mientras no vengamos a un genuino arrepentimiento delante de nuestro Creador, nuestro corazón experimentará serios conflictos, falta de paz genuina y potencialmente provocará conflictos en su alrededor a menor o mayor escala.

El reconocido Agustín de Hipona manifestó: “El propósito de todas las guerras es la paz”. Sin embargo, este pensamiento no siempre refleja la realidad. No dudamos que en las intenciones de muchos al embarcarse en una guerra esté el genuino y profundo deseo de conseguir la paz para su equipo, para su nación; pero también si somos realistas, muchos se embarcan en una guerra para conseguir sus propios intereses sean válidos o no.

La primera guerra que todo ser humano debemos vencer es la lucha contra el pecado personal – todos somos pecadores, no hay justo ni aun uno –; y la única forma de hacerlo y de vencer es a través de la rendición. Sí, tal como lo leyó, de la rendición. Si reconocemos en lo profundo de nuestro corazón que somos pecadores, que no podemos hacer nada para limpiarnos de nuestro pecado y nos rendimos genuina y totalmente a nuestro Creador, a Cristo Jesús, con certeza venceremos la peor guerra que enfrentamos en toda nuestra vida.

Así es necesario, honestidad para reconocer la verdadera condición de nuestro corazón; humildad para postrarnos en arrepentimiento delante del único y sabio Dios, quien puede perdonarnos y liberarnos; así como valentía para decidir por Cristo Jesús y proclamar que solo Él es el camino, la verdad y la vida que nos conduce a nuestro Creador y Padre, para recibir salvación y transformación.

Las guerras son definitivamente un asunto del corazón.  De hecho, Jesús lo manifestó muy bien: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). Y entonces, la más frenética guerra que todo ser humano debe batallar con fuerza es aquella contra el pecado y la perdición eterna.

Si desea conocer más sobre el Evangelio de Jesucristo y la vida eterna, no dude en contactarnos.