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LOS ATRIBUTOS DE DIOS – Atributos comunicables

“Si la genuinidad de Dios es una cuestión de ser verdadero y la veracidad es su decir la verdad, entonces su fidelidad significa que Él es verdadero…La fidelidad de Dios se ha demostrado repetidamente a lo largo de las páginas de las Escrituras. Él cumple lo que ha dicho que hará».

Millard J. Erickson

Al igual que para el estudio de los atributos incomunicables, seguiremos la clasificación propuesta por Nyenhuis para los atributos comunicables; claro está, incluyendo aportes de otros eruditos, de modo que nos permita tener una idea amplia y debidamente sustentada para cada atributo.

Los atributos comunicables, señala Nyenhuis, nos dan en cambio conocimiento del ser de Dios, en tanto nosotros experimentamos una analogía de Sus virtudes. Cabe también señalar que los atributos incomunicables califican a los comunicables; de modo que éstos en esencia sean diferentes en Dios y diferentes en el ser humano. Dios, por ejemplo, es infinito e inmutable en amor, en justicia, en sabiduría.[1]

Y así, Nyenhuis precisa:

“Lo que encontramos en el ser humano es un eco o reflejo del atributo y no es, en este sentido, el atributo original. Los ecos y reflejos suelen ser débiles y desfigurados; sin embargo, nos dan base para un conocimiento de la realidad de Dios”. (Nyenhuis 1990)

Centrémonos entonces, en el estudio de los siguientes nueve atributos comunicables.

  1. El amor de Dios

El amor de Dios dice Nyenhuis, es el atributo más central de Dios.  De hecho, este atributo califica a todos los demás, pero hay que entender que los otros también califican al amor.[2]

El capítulo 4 de 1 de Juan, nos trae aún más claridad para entender este atributo de Dios, así:

“…Dios es amor”. (1 Juan 4:8)

El Dr. Miguel Núñez, puntualiza que la Biblia no solo afirma que Dios nos ama; sino que también y especialmente resalta que “Dios es amor”. Y cuando la Palabra dice que “Dios es amor”, significa que Dios va a amarnos para siempre.[3]

Al decir que “Dios es amor” estamos declarando que ésa es su esencia; por lo tanto, no cambiará en ninguna circunstancia.

Y quizá lo más extraordinario y a la vez humanamente incomprensible de este atributo es que el amor de Dios es dador y sacrificial. Juan 3:16 y Romanos 5:8 lo explican muy bien. Es en verdad incomprensible y difícil de aceptar que, siendo nosotros pecadores, Dios Padre, envía a Su Hijo Jesucristo a morir en lugar de nosotros, para darnos salvación y vida eterna en Su presencia. ¡Inconcebible en parámetros humanos, pero una profunda verdad espiritual!

Y Jesús también dijo:

“Nadie tiene mayor amor que éste, que no ponga su vida por sus amigos”.             (Juan 15:13)

Erickson aquí resalta que en efecto Jesús murió por sus amigos, quienes por seguro lo amaban y apreciaban lo que Él hacía por ellos. Pero también acentúa que Jesús murió por sus enemigos, quienes lo despreciaron y rechazaron.[4]

Y esto es lo que hace la gran diferencia entre la aplicación de este atributo por parte de Dios y por parte nuestra, los seres humanos. El amor de Dios es totalmente desinteresado y busca el bien de su creación; no el suyo propio.  En cambio, nosotros los seres humanos, imperfectos, muchas veces buscamos nuestro propio bien y no el de nuestro prójimo.

Erickson, lo ilustra muy bien, tomando el caso de un empleador y su empleado. El empleador seguro está interesado en la buena salud de su empleado porque así producirá más y mejor para él.[5]

  1. La gracia de Dios

La gracia, pues no es otra cosa que el amor inmerecido de Dios hacia el ser humano perdido en el pecado. La gracia de Dios dice Nyenhuis, es Su actitud benevolente e inmerecida hacia el pecador.[6] Lo cual y de aceptarlo el pecador, llega a feliz término, es decir, la salvación de su alma.

Y aquí es donde se conectan los atributos, o se califican entre sí. Nyenhuis dice:

“Una de las características más notables de la gracia es el hecho de ser inmerecida…Dios ama al pecador a pesar de que éste no puede provocar el amor. Dios ama porque Dios es amor”. (Nyenhuis 1990)

Bien cabe aquí, recordar la verdad de Efesios 2:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8-9)

Definitivamente, la gracia de Dios es un regalo inmerecido de Él para con Su creación. Y cuando este regalo, el regalo del perdón de pecados, es recibido por el pecador; no hay nada absolutamente nada de lo que pueda gloriarse. Lo más grande, la salvación de su alma y todo lo demás que ésta conlleva, es un regalo inmerecido de su Creador.

  1. La misericordia de Dios

Hay dos términos importantes para considerarse: Racham, en hebreo; y Eleemon, en griego; los dos significan tener compasión.[7] Por lo tanto, la misericordia de Dios puede llamarse también compasión. En otras palabras, es el amor de Dios hacia el que está sufriendo las consecuencias del pecado; en un sentido, mitigando el dolor causado por el pecado.[8]

Aquí dos textos bíblicos, que nos ayudan a entender mejor este atributo:

“Y pasando Jehová por delante de él [Moisés], proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”. (Exodo 34:6)

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”. (Hebreos 2:17)

Éxodo 34:6 y Hebreos 2:17 ilustran muy bien el concepto de este atributo; y por cierto, el sentido de los términos originales (hebreo y griego) arriba enunciados, en relación al corazón compasivo de nuestro Dios.

  1. La paciencia de Dios

La paciencia de Dios llamada también longanimidad. Ésta se ve en el hecho de que Dios “soporta” a los malos y a los que le retan. Dios pospone el castigo, de modo que da a los pecadores la oportunidad de arrepentirse. Ejemplos de la paciencia de Dios se encuentran en los siguientes textos: 2 Pedro 3:3-9; Mateo 23:37 y Lucas 13:34.[9]

  1. La soberanía de Dios

La soberanía de Dios está limitada única y exclusivamente a Su propia voluntad. Ésta además conlleva la absoluta superioridad y la omnipotencia de Dios. En otras palabras, Dios no rinde cuentas a nadie; simplemente lo planea y lo ejecuta. Es así como lo describe Nyenhuis, y resalta que ésta está por encima de la ley. De hecho, la ley en sentido amplio es una expresión de la voluntad de Dios.[10]

Y como bien lo dice e ilustra Chris Poblete:

“La soberanía habla del control divino que Dios tiene sobre todo lo que sucede. No hay nada fuera del control de su mano amorosa: ni los diseños de los malvados (ni siquiera los planes de los dictadores más malvados de la historia), ni la forma en que la tierra funciona en sí misma aparentemente contra la vida de los hombres, tampoco el funcionamiento de los demonios (o incluso Satanás), y tampoco mi propio libre albedrío”. (Poblete 2011)

Ciertamente Romanos 8:28,38-39 son una clara afirmación de la soberanía de Dios. Todo, absolutamente todo ayuda para bien a los hijos de Dios, según Sus propósitos; y no sólo eso, sino que no hay nada más allá del control de la mano soberana de Dios. Es así como lo entiende Poblete.[11]

  1. La veracidad de Dios

Dios es veraz y Dios es veraz en su revelación. Si Dios fuera mentiroso, explica Nyenhuis, la situación existencial de la humanidad sería caótica y desesperada. Este atributo es el que nos permite distinguir al Dios verdadero de los ídolos, que como bien señala el Salmo 115:3-8, tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen; tienen boca pero no hablan. Y un tremendo aspecto de la veracidad es la fidelidad de Dios, misma que es la base de nuestra confianza.[12]

De hecho, otros estudiosos catalogan a la fidelidad en sí como un atributo, veamos lo que Erickson dice al respecto:

“Si la genuinidad de Dios es una cuestión de ser verdadero y la veracidad es su decir la verdad, entonces su fidelidad significa que Él es verdadero…La fidelidad de Dios se ha demostrado repetidamente a lo largo de las páginas de las Escrituras. Él cumple lo que ha dicho que hará”. (Erickson 2003)

En el libro de Números encontramos una porción muy inspiradora que viene bien al tema:

“Dios no es hombre, para que mienta,

Ni hijo de hombre para que se arrepienta.

Él dijo, ¿y no hará?

Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19)

Dios siempre cumple lo que ha dicho que hará; y esto es lo que trae completa paz, a quienes en Él han puesto su confianza.

  1. La justicia de Dios

Nyenhuis en su análisis señala que la justicia es la perfección de Dios en cuanto cumple con todas las normas que Dios se pone a sí mismo. De hecho, no existe norma o pauta por encima de Dios. Dios es quien pronuncia la sentencia a sus propios actos.

Nyenhuis también destaca sobre la justicia remunerativa de Dios. Ésta se refiere al hecho de que Dios premia y recompensa según las condiciones y promesas que Él mismo ha establecido. Un claro ejemplo de esto es la Palabra que encontramos en 1 Juan 1:9.

Por otro lado, Nyenhuis, continúa en su análisis y presenta a la justicia retributiva.  Ésta tiene que ver con los castigos que Dios impone como resultado del pecado. La justicia es una expresión de la ira de Dios en contra del pecado. Dios es indudablemente justo que no pasa por alto los pecados de su pueblo y por ello, en su lugar, castigó a su Hijo Jesús. La aplicación de la justicia es fundamental para nuestra salvación. Con certeza, la justicia de Dios debe ser satisfecha por medio de Cristo, o por medio del pecador.[13]

Por su parte, Erickson destaca que en lo que concierne a la justicia, Dios no sólo que actúa en conformidad con Su ley, pero además administra Su reino de acuerdo con ella. Significa además que Dios administra su ley de modo justo, nunca mostrando favoritismos o parcialidades.[14]

  1. La santidad de Dios

De acuerdo con el estudio del Dr. Miguel Núñez, “santo” significa apartado y libre de corrupción. Dios está libre de corrupción, enfatiza. Y resalta además que Dios es un ser apartado del resto de la creación. Dios ha apartado para Él a quienes son sus hijos, afirma.[15]

Así, la idea esencial de la santidad de Dios dice Nyenhuis, es su excelencia o perfección moral, es decir la infinita distancia entre Él y toda impureza, pecado o contaminación. Si uno piensa en conceptos como honestidad, honradez, integridad, confiabilidad, pureza, dignidad y otros; puesto todo esto y más, incluye cuando uno se refiere a la santidad de Dios.[16]

  1. La sabiduría de Dios

Según algunos pensadores, se considera a la sabiduría como una especie de inteligencia. Así, la sabiduría de Dios es aquella inteligencia de Dios a través de la cual Él determina todas las cosas y las conduce hacia Él.

Nyenhuis resalta que la sabiduría es evidente en la creación, la providencia y la redención. Y de hecho el Salmista alaba la sabiduría de Dios cuando considera sus obras.[17]

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!

Hiciste todas ellas con sabiduría;

La tierra está llena de tus beneficios”. (Salmo 104:24)

Y en esta línea, el Dr. John MacArthur nos invita a reflexionar en la profundidad de la sabiduría de Dios, así:

“Considere la creación como un todo, desde el número ilimitado de galaxias en el universo hasta la estructura distintiva de un solo átomo; desde la grandeza de una ballena azul hasta las complejidades de innumerables criaturas microscópicas que viven en un estanque. Un atributo de Dios se destaca sobre todos los demás en la exhibición de la creación: Su sabiduría”. (MacArthur 2011)

Cada elemento de la creación fue con certeza pincelada con la sabiduría del Dios Creador.

Ahora bien, el número de los atributos de Dios varía de alguna manera según el estudio de los teólogos o los eruditos que lo presenten. Y en los estudios comparativos que el lector pueda hacer, definitivamente encontrará propuestas ligeramente diferentes, aunque establecidas sobre la misma base que se ha utilizado en esta investigación. De hecho, analizar el carácter de Dios es un tema vasto, interminable y fascinante, y desde este lado de la eternidad difícilmente tendremos una comprensión de quién es Dios en su totalidad.

Por otro lado, a lo largo del estudio se ha visto también que los atributos incomunicables califican a los comunicables; y también algunos atributos, especialmente entre los comunicables, se califican entre sí. Así que el número de atributos puede por seguro variar.

Pero lo que importa aquí no es el número de los atributos de Dios como tal. Lo que importa es que, a través del estudio de ellos, tengamos la comprensión acerca de quién es el Dios Trino Creador y la profundidad de su naturaleza, la profundidad de la naturaleza de su Ser.

Con certeza el estudio de los atributos del carácter del Dios Trino Creador nos lleva hacia un nivel superior. Habiendo recorrido los distintos momentos de la creación; e incluso, habiendo echado un vistazo a unas pocas maravillas del mundo natural que hoy nos rodean; no tenemos otra opción, sino que detenernos por un momento, levantar nuestra mirada al infinito y reconocer que en cada pincelada de la creación el Dios Trino está presente.

¡Infinitamente extraordinario, infinitamente perfecto! ¡El Creador es infinitamente perfecto! Y así como grandioso y magnificente se mira el universo, ¡cuánto más será su Hacedor! El Creador no depende en absoluto de nadie para su existencia; no obstante, cada micropartícula del universo depende de una orden del Creador para cualquier movimiento.

Pero no dependemos sólo de un gran telescopio, para darnos cuenta de la inmensidad del Dios Trino Creador. Sí, Él trasciende el espacio y el tiempo porque simplemente Él los hizo y no está confinado a ellos.

Pero, descendiendo a la Tierra como tal, observamos que, así como el Dios Trino Creador sopló aliento de vida en el primer ser humano – Adán; así mismo ha soplado aliento de vida en su creación actual. ¡Cada vez que nos levantamos, luego de una noche placentera de descanso, no podemos hacer otra cosa que dar gracias a Dios por un nuevo amanecer, lleno de vida y salud! ¡Qué evidente es aquí reconocer que el amor perfecto de Dios es ciertamente infinito, más allá de nuestra comprensión!

En este punto, cabe aquí recordar la Palabra de Santiago 1:

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. (Santiago 1:17)

La firma de excelencia del Dios Trino Creador está acuñada en todo el universo; y aunque han querido, pero nadie podrá eliminarla:

“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran”. (Nehemías 9:6)

[1] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 93.

[2] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[3] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[4] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 319.

[5] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 319.

[6] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[7] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[8] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[9] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[10] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 114.

[11] Chris Poblete, “The Attributes of God: Sovereignty,” Blue Letter Bible, https://blogs.blueletterbible.org/blb/2011/10/28/the-attributes-of-god-sovereignty/

[12] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 115.

[13] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 116.

[14] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 314-315.

[15] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[16] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 136.

[17] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 138.

LOS ATRIBUTOS DE DIOS – Atributos Incomunicables

 

«El hacer a Dios igual que al universo, es simplemente hablar de Panteísmo…»

Gerald Nyenhuis

En función de los artículos previamente compartidos en este Blog y establecido entonces que el Dios Trino es el Dios Creador del universo tal como lo expone la Biblia; conozcamos ahora a profundidad Su carácter, carácter que por cierto se revela desde la creación misma del universo.

De hecho, el universo en sí habla, como ya lo hemos analizado anteriormente (favor referirse a los artículos previos) de la existencia de un ser inteligente detrás de él. Como lo expresa Francis A. Schaeffer, el universo expone abiertamente lo que Dios es; y no sólo eso, sino que lo hace en cuatro áreas.[1]

Las cuatro áreas que Schaeffer menciona desde la perspectiva del universo son: (1) El universo habla de la existencia del Ser. El universo está ahí, la existencia está ahí, Dios está ahí. (2) El universo tiene orden. No es un caos. Esto se evidencia en Génesis 1, en tanto relata que Dios hizo todas las cosas para producir según su propia especie. Nada es caótico o fortuito. (3) El universo habla del carácter de Dios. Igualmente, y como se describe en Génesis 1, todo lo que Dios hizo es bueno.  Por lo tanto, Dios es bueno. (4) El universo habla de Dios como persona. En Génesis 1:27, Dios crea al ser humano a su propia imagen. Aquí se evidencia que el Dios Trino que se comunica y que ama, ha creado al ser humano, quien refleja Su personalidad, Su comunicación y Su amor.[2]

Así y para adentrarnos propiamente en el estudio de los atributos del carácter de Dios, hay que anotar que los eruditos los han clasificado en dos grandes grupos:  los comunicables y los incomunicables.

Esta clasificación, permite denotar que Dios es inmanente y trascendente. Como ya se ha explicado anteriormente (por favor, referirse a artículos previos), esto quiere decir que Dios está presente y activo en su creación (inmanente); y, por otro lado, Dios es superior e independiente de su creación (trascendente).

El hacer a Dios igual que al universo, es simplemente hablar de Panteísmo, enfatiza Gerald Nyenhuis. Y, además, asevera que a través de un atributo se nos revela la naturaleza de Dios. Un atributo de Dios es todo lo que Dios ha revelado en Su Palabra como característica verdadera de Él. También puntualiza que los atributos incomunicables hablan de la trascendencia de Dios; y en cambio, los comunicables de Su inmanencia.[3]

Por su parte, el Dr. Miguel Núñez señala que, en el estudio de la teología propia, respecto del estudio del Dios Trino es importante conocer que los atributos incomunicables son aquellos que le pertenecen únicamente a Dios.[4] Y, por otro lado, los atributos comunicables son aquellos que Dios de alguna manera los va a formar en nosotros, los seres humanos.[5]

Y como bien lo expresa, Millard J. Erickson, cuando hablamos de atributos nos referimos propiamente a las cualidades de Dios, que constituyen lo que Él es. Los atributos son cualidades permanentes e intrínsecas, las cuales no pueden ser perdidas o ganadas. Son dimensiones inherentes y esenciales de su propia naturaleza, enfatiza.[6]

Con esto en mente, analizaremos paso a paso cada uno de los atributos, tanto comunicables como incomunicables. En este artículo nos enfocaremos primeramente en los “incomunicables”.

Atributos incomunicables

Como lo dice Nyenhuis, estos atributos son aquellos que resaltan la trascendente grandeza y la absoluta diferenciación de Dios.[7]

Y aunque no todos los teólogos ni los eruditos coinciden si se quiere en el número de atributos; para este estudio vamos a tomar como referencia principal el análisis de Gerald Nyenjuis, así hablaremos de cuatro atributos incomunicables.

  1. La independencia de Dios

Cuando se habla de la “independencia de Dios”, se habla simplemente de que Dios existe por la necesidad de su propio ser y que para su existencia Él no depende de ninguna cosa externa.[8]

La “aseidad”, del vocablo latín aseiti que significa “de uno mismo”, es otro término con el cual también se le conoce a este atributo, y que simple y llanamente quiere decir que Dios es independiente, autoexistente y que no tiene necesidades de ningún tipo, afirma el Dr. Miguel Núñez.[9]

Para el efecto, es importante compartir dos citas bíblicas que respaldan lo dicho, en cuanto, a que Dios tiene vida en sí mismo; y, por otro lado, que Él no es servido por manos humanas, es decir que no tiene necesidades, ni depende de nada, ni de nadie; todo lo contrario, toda Su creación es quien depende de Él.

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo…” (Juan 5:26a)

“ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”. (Hechos 17:25)                                

  1. La inmutabilidad de Dios

La verdad de este atributo se evidencia en algunos pasajes bíblicos; para el caso, nos referiremos al Salmo 102, así:

“Pero tú eres el mismo,

Y tus años no se acabarán”. (Salmo 102:27)

Del mismo modo, referencias similares en cuanto a la inmutabilidad de Dios, se encuentran en Malaquías 3:6; Salmos 33:11; Santiago 1:17 y Hebreos 13:8.

Así como Dios es independiente, así en el mismo grado, Dios es inmutable, analiza Nyenhuis. Si dependiera de alguna cosa creada por seguro estaría sujeto al cambio.[10]

Esta “constancia divina” como la llama Erickson, involucra un par de aspectos: (1) No hay cambios cuantitativos. No puede crecer, porque Él es ya la perfección. No puede decrecer, porque si lo hiciera, dejaría de ser Dios. (2) No hay cambios cualitativos. Su naturaleza no se somete a modificaciones. Dios no cambia su mente, ni planes, ni acciones, ocurra lo que ocurra.[11]

  1. La infinidad de Dios

La infinidad o infinitud de Dios, según Mark Jones, significa que no hay límite para las perfecciones de Dios. Éste califica a los demás atributos y los califica como intensa y cualitativamente infinitos. La infinidad de Dios es el más alto sentido de perfección.[12]

De hecho, según Nyenhuis, este atributo muestra varios aspectos, así: (1) Absoluta perfección, como ya lo hemos dicho, califica a los demás atributos. Dios es infinito en su conocimiento, bondad, justicia, poder, en todo lo que Él es. (2) Su eternidad, es decir, en relación con tiempo. Dios trasciende el tiempo y posee la totalidad de lo que llamamos tiempo o historia. Dios no está limitado por las categorías de pasado, presente o futuro. (3) Su inmensidad, esto en cuanto a su relación con el espacio. Un aspecto importante con Su eternidad es Su omnipresencia.  Es decir, Dios está presente en todo lugar y todo espacio; pero, no significa que esté repartido, sino que está totalmente presente en todo lugar. Así lo declara Su Palabra, en el Salmo 139:7-10.[13]

  1. La simplicidad de Dios

Dios es absoluto, lo que significa que no hay distinciones dentro de Su ser.[14]

La simplicidad de Dios o unidad como también se la conoce, significa que Dios no está dividido en partes. Lo que Dios es, dice Miguel Núñez, lo es todo el tiempo y en todo Su ser. Y brinda un interesante ejemplo:

“Dios no está dividido en partes, como si fuese 10% amor, 10% poder, 10% fidelidad, etc. En cambio, Dios es 100% amor, 100% infinito, 100% fiel, 100% justo, etc. Sus atributos están distribuidos a lo largo de todo Su ser”. (Núñez, ¿Qué son los atributos incomunicables de Dios? 2018)

Dice Nyenhuis, algunos teólogos emplean la expresión de la “unidad de Dios”, es decir que Dios no puede ser repartido entre muchos seres, o de otro modo, no es posible que varios seres compartan Su naturaleza. Y cita un buen ejemplo de este concepto a través de Deuteronomio[15]:

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. (Deuteronomio 6:4)

En otras palabras, resalta Nyenhuis, la simplicidad de Dios implica singularidad.

Próximamente – “Los atributos comunicables”.

 

[1] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 244.

[2] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 244.

[3] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 70, 71, 91.

[4] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[5] Miguel Núñez, “¿Qué son los atributos incomunicables de Dios?” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-incomunicables-dios/

[6] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 291-292.

[7] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 91.

[8] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 91.

[9] Miguel Núñez, “¿Qué son los atributos incomunicables de Dios?” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-incomunicables-dios/

[10] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 91.

[11] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 304.

[12] Mark Jones, “10 Things You should Know about God´s Attributes,” Crossway, https://www.crossway.org/articles/10-things-you-should-know-about-gods-attributes/

[13] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 92.

[14] Mark Jones, “10 Things You should Know about God´s Attributes,” Crossway, https://www.crossway.org/articles/10-things-you-should-know-about-gods-attributes/

[15] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 93.

La excelencia del carácter de Dios – En el principio

“Jesús estuvo ahí no sólo antes de la materia; Él estuvo ahí antes del tiempo. Él no nació o fue creado; Él simplemente estuvo”.

John Piper

La Teoría del Diseño Inteligente por sí sola, no necesariamente nos llevará a determinar el Dios al que se refiere, a determinar quién es específicamente el Diseñador del que se habla – tema abordado anteriormente. Para ello es muy importante, que la Ciencia trabaje de la mano con la Teología.

Es por eso que a lo largo del desarrollo de la sección de artículos que anteceden, trabajamos paralelamente presentado la evidencia de la ciencia, y la investigación y soporte bíblico que el caso amerita. Es así como llegamos a la conclusión que el Diseñador del cual se habla en la Teoría del Diseño Inteligente es el Dios Creador de la Biblia; en otras palabras, el Dios Trino (Padre, Hijo Jesucristo y Espíritu Santo), quien intervino como autor de la creación.

Y es precisamente, el Dios Creador Trino y Su carácter, tema al cual dedicaremos espacio para dilucidar durante éste y los próximos artículos que publicaremos.

En el Principio

La manifestación clara del Dios Creador se la observa en Génesis 1. Y en este mismo capítulo, se dilucida quién es el Dios Creador. Citemos entonces Génesis 1, en la versión Reina Valera 1960:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.  (Génesis 1:1-2)

Y para el caso, citemos también en la versión de la Biblia Textual, IV Edición:

“En principio Elohim Alef-Tav creó los Cielos y la Tierra. Pero la Tierra se ha precipitado en caos y vacío, y hubo tiniebla sobre la faz del abismo acuoso, y el Espíritu de Elohim se cernía sobre la faz de las aguas”. (Biblia Textual IV Edición 2018)

Tanto en el versículo 1 como en el 2, claramente se observa que esta porción hace referencia a “Dios” y al “Espíritu de Dios”, respectivamente. El Dr. Charles F. Stanley comenta en “Life Principles Bible – NKJV” [La Biblia Principios de Vida – RV60], así:

“Mire de cerca Génesis 1:1,2 y notará que la Biblia hace referencia a ‘Dios’ y al ‘Espíritu de Dios’ sin hacer la más mínima distinción entre los dos. Utiliza los dos términos por igual. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué? ¡Es porque los dos son uno! Ésta es la primera alusión a la doctrina de la Trinidad en las Escrituras”. (Stanley 2005)

Y el Dr. Stanley añade que más adelante en el relato de la creación, se encuentra incluso una segunda referencia a la Trinidad, así en la versión de la Reina Valera 1960:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” (Génesis 1:26)

E igualmente, se anota como referencia, la versión de la Biblia Textual, IV Edición:

“Y Dijo Elohim: Hagamos a un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” (Biblia Textual IV Edición 2018)

¿A quién estaba hablando Dios? Y ¿a quién se refería este misterioso “hagamos”? Son preguntas claves que las hace el Dr. Stanley. Los otros seres que existían en ese momento, dice Stanley, eran los animales o los ángeles. Y tenemos claro, por el estudio de las Escrituras que ninguno de estos seres tomó parte activa en el proceso de la creación. Pero felizmente, en el siguiente versículo, se nos brinda la respuesta.[1]

Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Génesis 1:27 – RV60)

Y Elohim Alef-Tav creó al hombre a Su imagen:  A imagen de Elohim lo creó, macho y hembra los creó”. (Génesis 1:27 – Biblia Textual IV)

Sin lugar a duda, ese misterioso “hagamos” se refiere a Dios; es decir, a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, enfatiza Stanley.[2]

Y aquí cabe destacar que el nombre Elohim es plural, pero como se nota en Génesis 1:1 por ejemplo, en el original en hebreo, este nombre es usado seguido de un verbo singular.  Esto ocurre, como lo destaca Don Stewart, cuando se refiere al Dios verdadero. Denota unidad y diversidad como parte de la naturaleza de Dios, lo cual se revela en las Escrituras como la doctrina de la Trinidad.[3]

Ahora bien, para correlacionar esta porción inicial referente a la creación y la participación del Dios Trino en ella; es importante que nos refiramos al Evangelio de Juan, asimismo en la versión Reina Valera 1960:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. (Juan 1:1-3)

Para referencia, citaremos también la versión de la Biblia Textual, IV Edición:

“En el principio era el Logos, y el Logos estaba ante Dios, y Dios era el Logos. Éste estaba en principio ante Dios. Todo existió por Él, y sin Él, nada de cuanto existe existió”. (Biblia Textual IV Edición 2018)

Curiosamente observamos que los pasajes trascendentales de la doctrina de la Creación aparecen al inicio de la Biblia, consecuentemente al inicio del Antiguo Testamento; pero es interesante que también al inicio del Nuevo Testamento; haciendo honor precisamente al “inicio” como punto de partida para la obra creadora del Señor – “En el principio…” (בְּרֵאשִׁיתbə·rê·šîṯ), en hebreo, en Génesis 1:1; frase idéntica también en el griego, que se reitera en Juan 1:1 (Ἐν ἀρχῇ  – En archē).

El teólogo y maestro R. C. Sproul, en su comentario sobre Juan 1:1, señala:

“En este importante pasaje, el Logos se distingue de Dios (´era con Dios´) y a la vez, se identifica con Dios (´era Dios´). Esta paradoja tiene gran influencia en el desarrollo de la doctrina de la Trinidad, por lo cual, el Logos es visto como la Segunda Persona de la Trinidad”. (McDowell 1999)

Jesús, el Hijo es una Persona distinta al Padre, pero es uno en esencia con el Padre; tal como se expresa en Juan 10:

Yo y el Padre uno somos… Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”. (Juan 10:30,38)

Y es oportuno ahora que compartamos algunos pasajes, con los cuales claramente se demuestra una vez más que Jesús es Dios y que Él estuvo presente en la creación, tal como se enunció anteriormente en Juan 1:3:

“Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. (Juan 5:17,18) Jesús es uno con el Padre, es Dios.
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, Yo Soy”. (Juan 8:58) Jesús ya existía antes de habitar en la Tierra, Él es Dios Eterno.
“Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”. (Lucas 10:18) Jesús, Dios El Hijo, ya existía desde antes de la creación del mundo.
Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten”. (Colosenses 1:16-17) Jesús, Dios el Hijo, participó activamente en la creación. De hecho, “todo fue creado por medio de Él”, corroborando así Juan 1:3.

En definitiva y como estupendamente lo describe John Piper:

“Jesús estuvo ahí no sólo antes de la materia; Él estuvo ahí antes del tiempo. Él no nació o fue creado; Él simplemente estuvo”. (Piper, Desiring God 2017)

En este análisis y comparación entre Génesis 1:1-2 y Juan 1:1-3; y su correlación con la famosa frase “En el principio…”, claramente observamos que la Trinidad estuvo presente en la creación.

Don Stewart, define a la Trinidad, explicando que dentro de la naturaleza de un Dios hay tres Personas eternas:  El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.[4] De hecho, Jesús testificó de las tres Personas de la Trinidad en Mateo 3:

“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre Él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Mateo 3:16-17)

Y, así pues, la creación es obra del Dios Trino, tal como lo afirma Gerald Nyenhuis, en su estudio sobre el Dios Creador.[5] Textos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, testifican que Dios, o más bien que cada Persona de la Trinidad tuvo parte activa en la creación, aquí algunos ejemplos:

El Padre como Creador Isaías 44:24; Isaías 40:28; 1 Corintios 8:6; Isaías 42:5.
El Hijo, Jesús como Creador Juan 1:3; Hebreos 1:2,10; Juan 1:10.
El Espíritu Santo como Creador Génesis 1:2; Job 33:4; Salmo 104:30; Isaías 40:12-13

Así, este análisis acerca de la comprensión del Dios Creador, como Dios Trino, nos prepara el escenario para el estudio minucioso sobre los atributos del carácter de Dios.

¡Esperamos encontrarnos pronto, en cuanto subamos un nuevo artículo!

[1] The Charles F. Stanley Life Principles Bible – NKJV (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2005), 3.

[2] The Charles F. Stanley Life Principles Bible – NKJV (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2005), 3.

[3] Don Stewart, “What does the Hebrew Term Elohim mean?,” Blue Letter Bible, https://www.blueletterbible.org/faq/don_stewart/don_stewart_1303.cfm

[4] Don Stewart, “What does Genesis 1:1 Tells us about the Creation of the Heaven and the Earth?,” Blue Letter Bible, https://www.blueletterbible.org/faq/don_stewart/don_stewart_681.cfm

[5] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 236.

La excelencia de Dios en la creación – Un diseñador inteligente, un universo de remarcable precisión y el origen de la vida

“Un hombre honesto, armado con todo el conocimiento disponible en la actualidad, solo podría afirmar que, en cierto sentido, el origen de la vida hasta el momento parece ser casi un milagro, ya que las condiciones que se necesitan cumplir para que surgiera son demasiadas”.

Francis Crick

Hoy concluimos con este artículo el primer capítulo del estudio que Hacia la Excelencia comenzó a compartir un par de meses atrás sobre «El Dios de la creación como autor y ejemplo de excelencia», extractos sobre la investigación de este apasionante tema.

Lee Strobel defiende la existencia de un Diseñador Inteligente desde la evidencia de la Astronomía; y así manifiesta que la posición de la Tierra en el universo y sus procesos geológicos y químicos intrincadamente coreografiados trabajan juntos con una eficiencia exquisita para crear un lugar seguro para que vivan los humanos. Y Strobel cita al astrofísico John A. O’Keefe, de la NASA:

“Si el universo no se hubiera hecho con la precisión más exigente, nunca podríamos haber existido.  En mi opinión, estas circunstancias indican que el universo fue creado para que el hombre viva”. (Strobel, The Case for a Creator 2014)

Por otro lado, el astrónomo Guillermo González y el filósofo científico Jay Wesley Richards manifestaron que:

“…tomaría una estrella con las propiedades altamente inusuales de nuestro sol para nutrir a los organismos vivos en un planeta circundante. Entre las propiedades se citan:  la masa correcta, la luz correcta, la edad correcta, la distancia correcta, la órbita correcta, la galaxia correcta, la ubicación correcta. Por lo tanto, numerosos factores hacen que nuestro sistema solar y nuestra ubicación en el universo sean perfectos para un entorno habitable”. (Strobel, The Case for a Creator 2014)

Y en efecto, la creación del universo y su precisión es un tema que se ha discutido ampliamente desde distintas esferas y a lo largo de décadas. Millard J. Erickson, en su libro “Christian Theology” [Teología Cristiana], anota que el debate de la gran evolución a principios del siglo XX pone en claro que mientras la Teología y la Ciencia avanzan en cursos paralelos la mayor parte del tiempo sin cruzarse en un tema común; en cambio, el problema del origen del mundo sí es uno de los puntos donde ellas definitivamente se encuentran.[1]

Por ello, en tanto abordamos el tema de la precisión del universo, amerita en este punto analizar la Evolución Darwinista vs. el Diseño Inteligente. “El Origen de las Especies”, conocida publicación de Darwin en 1859 expone sobre la evolución biológica, cuya teoría provee una hipótesis completamente naturalista que pretende explicar el diseño aparente de los sistemas teleológicos naturales como los globos oculares.  Es así como manifiesta James E. Taylor, en “Introducing Apologetics” [Introducción a la Apologética] que la explicación Darwiniana de la teleología biológica natural incluye 3 aspectos importantes: (1) cambio genético aleatorio, (2) selección natural y (3) herencia genética.[2]  Y dicha explicación se desarrolla así:

“Organismos complejos y órganos como los globos oculares han evolucionado durante un largo período de tiempo a partir de formas de vida múltiples.  Este proceso de evolución biológica de formas más simples a más complejas tuvo lugar mediante cambios genéticos aleatorios (mutaciones) que ocurrieron en formas más simples durante el proceso reproductivo. Es decir, un organismo produce una descendencia que difiere de éste en algún aspecto importante”. (Taylor 2006)

Así, según la Teoría Darwinista, tales alteraciones accidentales y no planificadas en las partes de los organismos biológicos tienen valor de supervivencia para los organismos o no. Si tienen un valor de supervivencia, entonces el organismo que los adquirió tenderá a adaptarse mejor a su entorno. Si no tienen un valor de supervivencia, entonces el organismo no tendrá tantas probabilidades de adaptarse, y, por lo tanto, no tendrá tantas ganas de sobrevivir. Ésta es la idea de la supervivencia del más apto o más fuerte.  Por lo tanto, la “selección natural” propuesta por Darwin es:

“…el nombre dado a este proceso de eliminación de organismos que ocurre naturalmente como resultado del grado en que pueden sobrevivir. Los organismos que heredan rasgos que les permiten adaptarse mejor a sus entornos están ´seleccionados´ por naturaleza. (Taylor 2006)

Sorprendentemente, Charles Darwin en su libro, “The Origin of Species” [El Origen de las Especies] identificó un medio para refutar su teoría:

“Si pudiera demostrarse que existió algún órgano complejo que posiblemente no podría haberse formado por numerosas, sucesivas y ligeras modificaciones, mi teoría se derrumbaría por completo”. (Taylor 2006)

Así, Darwin increíblemente reconoció que, si alguien identifica un sistema biológico que no pudo haber sido construido en pasos graduales durante largos períodos de tiempo, entonces su teoría sería inválida.

En este punto, es propicio que abordemos lo inherente a la evidencia del diseño de máquinas moleculares que ciertamente desafían la explicación de la “selección natural” de Darwin.

El biólogo y apologeta cristiano Michael J. Behe, en su libro “Darwin´s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution” [La caja negra de Darwin: El reto de la bioquímica a la evolución] argumenta que existen sistemas integradores y complejos en organismos biológicos, a los cuales los denomina “irreduciblemente complejos”, estos incluyen circuitos de señales transductibles, motores sofisticados y todo tipo de circuitos biológicos; tal como lo explica y sintetiza, el Doctor Stephen C. Meyer, en una larga entrevista otorgada al periodista Lee Strobel.[3]

Meyer así mismo precisa:

“Estas máquinas biológicas necesitan todas sus partes variadas para poder funcionar. La selección natural solo preserva cosas que desarrollan alguna función, en otras palabras, lo que ayuda al organismo a sobrevivir en la siguiente generación. Esto es la supervivencia más fuerte. (Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia a Dios 2005)

Según Meyer, los sistemas complejos irreducibles tienen un problema y es que no tienen ninguna función hasta que todas sus partes están presentes y trabajando juntas en coordinación una con otra. Así que, la selección natural no puede ayudar a construir dichos sistemas; solo puede preservarlos una vez que son construidos.

Por lo tanto, añade Meyer, en su referencia al argumento de Behe que es imposible para la evolución dar un salto tan grande solo por casualidad y crear un sistema completo a la vez. Esto, por cierto, conduce a la formulación de la siguiente pregunta: “¿Cómo surgió la máquina bioquímica? Y entonces Meyer cita:

“Behe dice que es probable que estos sistemas biológicos parezcan diseñados porque realmente fueron diseñados.  Después de todo, cuando vemos sistemas irreduciblemente complejos y sabemos cómo se formaron, invariablemente un diseñador los hizo”. (Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia a Dios 2005)

Para Behe, la noción de complejidad irreductible la resume así:

“…un solo sistema compuesto por varias piezas armónicas e interactuantes que contribuyen a la función básica, en el cual la eliminación de cualquiera de estas piezas impide al sistema funcionar”. (Collado 2007)

Y para explicar esta noción, Behe toma como ejemplo un artefacto si se quiere casero – la trampa para cazar ratones. Se observa a simple vista que ésta está compuesta por un conjunto de piezas que interactúan conforme a un diseño específico y para alcanzar también un fin en particular. Quienes analizan este instrumento, llegan a la conclusión que el sistema de piezas que lo componen no ha sido dispuesto al azar. Se descarta, por cierto, que el sistema se haya formado gradualmente y a causa de una serie de pasos intermedios que han ido mejorando el sistema por un mecanismo de tipo darwiniano. Para que este instrumento funcione, se requiere que estén todas y cada una de las piezas dispuestas según el orden previsto o en definitiva el sistema no funciona.[4]

Para graficarlo de mejor manera, Behe, en su libro “La caja negra de Darwin” así lo expone:

“Por extraño que parezca, la bioquímica moderna ha demostrado que la célula es operada por máquinas: literalmente, máquinas moleculares. Como sus equivalentes artificiales (ratoneras, bicicletas y naves espaciales), las máquinas moleculares van desde lo simple hasta lo sumamente complejo: máquinas mecánicas que generan energía, como en los músculos; máquinas electrónicas, como en los nervios; y máquinas de energía solar, como en la fotosíntesis. Desde luego, las máquinas moleculares están hechas de proteínas, no de metal y plástico”. (Collado 2007)

Por otra parte, según Behe el flagelo bacteriano por ejemplo es literalmente un motor fuera de borda que algunas bacterias usan para nadar. De hecho, Behe acepta el desafío de Darwin argumentando que el flagelo bacteriano y otros sistemas subcelulares son irreductiblemente complejos y, por lo tanto, no pueden formarse mediante numerosas modificaciones sucesivas y leves.[5]

En pocas palabras, el argumento de Behe en contra del Darwinismo se cita así:

  • “Algunos sistemas biológicos como el flagelo bacteriano son irreductiblemente complejos.
  • Si un sistema biológico es irreductiblemente complejo, entonces no pudo haber surgido únicamente mediante un proceso de evolución por selección natural.
  • Si hay sistemas biológicos que no han surgido únicamente mediante un proceso de evolución por selección natural, entonces el Darwinismo es falso.
  • Por lo tanto, el Darwinismo es falso”. (Taylor 2006)

Así, continuando en línea con estos análisis y reflexiones, cabe señalar que, para el Doctor Meyer, por su parte, la ciencia y la fe apuntan hacia la misma verdad. De hecho, Meyer convencido afirma:

“Yo creo que el testimonio de la ciencia apoya al teísmo. Mientras que siempre va a haber puntos de tensión o conflictos sin resolver, el avance más grande en la ciencia en las últimas cinco décadas ha sido caminar de manera fuerte en la dirección del teísmo…La ciencia, bien hecha, apunta hacia Dios”. (Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia a Dios 2005)

Y un magnífico ejemplo de la ciencia apuntando hacia Dios es precisamente el origen de la vida y el origen de la información necesaria para traer existencia de vida. Esta información es almacenada en el ADN (ácido desoxirribonucleico) y en las proteínas moleculares.

Así, Richard Dawkins, biólogo británico, afirmó lo siguiente:

“El código de la máquina de los genes es misteriosamente parecido a las computadoras”. (Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia a Dios 2005)

Como sabemos, destaca Meyer, las computadoras operan a través de programas de software, los mismos que han sido diseñados por ingenieros inteligentes. Y efectivamente, la información en sí, háblese un código de computadora, inscripciones jeroglíficas o un libro, todo esto apunta hacia la inteligencia. Del mismo modo es verdad acerca de la información de cada célula en cada criatura viviente.[6]

De hecho, el conocido desarrollador de software, Bill Gates, así lo corrobora:

“El ADN es como un programa de computación, pero extremadamente más avanzado que ningún software que se haya creado”. (Meyer 2009)

Entonces, el ADN almacena las instrucciones de ensamblaje para construir las muchas proteínas y máquinas de proteínas cruciales que dan servicio y mantienen incluso a los organismos unicelulares más primitivos.

En esta línea, una nota curiosa. Establecido por primera vez en 1985 por Sir Alec Jeffreys, las pruebas de ADN se han convertido en un método cada vez más popular de identificación e investigación. Como es conocido los genes son los planos de la vida y controlan todo, desde el color del cabello hasta el azúcar en la sangre, diciéndoles a las células qué proteínas deben producir, cuánto, cuándo y dónde. Los genes existen en la mayoría de las células. Y dentro de una célula hay una larga cadena de ADN químico. La parte del ADN que determina qué proteína producir y cuándo, se llama gen.[7]

Y los beneficios de las pruebas del ADN son amplios. En 1988, por ejemplo, Colin Pitchfork se convirtió en el primer asesino y violador británico, quien fue atrapado como resultado de las pruebas de huellas dactilares de ADN.[8]

Por otro lado, la información proporcionada con las pruebas de ADN también ha ayudado a personas encarceladas injustamente como los norteamericanos Gary Dotson (Illinois) y Dennis Halstead (Nueva York) a obtener su libertad en 1989 y 2003, respectivamente.[9]

Aquí cabe resaltar que el origen de la vida y de la información biológica es un tema que ha cautivado a muchos, desde las altas esferas científicas hasta el común de los mortales. Y se observa claramente, que los grandes hallazgos científicos como el ADN, no sólo que apuntan a la confirmación de la existencia de un ser inteligente detrás de la creación de todo el universo; sino que, estos mismos hallazgos puestos en práctica en la vida diaria, contribuyen al crecimiento, desarrollo y cuidado de la sociedad; como el caso de las pruebas técnicas del ADN para hacer justicia en casos relacionados con el crimen, o en casos inherentes a la paternidad responsable.

Así, el investigador alemán Bernd-Olaf Küppers, cuyos intereses científicos cubren una amplia gama de problemas centrados en la pregunta fundamental sobre el origen y la evolución de la vida, concluye:

“El problema del origen de la vida es claro y básicamente equivalente al problema del origen de la información biológica”. (Meyer 2009)

En el libro “Life itself” [La vida misma], Francis Crick, materialista filosófico admitió:

“Un hombre honesto, armado con todo el conocimiento disponible en la actualidad, solo podría afirmar que, en cierto sentido, el origen de la vida hasta el momento parece ser casi un milagro, ya que las condiciones que se necesitan cumplir para que surgiera son demasiadas”. (Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia a Dios 2005)

Y por su parte, Stephen C. Meyer, autor de “Signature in the Cell” [Firma en la célula] afirma que, en la Teoría de la Evolución, Charles Darwin, nunca pretendió descubrir el misterio del origen de la información biológica. Para el naturalista inglés, dicho origen resultó siempre un ministerio impenetrable.[10]

¿Misterio impenetrable? Para asombro de la humanidad, cada vez, el origen de la vida se revela aún más y más. Y en efecto, el descubrimiento más revelador ha sido efectivamente aquel cuando James Watson y Francis Crick dilucidaron sobre la estructura del ADN. Hace más de medio siglo, gracias a Watson y Crick se descubre que cada célula posee un sistema complejo y avanzado de procesamiento y almacenamiento de información que supera en gran manera a cualquier sistema de computación.

Y el famoso científico inglés, astrónomo, teólogo y autor, Isaac Newton, hace ya 3 siglos, en su obra maestra Opticks, publicada en 1704, reflexionó:

“¿Cómo se inventaron los cuerpos de los animales con tanto arte, y para qué fines fueron sus diversas partes? ¿Se ideó el ojo sin habilidad en la óptica y el oído sin conocimiento de los sonidos? …Y estas cosas siendo despachadas correctamente, ¿no parece un fenómeno que haya un ser incorpóreo, viviente, inteligente? (Meyer 2009)

Estas aseveraciones fruto de largos años de estudio e investigación científica, son solo pequeñas muestras de que el universo y el origen de la vida misma están respaldados por un Creador inteligente, un Creador de orden, un Creador sabio, un Creador Todopoderoso, un Creador de excelencia.

Y ya la Palabra de Dios, Dios mismo lo anunció, siglos atrás.  Así en Jeremías, escrito entre el 627 a.C. y el 586 a.C., poéticamente lo manifestó:

“El que hizo la tierra con Su poder, el que puso en orden el mundo con Su saber, y extendió los cielos con Su sabiduría; a Su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia; y saca el viento de Sus depósitos”. (Jeremías 10:12,13)

Pero ese mismo Creador Todopoderoso, es quien no sólo desplegó Su excelencia al hacer los cielos y la tierra, el universo como tal, sino también todo lo que en él hay. Dios, el Creador, desplegó y dejó también Su marca de excelencia de singular manera al hacer a la humanidad, a la obra maestra de Su creación, tal como sublimemente lo expresa el Salmista:

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien”. (Salmo 139:13,14)

Así y para concluir, la cita de Mark DeVine es propicia para este cierre:

“Es precisamente como criatura que la humanidad es imago dei y la inclusión de la humanidad dentro del resto del orden creado puede extraer el divino superlativo ´muy bueno´”. (DeVine 2019)

Hacia la Excelencia continuará compartiendo extractos de su investigación sobre «El Dios de la creación como autor y ejemplo de excelencia» a lo largo del 2022. ¡Espere nuestros próximos artículos! ¡Un muy bendecido Año Nuevo 2022!

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 393.

[2] James E. Taylor, Introducing Apologetics (Grand Rapids, MI:  Baker Academic, 2006), 131-133.

[3] Lee Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia Dios (Miami, FL:  Editorial Vida, 2005), 1767 – 1772.

[4] Santiago Collado, Análisis del Diseño Inteligente (España: Universidad de Navarra, 2007), 10.

[5] James E. Taylor, Introducing Apologetics (Grand Rapids, MI:  Baker Academic, 2006), 133-134

[6] Lee Strobel, El Caso del Creador: Un periodista investiga evidencias científicas que apuntan hacia Dios (Miami, FL:  Editorial Vida, 2005), 1757 – 1760.

[7] Live Science, “DNA and Genes,” Live Science,  https://www.livescience.com/topics/dna-genes/7

[8] Live Science, “DNA and Genes,” Live Science,  https://www.livescience.com/topics/dna-genes/7

[9] Innocence Project, “200 Exonerated – Too Many Wrongfully Convicted: An Innocence Project Report on the First 200 DNA Exonerations in the U.S.”, https://www.innocenceproject.org/wp-content/uploads/2016/10/ip_200.pdf

[10] Tendencias 21 – Tendencias de las religiones, “Un nuevo libro basa el diseño inteligente en el ADN celular,” Tendencias 21, https://www.tendencias21.net/Un-nuevo-libro-basa-el-diseno-inteligente-en-el-ADN-celular_a3987.html

El Creador prepara el hogar para Su obra maestra – el ser humano

«Dios creó todas las cosas para preparar una casa y una posada…después de que todo lo que pertenece a la esencia de una casa está listo, el hombre es traído…» 

[Las obras de Lutero]

La creación ciertamente revela a su Creador. Su poder, majestuosidad, sabiduría, ingenio y cuidado.

El Creador arma una composición artísticamente bella e incomparable con una extraordinaria e interminable gama de elementos:  Luz visible en el esplendor del día y densa oscuridad en la calma de la noche. El cielo con sus estrellas, la inmensidad de las aguas y los profundos mares, la tierra de hermosos paisajes. Aves que increíblemente vuelan en las alturas del cielo en contra del viento; monstruos marinos y una infinidad de criaturas que moran en el fondo del mar; bestias y animales que galopan en el campo. Densa y exuberante vegetación, infinidad de árboles frutales.

Un mundo lleno de colorido y exquisitez. Armónicamente diseñado, cuyos sonidos superan a la más brillante sinfónica: desde el delicado trinar de los pájaros hasta el rugir imponente del león. Desde la suave e imperceptible brisa del mar hasta el golpe y rugido de sus majestuosas olas. Desde la lluvia refrescante hasta el trueno intimidante.

Y esta maravillosa sinfonía llega a su clímax con el sonido aún más espectacular, sublime y apacible; las palabras dulces y amorosas del Dios Creador hacia lo más excelso de su creación, Adán y Eva; quienes ciertamente gozaban de una intimidad espléndida con Su Creador, en la delicia del Huerto del Edén.

“Y vio Dios que era bueno”, “y he aquí que era bueno en gran manera”.  ¡Vio Dios que Su creación era buena en gran manera! A través de Su creación, palpamos la inmensidad del amor de Dios por la obra maestra de Su creación – la humanidad. Tan grande el amor de Dios, que paso a paso, detalle por detalle, precisión tras precisión, fue diseñando y creando el hogar para la humanidad.

Esto nos lleva a comparar de alguna manera con los millones de episodios en el mundo, cuando las parejas de esposos se preparan para recibir a su pequeño bebé.  ¡Cuánta alegría, cuánto gozo, cuánta expectativa! Nueve meses de tanto amor, mucha ilusión y desde luego, mucho trabajo para preparar adecuadamente el cuarto del bebé, su ajuar, colorida y abrigada ropa, sus primeros juguetes, incluso preparación especializada para saber cómo darle de lactar, cómo preparar la comida del bebé conforme vaya creciendo, cómo asearlo y bañarlo, cómo protegerlo de enfermedades, cómo interactuar día a día con el pequeño de modo que el ambiente en el que se desarrolle sea seguro, agradable, saludable y lleno de vida.

Del mismo modo, el Creador del universo, se tomó el tiempo necesario para diseñar con espléndida precisión cada parte del magnificente hogar que regaló al ser humano para que crezca saludable, seguro y lleno de vida. ¡Dios vio que en verdad el hogar creado era bueno y bueno en gran manera!

Como lo expresa Mark DeVine, en su libro, “Shalom Yesterday, Today and Forever: Embracing All Three Dimensions of Creation and Redemption” [Shalom ayer, hoy y siempre: Abrazando las tres dimensiones de la creación y la redención]:

“A Dios sea la gloria por las cosas que Él ha hecho. Y qué es lo que Él ha hecho. Él ha hecho los cielos y la tierra como el hogar adecuado para las criaturas humanas hechas a Su imagen”. (DeVine 2019)

Así mismo Lutero reconoce en su obra “Luther ´s Works” [Las obras de Lutero] que el Creador en verdad es proveedor, sustentador y cuidador de la humanidad:

«Dios creó todas las cosas para preparar una casa y una posada, por así decirlo, para el futuro hombre … luego, después de que todo lo que pertenece a la esencia de una casa está listo, el hombre es traído, por así decirlo, en su posesión para que podamos aprender que la providencia divina para nosotros es mayor que toda nuestra ansiedad y cuidado». (DeVine 2019)

Así, y de acuerdo con el relato bíblico en Génesis, en el día sexto, Dios concluyó su actividad creativa, y la concluyó esencialmente con la creación de Su obra maestra – el ser humano; y en el día séptimo reposó y santificó este día.

“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. (Génesis 2:1-3)

Es claro entonces que el pronunciamiento de Dios después de la creación de la humanidad habla elocuentemente del significado único de la humanidad en comparación con el resto de la creación; señala Devine con precisión. Y añade que solo con la creación de la humanidad y su inclusión dentro del orden creado, puede la creación en su conjunto extraer el superlativo «muy bueno» de parte del Creador. En verdad, esto habla de la singularidad de la humanidad dentro del orden creado, una singularidad que incluye una posición de superioridad y un valor único dentro del universo. Y DeVine enfatiza que no se crea ninguna otra criatura imago dei. Ninguna otra criatura ejerce dominio sobre las formas inferiores de la creación.[1]

[1] Mark DeVine, Shalom Yesterday, Today and Forever: Embracing All Three Dimensions of Creation and Redemption (Eugene, OR: Wipf and Stock, 2019), 709.