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El líder siervo como reflejo de la excelencia de Cristo – Introducción

“Dios, a través de la muerte, sepultura y resurrección de su Hijo, Jesucristo, ha redimido sus intentos distorsionados y débiles de retratar Su imagen. Los efectos de la caída están siendo revertidos…»

Richard D. Allen

Mientras tuve el privilegio de estudiar mi maestría en Corea del Sur, tuve también el privilegio de conocer a tantas personas que impactaron mi vida tremendamente.  Una de ellas, el Dr. Sang Bok David Kim, quien fue uno de mis profesores. Recuerdo que luego de dos años de estudio, enfermé críticamente; no obstante, asistía normalmente a clases, aunque en varias ocasiones, me sentía muy pero muy débil, que difícilmente podía concentrarme. De repente, mientras me recostaba a ratos sobre mi pupitre, sentí una mano que me daba una palmada, seguida de palabras llenas de dulzura, como un padre habla a su hija enferma. Ése era el Dr. Kim, que dejó de dar su clase, para acercarse hasta mi lugar y levantar mi ánimo, en medio del dolor que enfrentaba.

El Dr. Kim, un reconocido líder en Corea del Sur y fuera de ella. Presidente Emérito de Torch Trinity Graduate University, Pastor Emérito de Hallelujah Community Church, Embajador Global de Transform World Network, entre otras posiciones importantes de liderazgo; pero, sobre todo, un líder siervo que reflejó el carácter de Cristo, al dejar su plataforma de académico e inclinarse a alentar el corazón de una estudiante debilitada por la enfermedad. ¡Un líder con un corazón de padre!

Luego de este amplio pero muy necesario recorrido, se ha descubierto y comprobado que el Dios Trino Creador es ciertamente el Dios de la excelencia. Su carácter, Su hacer, Su creación así lo evidencian.

Por lo tanto, este extenso estudio previo nos ha permitido sentar las bases para el análisis y discusión siguientes, y que se enfocarán en lo concerniente al liderazgo cristiano, cuyos actores con certeza son los portadores de la imagen y semejanza de Dios, y consecuentemente son desafiados a ser ejemplo de excelencia en su ámbito de influencia.

Partiendo de esta premisa, consideramos ahora oportuno citar Génesis:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. (Génesis 1:26-28)

Erickson, tomando como referencia el pasaje antes expuesto, resalta que el ser humano tiene un lugar único en la creación; y no sólo eso, sino que ha sido colocado por sobre ella; de hecho, tiene domino sobre ella. Añade también que nuestro valor como humanos es grandioso, porque somos la más alta de las criaturas con excepción de los ángeles.[1]

Por su parte, Richard D. Allen, en su libro “The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity” [El principio de Génesis del liderazgo: Reclamando y cultivando su capacidad creada] expone que cada persona posee en igual proporción los atributos impartidos por Dios en el increíble acto de la creación; y que las características de liderazgo emergen de los atributos dados por Dios. Por ello, al ser cada ser humano, hombres y mujeres, creados a la imagen de Dios, esto significa que poseen igual capacidad y potencial completo para un efectivo liderazgo. Así, cuando nosotros, los seres humanos, reflejamos los atributos creados de Dios, entonces estamos liderando.[2]  Y Allen además enfatiza:

“Su llamado a portar la imagen de Dios tiene un profundo impacto en la manera en la que usted va a abordar la tarea del liderazgo. Como portador de Su imagen, Dios le manda a ser un líder. ´¡Dominad!´ Desde la creación misma del mundo, usted ha recibido la orden para ejercer dominio, liderar sobre toda la creación…Usted debe liderar la creación de Dios pero únicamente en la manera que ésta sea consistente con Su carácter – Sus atributos”. (Allen 2008)

Y siguiendo con este interesante estudio de Allen, es propicio resaltar que el mandato de Dios, Su encargo desde Génesis, no ha cambiado en absoluto.  Su mandato está vigente en cuanto a llenar la tierra de Su gloria y gobernarla. Ahora bien, hay un gran obstáculo que apareció en el camino, y ese gran obstáculo es el pecado. Éste ha causado estragos, impidiendo nuestra habilidad para cumplir fielmente el mandato de Dios. Ha pervertido los atributos puros y justos que Dios confió a la humanidad desde la creación. Y tal parecería que todo llegó a un punto de desesperanza. Felizmente, como dice Allen, el relato bíblico no termina ahí, con la caída del hombre, condenado a una lucha fútil y sin esperanza en procura de ser el portador de la imagen de Dios, sin éxito alguno. Vemos más bien que se abre una gran puerta, ¡y los atributos creados de Dios son redimidos![3]  Y así Allen precisa:

“Dios, a través de la muerte, sepultura y resurrección de su Hijo, Jesucristo, ha redimido sus intentos distorsionados y débiles de retratar Su imagen. Los efectos de la caída están siendo revertidos…A través de Cristo, usted ha sido reincorporado, nuevamente encargado para ser el líder portador de la imagen de Dios…Usted debe llenar la creación con la gloria de Dios reflejando Su gobierno justo a través del liderazgo que usted ejerza sobre su rincón de la creación”. (Allen 2008)

Con esto en mente, y entendiendo que como creación de Dios, todos los seres humanos hemos recibido el llamado a gobernar sobre la creación, en consecuencia a liderar; es importante ahora que nos centremos en el estudio del liderazgo cristiano, centro de esta investigación. ¡Próximamente más artículos respecto de este maravilloso tema!

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 512-513.

[2] Richard D. Allen, The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity (Mustang, OK: Tate Publishing & Enterprises, LLC, 2008), 23-24.

[3] Richard D. Allen, The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity (Mustang, OK: Tate Publishing & Enterprises, LLC, 2008), 44-45.

Un corazón marcado por la excelencia de Dios

“Se dice que el hombre persigue la imagen de Dios, no en lo que respecta a su cuerpo,                      sino en cuanto supera a otros animales…por su razón e inteligencia».

St. Tomás

Muy contenta de compartir un nuevo artículo de la serie sobre la «Excelencia de Dios». ¡Disfrútenlo!

Habiendo comprendido que la marca de la excelencia de Dios es Su imagen impregnada en el alma del ser humano; y más aún, habiendo comprendido que Jesús es la imagen viva, la reproducción exacta del Dios Padre Creador; está claro que se ha trazado el camino preciso para dilucidar como el corazón de Dios se refleja en el corazón del ser humano.

Consideremos aquí el razonamiento de Santo Tomás, que reza así:

“Se dice que el hombre persigue la imagen de Dios, no en lo que respecta a su cuerpo, sino en cuanto supera a otros animales. Por lo tanto, cuando se dice: ´Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza´, se agrega, ´y que tenga dominio sobre los peces del mar…´ (Génesis 1:26). Ahora bien, el hombre supera a todos los animales por su razón e inteligencia; por lo tanto, según su inteligencia y razón, que son incorpóreas, se dice que el hombre está de acuerdo con la imagen de Dios”. (Piper, Desiring God 1971)

John Piper, en su estudio “The Image of God” [La imagen de Dios], comparte en esta línea el siguiente sustento:

“Los primeros padres de la Iglesia estaban bastante de acuerdo en que la imagen de Dios en el hombre consistía principalmente en las características racionales y morales del hombre, y en su capacidad de santidad”. (Piper, Desiring God 1971)

Así, Dios ha depositado en el corazón del ser humano una parte de Su ser, estableciendo una gran diferencia entre la creación del hombre y la mujer; y los demás seres creados, tal es el caso de los animales, quienes no llevan en sí la imagen del Dios Trino Creador.  

De acuerdo con el análisis de David Casas y Russell Fuller, en su artículo “God´s Image – The Difference Maker” [La imagen de Dios: El Creador de la Diferencia], al examinar en qué se parece el hombre a Dios, se excluye por supuesto el cuerpo físico ya que Dios es Espíritu (Juan 4:24). Y, por otro lado, se excluyen las limitaciones de la criatura ya que Dios es infinito, eterno e inmutable en todos sus atributos (Salmo 90:2; Malaquías 3:6; Jeremías 23:24). El hombre en cambio se parece a Dios al tener un espíritu libre, racional y personal, que incluye, dicen los autores, una conciencia con la ley de Dios escrita en su corazón; por lo tanto, el hombre puede gobernar sobre la naturaleza de una manera similar a como Dios reina.[1] Citemos aquí Romanos 2 para sustentar esta verdad:

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi Evangelio”. (Romanos 2:14-16)

Por lo tanto, el corazón del ser humano no sólo que está marcado por la imagen de Dios, sino que la ley misma de Dios ha sido escrita en él.  Y esto, sin excepción alguna, todos los seres humanos, hombres y mujeres, niños y niñas, sanos y enfermos, sin distinción socioeconómica. Absolutamente todos somos portadores de la imagen de Dios; y, todos llevamos en nuestro corazón escrita la ley de Dios. De igual forma tanto para creyentes como para incrédulos. ¡Toda la creación humana, sin excepción!

El hecho de que el ser humano se asemeje a Dios, que su corazón tenga la marca de excelencia de Dios, tiene al menos tres profundas implicaciones.

  1. La imagen de Dios establece la dignidad humana

De acuerdo con el estudio de Casas y Fuller, las siguientes son dichas implicaciones[2], que las detallaremos una por una.

Aquí cabe exponer el pensamiento ateísta y el panteísta. Según los autores citados, al negar la imagen de Dios, el ateísmo disminuye la dignidad humana y reduce al hombre a un evento fortuito o casual, como si fuese un producto evolutivo de la materia, o un simple animal. El panteísmo, en cambio, niega la imagen de Dios y disminuye por el contrario la dignidad humana al exaltar toda la naturaleza como una manifestación de Dios.

Las Escrituras, sin embargo, testifican acerca de la dignidad del hombre. Al ser éste creado a la imagen y semejanza de Dios, lo posiciona por sobre toda la naturaleza. Para el efecto, citemos dos pasajes muy apropiados:

“Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies…” (Salmo 8:5-6)

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26)

2. La imagen de Dios establece la santidad de la vida

Los autores señalan que las culturas ateas rechazan la santidad de la vida en tanto se devalúa la vida de los nacidos y no nacidos como política de estado. No obstante, la Palabra de Dios protege la santidad de la vida en sus leyes. Y con respecto a este tema, anteriormente (en artículos previos) se ha discutido suficientemente lo expuesto en Génesis 9:6. Dios decreta que, si alguien comete asesinato, el asesino debe igualmente perder su vida, porque el hombre es hecho a la imagen de Dios. Los autores aquí enfatizan que el crimen es realmente un asalto directo en contra de Dios. De hecho, en una situación, así como la expuesta en Génesis 9:6, Dios buscará personalmente al asesino y lo tendrá como responsable.

En esta línea, es interesante como John Calvin observó que debido a que el hombre es el portador de la imagen de Dios, Dios se considera a sí mismo «violado en su persona”, se considera en otras palabras como “la víctima”. Por lo tanto, dice, no se puede dañar a otro ser humano sin herir a Dios mismo.

Los autores concluyen que Dios creó la vida del hombre sagrada. De destruirse esta vida, no hay otro camino más que el juicio divino.

3. La imagen de Dios establece la necesidad para la redención de Dios

De no tener el hombre la imagen de Dios en su ser, en su corazón, el plan de redención simplemente no existiría. Cabe clarificar, que lo expuesto no implica que poseer la imagen de Dios da derecho a los pecadores a la redención, pero la redención requiere que los pecadores hayan sido creados a Su imagen.

Es tremendamente interesante como Casas y Fuller exploran este tema. Y dicen que el propósito de Dios para enviar a Su Hijo a semejanza del hombre era renovar la imagen de Dios en la humanidad a través del Evangelio. Examinemos Efesios 4:

“y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. (Efesios 4:24)

De hecho, los cristianos han sido conocidos y predestinados para conformarse a la imagen de su Hijo, de acuerdo con Romanos 8:

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos”.  (Romanos 8:29).

Así, el evangelio, una vez recibido, renueva la imagen que fue estropeada tanto por el pecado de Adán como por nuestro propio pecado para que el creyente pueda «llevar la imagen de lo celestial»:

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante…Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. (1 Corintios 15:45,49)

Debido a que Dios nos creó a Su imagen, siendo así coronados con gloria y honor, y debido a Su gracia infinita hacia nosotros los pecadores que no lo merecemos, Dios envió a Su Hijo para redimirnos.

Como seres humanos, somos tremendamente privilegiados porque nuestro corazón ha sido marcado con la imagen misma del Dios invisible. Nos ha otorgado dignidad y santidad. Ha infundido valor en nosotros, sin importar nuestra condición.

Y no sólo ello, sino que en medio de nuestra condición de pecado, condición que nos separa y quebranta la comunión con nuestro Creador; y que incluso por causa de ésta, somos juzgados, señalados o desechados por nuestro entorno; es asombroso conocer que Él mismo ha preparado el camino para nuestra redención y restauración. Jesucristo, la imagen del Dios invisible, es tal camino. Y aquí cabe citar 2 Corintios:

 “Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. (2 Corintios 4:3-4)

Así, por todo lo expuesto, está claro que Jesús es la imagen y la plenitud de Dios; por lo tanto, los seres humanos reestablecen la imagen de Dios en su corazón, en su ser; en tanto Cristo viene a ser el centro mismo de sus vidas.

La excelencia del corazón de Dios fue definitivamente impregnada en nuestro corazón, ahora somos nosotros quienes debemos expandir el corazón de Dios donde quiera que vayamos”.[3]


[1] David Casas and Russell Fuller, “God´s Image – The Difference Maker,” Answers in Genesis, https://answersingenesis.org/are-humans-animals/gods-image-difference-maker/

[2] David Casas and Russell Fuller, “God´s Image – The Difference Maker,” Answers in Genesis, https://answersingenesis.org/are-humans-animals/gods-image-difference-maker/

[3] Cecilia Yépez, “La Excelencia comienza en el corazón – Parte 2”, Blog “Hacia la Excelencia”, https://hacialaexcelencia.org/2017/04/10/la-excelencia-comienza-en-el-corazon-part-2/

Jesús, la imagen del Dios invisible

El Dios Trino Creador pretende que un sentido similar de compañerismo, obediencia y amor sean las características de la relación humana con Él, y que los humanos estén unidos en amor.

Siguiendo con el tema «La excelencia comienza en el corazón del ser humano», a través de este artículo nos enfocaremos en Jesús, quien nos permitirá comprender aún más acerca de la imagen de Dios, abordaremos su carácter y sus acciones, puesto que Él es el ejemplo perfecto de lo que la naturaleza humana debió ser. Y nuevamente y tal como lo presenta Erickson, referiremos parte de su análisis para el propósito de este estudio, así:[1]

  • Jesús tuvo una comunión perfecta con el Padre. Un magnífico ejemplo de esto se observa en Juan 17, a través del cual se afirma que Jesús y el Padre son uno (v. 21, 22). Además, que Jesús glorifica al Padre y que el Padre glorifica a Jesús (v. 1, 4, 5, 22, 24).
  • Jesús obedeció la voluntad del Padre perfectamente. Y para el caso, es importante que citemos un par de pasajes, así:

“Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. (Juan 4:34)

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. (Juan 5:30)

Crown of thorns, hammer, bloody nails on ground. Good Friday, Passion of Jesus Christ. Christian Easter holiday. Top view, copy space. Crucifixion, resurrection of Jesus Christ. Gospel, salvation

“…Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. (Lucas 22:42)

En estos tres pasajes compartidos, se observa total sumisión de Jesús ante el Padre durante su vida terrenal, tal sumisión aún en el Huerto de Getsemaní, sumisión que lo llevó en obediencia hasta la muerte y muerte de cruz.

  • Jesús siempre desplegó un fuerte amor por los seres humanos. Nuevamente compartamos un par de pasajes para el respectivo análisis:

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. (Mateo 9:36)

“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio”. (Marcos 1:41)

“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores”. (Lucas 7:13)

“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…” (Lucas 23:34)

Observamos aquí la preocupación de Jesús por las ovejas perdidas de Israel, Su compasión y dolor por los enfermos y los que sufren en general, así como Su paciencia y perdón por aquellos que han fallado.

El Dios Trino Creador pretende que un sentido similar de compañerismo, obediencia y amor sean las características de la relación humana con Él, y que los humanos estén unidos en amor. Erickson enfatiza que somos completamente humanos sólo cuando manifestamos estas características.

Y por ello, nosotros los seres humanos que somos portadores de la imagen divina, aprendemos de Jesús, la imagen del Dios invisible. El apóstol Pablo lo manifiesta en el capítulo 1 de su Epístola a los Colosenses:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. (Colosenses 1:15)

Y de hecho, también lo corrobora Colosenses, en el capítulo 2:

“Porque en Él [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. (Colosenses 2:9)

Es extraordinario entender a través de la Escritura (Colosenses 1:15-17) del gran poder creador de Jesús; y a la vez, cómo Jesús se despoja de este gran poder divino y se encarna, de modo que viene a morar en la Tierra y no sólo eso, sino que se humilla a sí mismo y entrega Su vida por el pecado de la humanidad. Jesús existió desde antes de la fundación de los tiempos. Jesús nos revela a Dios y nos enseña a los seres humanos, portadores de la imagen de Dios, cómo actuar como tales portadores. Filipenses 2, es un muy buen ejemplo:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre…” (Filipenses 2:5-9)

Volviendo a Colosenses 1:15, es importante resaltar que al hablar de Jesús como la “imagen del Dios invisible”, en el griego la palabra εἰκών [eikon] significa que es la proyección exacta, la fotografía, la reproducción misma del Dios invisible. Jesucristo mismo lo dijo en Juan 14:8-10, que el que lo ha visto a Él ha visto al Padre. Por lo tanto, afirma Roberto Miranda que el que ha visto a Jesús en Su persona, en Su carácter, en Su poder perfecto, en Su gloria, en Su Palabra perfecta, en Sus enseñanzas, ha visto definitivamente al Padre. La esencia de Jesús es la esencia misma del Padre.[2]

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 533-534.

[2] Roberto Miranda, “La imagen del Dios invisible”, leondejuda.org, https://www.youtube.com/watch?v=k_31l_MPYFE

La marca de la excelencia de Dios – Su imagen

El alma es precisamente la que fue sellada con la marca de excelencia de nuestro Dios Trino Creador, porque fue hecha a Su imagen:

“Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27)

Wernher von Braun, de hecho, reconoció al alma humana como la obra maestra de Dios. Y es en el alma humana que Dios ha impregnado Su imagen:

«Los científicos ahora creen que en la naturaleza, la materia nunca se destruye. Ni siquiera la partícula más pequeña puede desaparecer sin dejar rastro. La naturaleza no conoce la extinción, solo la transformación. ¿Tendría Dios menos respeto por su obra maestra de la creación, el alma humana? Cada persona recibe el regalo de la vida en esta tierra…El conocimiento de que el hombre puede elegir entre el bien y el mal debería acercarlo a su Creador … «. (Federer 2016)

Tan cierto como el análisis de Von Braun, los grandes teólogos y eruditos a lo largo de la historia han estudiado seria y profundamente lo concerniente a la “imagen de Dios”. Y la Palabra en sí nos brinda algunas porciones tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento.

Ya hemos citado anteriormente Génesis 1:26-27 que fundamentalmente tienen que ver con la intención de Dios de crear al ser humano y de hecho con Su acción concreta.

También en Génesis 9 encontramos otro versículo donde se hace alusión a la “imagen de Dios”, así:

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. (Génesis 9:6)

Erickson comenta que en Génesis 9 el asesinato se prohíbe sobre la base de que el ser humano fue creado en la imagen de Dios. Aunque este pasaje no menciona que los humanos portan aún la imagen de Dios, está claro que lo que Dios ha hecho anteriormente, tiene aún efecto, incluso posterior a la caída.[1]

Citemos ahora un pasaje del Nuevo Testamento donde también se hace referencia al tema en cuestión; y a través del cual las Escrituras evidencian que el ser humano es creado a la imagen de Dios, aún después de la caída.

“[La lengua] con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”. (Santiago 3:9)

Erickson en su libro “Christian Theology” [Teología Cristiana] presenta algunos puntos de vista acerca de la naturaleza de la imagen de Dios. No obstante, concluye indicando que, al haber varias interpretaciones, esto es una indicación de que no hay una afirmación directa en las Escrituras sobre el tema. Por lo tanto, se deben extraer razonables inferencias de lo poco que la Biblia dice sobre este tema.  Y aquí compartimos las más relevantes, según el análisis de Erickson:[2]

  • La imagen de Dios es universal dentro de la raza humana. Si se analizan los pasajes Génesis 9:6 y Santiago 3:9-10; observamos prohibiciones de asesinato y maldición, respectivamente. Y estas prohibiciones se aplican sin limitaciones para toda la humanidad, sobre la base de que la humanidad fue creada a la imagen de Dios.
  • La imagen de Dios no se ha perdido como resultado del pecado o específicamente de la caída. Así, volviendo al análisis de las prohibiciones del asesinato y de la maldición, éstas aplican tanto a pecadores como a creyentes piadosos. Se asume así la presencia de la imagen y semejanza en los no creyentes. Si éste es el caso, significa que la imagen de Dios es algo que está conectado inseparablemente con la humanidad.
  • No hay indicaciones de que la imagen esté presente en una persona en un grado mayor que en otra. Dotaciones naturales superiores como un alto nivel de inteligencia; no es evidencia de la presencia o de un grado determinado de la imagen.
  • La imagen se refiere a los elementos en la composición humana que permiten el cumplimiento del destino humano. Se trata de los poderes de la personalidad que de alguna manera hacen a los humanos como Dios, es decir, seres capaces de interactuar con otras personas, de pensar, reflexionar y que tienen voluntad. La creación de Dios tuvo un propósito definido:  El humano estuvo destinado a conocer, amar y obedecer a Dios, y a vivir en armonía con otros seres humanos. Y enfatiza Erickson que los humanos son más plenamente humanos cuando están activos en estas relaciones, cumpliendo el propósito de Dios. Menciona aquí también que los atributos de Dios que algunas veces se refieren a los atributos comunicables constituyen la imagen de Dios.  Y puntualiza:

“La humanidad en cuanto humanidad tiene una naturaleza que abarca todo lo que constituye la personalidad o el yo: inteligencia, voluntad, emociones. Ésta es la imagen en la que se crearon los humanos, permitiéndoles tener la relación divinamente intencionada con Dios y con los demás humanos, y ejercer el dominio”. (Erickson 2003)

  • Es interesante que Erickson hace también mención al pensamiento de Karl Barth, quien dice que la imagen está presente en lo humano en tanto es humano. Y mira la imagen de Dios no sólo consistente en la relación vertical entre el humano y Dios; sino también en la horizontal entre los seres humanos. La imagen está relacionada con el hecho de que Dios creó un ser que, como Él mismo, puede ser un socio.

Así como este chico está sucio cubierto de pintura; así también el pecado mancha al ser humano, mancha la imagen de Dios. 

Viene bien destacar aquí una síntesis del estudio de Miguel Núñez, quien manifiesta que la imagen de Dios no ha sido perdida. Sí trastocada, desfigurada, pisoteada, distorsionada; pero, definitivamente no ha sido perdida. Por definición, dice, la imagen de Dios no puede ser perdida porque Dios existe permanentemente. Lo que la distorsionó es el pecado. Como seres humanos tenemos una mente con la cual pensamos, igual que Dios; emociones que sentimos; una inteligencia, un espíritu, existencia, todo esto al igual que Dios. Y en términos de destrucción del alma, no vamos a morir, al igual que Dios. El ser humano pasará al infierno o a la presencia de Dios, dependiendo de que sea un creyente o no; pero, va a seguir existiendo, al igual que Dios. Entonces lo que distorsiona la imagen de Dios es el pecado que entró al hombre. La naturaleza pecaminosa afectó en tanto la mente quedó entenebrecida, ésta distorsiona la percepción de la realidad de lo que el ser humano ve. Igualmente, los sentimientos quedaron afectados, el ser humano se ha vuelto egocéntrico, trata de satisfacer sus propias necesidades egoístamente. Antes de la caída, hubiésemos vivido en la presencia de Dios y no hubiésemos tenido las desviaciones que ahora tenemos.

El Dr. Núñez hace referencia a dos pasajes bíblicos que también fueron antes mencionados en este capítulo, Génesis 9:6 y Santiago 3:9. Los dos pasajes, dice, ocurren después de la caída. Y Dios sigue afirmando a través de ellos sobre la existencia de la imagen de Dios en el hombre. La imagen de Dios permanece en nosotros, y la gravedad de un crimen, violencia intrafamiliar o aborto radica básicamente en que los seres humanos seamos portadores de la imagen de Dios; si ésta no estuviera en nosotros pudiésemos morir igual que los animales y nada tendría ninguna consecuencia, concluye.[3]

 

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 519.

[2] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 519-533.

[3] Miguel Núñez, “¿Es el hombre pecador aun la imagen de Dios?” Edificando,  https://www.youtube.com/watch?v=uaKE_9n-G_M

La excelencia comienza en el corazón del ser humano – Introducción

«Todo lo que Dios es y hace está marcado por la excelencia”.

Andreas Köstenberger

Hace unos años atrás tuve la oportunidad de hacer un viaje en submarino en Hawái. Un corto pero sorprendente viaje hacia el fondo del mar, donde las maravillas del mundo marino sólo vistas en la pantalla chica y en la grande, se convirtieron mágicamente en una hermosa realidad. Esta increíble experiencia fue simplemente la confirmación de que estemos donde estemos, siempre estaremos rodeados de belleza y magnificencia.[1]

Pero no sólo eso, fue una extraordinaria experiencia, en tanto me llevó a una insondable reflexión. Así como aún en las profundidades del mar el Dios Trino Creador dejó su marca de excelencia; así mismo, el Dios Trino Creador dejó esa misma marca de excelencia y aún superior, en las profundidades del corazón del ser humano, el pináculo de Su creación.

Andreas Köstenberger, en su libro “Excellence: The Character of God and the Pursuit of Scholarly Virtue” [Excelencia:  El carácter de Dios y la búsqueda de la virtud académica] manifiesta:

“Los teólogos sistemáticos normalmente no citan a la excelencia como uno de los atributos de Dios…Sin embargo, la excelencia se puede ver como un atributo divino general que abarca a todos los demás. Todo lo que Dios es y hace está marcado por la excelencia”. (Köstenberger 2011)

Y como ya lo hemos anotado también en los artículos anteriores, la marca de la excelencia de Dios está presente en toda la creación; consecuentemente en el ser humano.

Wernher von Braun, el reconocido científico alemán que nos trajo a la era espacial fue quien sentó las bases para los teléfonos celulares, la radio satelital, Internet, GPS y el radar Doppler. Pero no sólo eso, sino que especialmente sostenía una firme creencia en el Dios Creador de la Biblia. Y citamos precisamente a Von Braun porque luego de su conversión al cristianismo fue un fuerte proponente de la fe la cristiana y del creacionismo, defendiendo así que el creacionismo era una teoría científica factible para el origen del universo, la vida y el hombre.[2] Y precisó:

“Ser forzado a creer…que todo en el universo sucedió por casualidad violaría la misma objetividad de la ciencia. Ciertamente, hay quienes sostienen que el universo evolucionó a partir de un proceso aleatorio, pero ¿qué proceso aleatorio podría producir el cerebro de un hombre o el sistema del ojo humano?” (Bergman 2014)

La ciencia con todos y sus avances aún se admira de lo extraordinario de la estructura, composición y funcionamiento del cuerpo humano, como es el caso de quienes estudian el cerebro humano y toda la complejidad que éste conlleva; que, sin duda alguna, sigue dejando tremendamente asombrados a quienes sin descanso, avanzando en investigación tras investigación, no paran hasta precisar la magnitud y profundidad de este órgano. 

Según un artículo del “Institute of Creation Research” [Instituto para la investigación de la creación], los investigadores encontraron la neurona etérea de rosa mosqueta, y Sherwin, su autor dice:

“…en muestras post mortem y en secciones de tejido cerebral de procedimientos quirúrgicos. Curiosamente, esta neurona recién descubierta no se encuentra en ratones. Son exclusivos de los humanos, y las neuronas de rosa mosqueta pueden activar un conjunto único de genes en ese único tipo de célula cerebral”. (Sherwin 2018)

Extraordinario como es el cerebro, aunque pequeño en su estructura física, apenas 3 libras si hablamos del cerebro de un adulto, maneja la información de 1000 supercomputadoras. El cerebro es como si fuera un centro de comunicaciones, y tuviera una computadora, una biblioteca y una video cámara, todo en uno solo. ¡Y cuanto más se usa el cerebro, mejor se vuelve![3]

¿No es fascinante? Pero hay aún algo mucho más fascinante en el ser humano, y si se quiere algo altamente impenetrable. ¡Su alma! ¿Por qué? Porque el alma representa el ser mismo de una persona.

Próximamente más sobre “la marca de la excelencia de Dios”, un tema profundamente extraordinario.

 

[1] Cecilia Yépez, “La Excelencia comienza en el corazón – Parte 1”, Blog “Hacia la Excelencia”, https://hacialaexcelencia.org/2017/02/28/la-excelencia-comienza-en-el-corazon-parte-1/

[2] Jerry Bergman, “Wernher von Braun: The Father of Space Flight,” Institute of Creation Research, https://www.icr.org/article/wernher-von-braun-father-space-flight

[3] Donald B. DeYoung, “Thinking about the Brain,” Institute of Creation Research, https://www.icr.org/article/thinking-about-brain/