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EL PODER DE LAS PALABRAS — Artículo 2: Palabras que construyen relaciones

Texto base: Efesios 4:29 (LBLA)
«Ninguna palabra mala salga de vuestra boca, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que oyen.»

Las relaciones más valiosas de nuestra vida no se construyen únicamente con grandes decisiones, sino con las palabras que pronunciamos cada día. Un saludo amable, una expresión de gratitud, un reconocimiento sincero o una palabra de ánimo pueden fortalecer profundamente la familia, una amistad, o un equipo de trabajo. De la misma manera, una crítica injusta, una respuesta impulsiva o una palabra hiriente pueden debilitar lentamente la confianza y la cercanía.

El apóstol Pablo nos recuerda que nuestras palabras deben edificar e impartir gracia a quienes las escuchan. Esto implica mucho más que evitar expresiones ofensivas; significa hablar de manera que nuestras conversaciones contribuyan al crecimiento, la esperanza y el bienestar de los demás. Antes de hablar, conviene preguntarnos: ¿Lo que voy a decir ayudará realmente a esta persona?

El reconocimiento sincero y la gratitud expresada son dos de las formas más sencillas y poderosas de fortalecer una relación. Cuando valoramos el esfuerzo, la fidelidad o las cualidades de otros, comunicamos que su vida tiene importancia. Del mismo modo, aprender a escuchar con atención demuestra respeto, interés genuino y amor. Escuchar no consiste únicamente en permanecer en silencio, sino en procurar comprender antes de responder.

La investigación contemporánea respalda estos principios. Un estudio de Gallup y Workhuman encontró que el reconocimiento auténtico fortalece las relaciones, incrementa el compromiso y contribuye a crear ambientes de mayor confianza y colaboración. Asimismo, Harvard Business Review destaca que la escucha activa es una de las habilidades más importantes para construir relaciones saludables y resolver conflictos con mayor efectividad.

Todos guardamos en la memoria palabras que marcaron nuestra vida. Quizá un maestro que creyó en nosotros, un padre que nos animó en un momento difícil, un amigo que nos brindó esperanza o alguien que compartió oportunamente una verdad de Dios. De la misma manera, también recordamos palabras que nos hirieron profundamente. Esto nos recuerda que las palabras nunca son indiferentes. Dios puede utilizar una conversación cotidiana para restaurar una relación, devolver esperanza al desanimado o fortalecer la fe de una persona. Cada conversación representa una oportunidad para comunicar la gracia y el amor de Cristo.

Reflexión personal

Pregúntese hoy: ¿Las personas salen fortalecidas después de conversar conmigo? Que nuestras palabras reflejen cada vez más el carácter de Cristo y sean instrumentos para sanar, restaurar y edificar a quienes Él ha puesto en nuestro camino.

Las palabras que fortalecen nuestras relaciones también tienen el poder de formar el corazón de las futuras generaciones. Le invito a acompañarme en nuestro próximo artículo, donde reflexionaremos sobre cómo nuestras palabras pueden afirmar la identidad, transmitir amor, bendición y propósito en la familia, desde la infancia e incluso desde el vientre materno.

¡Hasta la próxima!

Fuentes

  1. Gallup & Workhuman. Employee Retention Depends on Getting Recognition Right (2024). Disponible en: https://www.gallup.com/workplace/650174/employee-retention-depends-getting-recognition-right.aspx
  2. Amy Gallo. What Is Active Listening? Harvard Business Review, 2 de enero de 2024. Disponible en: https://hbr.org/2024/01/what-is-active-listening

¡Extraordinaria inteligencia!

¡Un corazón lleno de Dios provocará el desarrollo de una mente sana, de una extraordinaria inteligencia creada originalmente para hacer el bien y no el mal; para construir y no para destruir!

 

En este último siglo la humanidad ha experimentado el despliegue más amplio de desarrollo. Desarrollo en tecnología, desarrollo en la medicina, desarrollo en la industria en general, desarrollo en la conquista

El futuro de la medicina – Epcot Center

del espacio. Pero, lamentablemente, también «desarrollo» en las diferentes esferas de la maldad.

Hace poco vi un video a través del cual se demostraba que con un pequeño dispositivo que se colocaba ligeramente cerca de la cartera de una dama, era posible robarle la información de su tarjeta de crédito; consecuentemente, poco después el sustractor podía realizar las compras que quisiera y cargar el costo respectivo a la tarjeta de la víctima.

Ciertamente la tecnología ha avanzado a pasos más que agigantados; ya casi no podemos seguirle la pista. Estamos saturados de redes y sistemas de mensajería: Facebook, MySpace, Twitter, Instagram, Whatsapp, Messenger, por sólo nombrar los más conocidos en el mercado.  En verdad, todas estas grandes e ingeniosas herramientas nos han facilitado la comunicación y  mágicamente han acortado las distancias geográficas; dramáticamente han reducido los costos de comunicación entre los seres queridos separados por diversas circunstancias; y desde luego, también han reducido los costos en las comunicaciones de negocios.

¡Sorprendente! ¡Sí, en verdad, sorprendente! Pero quizá para nuestros adolescentes y en sí para la generación de jóvenes del planeta, esto pasa casi desapercibido. Para ellos es normal contar el favor del internet y el acceso al mundo a través de la redes. No se han detenido a pensar en las grandes ventajas con las que cuentan en la actualidad; y mucho menos, en las grandes desventajas que también existen.

Así es, “ventajas” y muchas. Con sólo un clic tengo la información del mundo en mis manos. Con sólo un clic puedo hacer una llamada gratuita a un amigo que está al otro lado del planeta. Con sólo un clic puedo investigar la tarea escolar para el día siguiente. Con sólo un clic puedo escuchar buena música que alegre mi alma. Sí “ventajas” que simplemente demuestran lo extraordinario del cerebro humano, la extraordinaria inteligencia del ser humano plasmada en estas grandes invenciones para beneficio de la sociedad en general.

Pero desafortunadamente, esta extraordinaria inteligencia también ha sido usada para la maldad. Tomando sólo ejemplo de la tecnología, sabemos que es así. Así como el internet pudo ser creado para beneficiar en mil y un maneras a la sociedad; así también este gran invento, hoy por hoy, es también un arma de doble filo, con la cual muchos son heridos gravemente y difícilmente se recuperan.
Una gran parte del internet se ha convertido en el basurero y en la podredumbre del cyber espacio. Permítanme citar sólo un par de ejemplos que verdaderamente producen asco, repugnancia y aún terror:

«En el 2006, 89% de un estimado de 270 millones de páginas Web existentes a nivel mundial con contenido pornográfico fueron producidas en los Estados Unidos». [The Judges´Journal, 2013]

«Tres hombres fueron arrestados en Suecia como sospechosos de violar una mujer, cuyo acto fue transmitido en vivo a través de Facebook, reportó la Policía». [The Guardian, January 2017]

Y podría citar no miles, sino millones de ejemplos que además de producir repugnancia, producen también un profundo dolor en el corazón. ¿Cuántos niños son objeto de abusos? ¿Cuántas adolescentes en la flor de la vida son víctimas de tráfico humano? ¿Cuántas jóvenes han perdido su vida en las manos de psicópatas? ¿Cuántas personas han sido estafadas en sus cuentas bancarias o tarjetas de crédito? ¿Cuántos muchachos han caído en el “negocio” del sicariato?  ¿Cuántos y cuántas han sido violentados en éstas y otras terroríficas formas a través de las redes sociales?

¿Cómo está utilizando su extraordinaria inteligencia?  ¿Cómo está desarrollando el maravilloso cerebro que Dios le ha otorgado como ser humano?  ¿Cómo está su corazón?

La Palabra de Dios dice en Jeremías 17:9-10  “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”.

Permítame invitarle a abrir ahora mismo su corazón al Señor de señores, a Jesucristo, y deje que Él pruebe su corazón. Confiese sinceramente su pecado delante del Señor Jesucristo y tenga por seguro que el Señor le perdonará y con certeza experimentará paz como nunca antes en su vida.

¡Un corazón lleno de Dios provocará el desarrollo de una mente sana, de una extraordinaria inteligencia creada originalmente para hacer el bien y no el mal; para construir y no para destruir!