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¡Un regalo muy especial!

«Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía».                                                                                                                       (Santiago 5:7b)

 

En este año 2020, Hacia la Excelencia cumplió 7 años de servicio a la comunidad global. Nuestro propósito ha sido y seguirá siendo el traer una palabra de profunda reflexión a la vida de cada uno de nuestros lectores. Una palabra que penetre en sus corazones y que transforme vidas para que produzcan frutos de excelencia y en abundancia.

En agradecimiento a nuestros lectores, queremos compartir con ustedes gratuitamente el folleto:  «Buscad el Reino de Dios».

Estamos covencidos que este regalo especial tiene el poder de traer una nueva perspectiva en su vida y en la vida de aquellos con quienes ustedes quieran compartirlo libremente.

Vivimos tiempos complicados, de gran tensión, temor e incluso desesperanza. La pandemia y otros factores relacionados han trastocado la vida del ser humano. Pero, ¡hay esperanza en medio de la incertidumbre!  ¡Es posible ver la luz en medio de las tinieblas! ¡En el camino a la condenación, podemos ser rescatados y salvados!

Totalmente gratis, descarga: «Buscad el Reino de Dios».

¡Tu salvación está a la vuelta de la esquina, no desperdicies esta oportunidad! ¡No desperdicies este regalo especial!

 

Esperanza en medio del caos

«…hay un solo camino para resistir, sobreponernos y vencer a los estragos de esta pandemia…»

 

 

Tras 6 meses de haberse identificado al COVID-19 como una enfermedad infecciosa, primero en Wuhan, Hubei, China; y luego como una pandemia que consecuentemente está afectando a todo el globo; tal parecería que este “enemigo invisible” no ha dado tregua a la humanidad y persiste en su ataque. Y es que, al cierre de esta edición, 13.022.814 casos han sido reportados y además 571.000 muertes.

«Perdí mi trabajo a causa del coronavirus».

Y sí en medio de esta pandemia, los casos de COVID-19 no se detienen; y lógicamente tampoco los casos de angustia, depresión, pánico porque este virus no sólo ha causado estragos en la salud física de la humanidad, incluyendo trágicamente la muerte de algunos; pero también ha provocado la desestabilización en la economía del mundo; empresas que han quebrado; o al menos que han reducido su fuerza laboral y desafortunadamente, cabezas de hogar que han perdido sus empleos; por solo nombrar algunos de los trastornos provocados por este “enemigo invisible”.

Y claro, paralelo al caos que estamos enfrentando no faltan los mensajes bien intencionados y cargados de “buena vibra” – como algunos lo llaman, que de alguna manera quieren motivar el alma de cuantos han decaído en este tiempo y animarlos a levantarse; de hecho, a que toda la sociedad nos levantemos y luchemos por nuestros más caros anhelos a pesar de la adversidad.

Pero ¿acaso estamos poniendo nuestra confianza únicamente en nuestra valentía, fortaleza, buen ánimo y hábil estrategia humana? Si es así, me temo que no llegaremos muy lejos. De hecho, ni la más hábil estrategia científica, política o incluso económica ha logrado detener los impactos de todo orden provocados por esta pandemia.

No obstante, hay un solo camino para resistir, sobreponernos y vencer a los estragos de esta pandemia; y es precisamente reconociendo que no somos “autosuficientes”, que como humanos “no nos hicimos a nosotros mismos”; y que es necesario volvernos a nuestro Hacedor, a nuestro Creador, a Aquél que puso orden al caos inicial en este mundo (Génesis 1) y que tiene el poder para sostenernos, levantarnos y ciertamente, ordenar nuestro mundo caótico.

Y qué agradable es encontrar en la frescura de Su Palabra, refrescamiento para nuestra alma y verdadera esperanza en medio de un futuro incierto desde la perspectiva humana; pero, lleno de gran esperanza para quienes decidamos confiar en Él, en Jesucristo, ¡el autor de la vida!

«Bendito es el hombre que confía en el Señor…» (Jeremías 17:7-8)

¿Conoce a Jesús personalmente?  ¿Le gustaría hacerlo?  Si es así, tome contacto con Hacia la Excelencia y estaremos gustosos de compartir más sobre nuestro Señor Jesucristo, la única esperanza para este mundo en caos.

 

Fuente:  Worldometer (información estadística – casos COVID-19)

Fotografía: Fotos 1 y 2: Envato Elements & Foto 3: Cecy Yepez

Pánico, desolación, desesperanza … ¿Dónde está su confianza?

«La crisis va más allá de lo que el esfuerzo humano puede hacer; va más allá de los recursos existentes».

 

Con certeza desde enero 2020, los distintos medios y las redes sociales nos han abrumado con millares de titulares, y que unos más que otros, han provocado temor, angustia, desesperanza, en definitiva, caos e inestabilidad.

En enero por ejemplo, “Incendios en Australia amenazan futuro de 327 especies protegidas de animales y plantas, dice el Gobierno”; también en enero, “Terremoto en Puerto Rico: cómo los sismos cambiaron la forma en que se ve la isla desde el espacio”; en febrero, “Al menos nueve muertos en el este de Turquía por un terremoto con epicentro en Irán”. Y seguramente, no nos ha sido ajeno el tan opinado tema sobre el “calentamiento global”.

Pues sí, la tierra ha enfrentado fuegos, ha temblado, se ha inundado, en diferentes lugares del planeta; y ciertamente, poblaciones han sido afectadas en distintas y críticas maneras; pero, de todos modos, cada uno de estos problemas han sido específicos, que han atacado específicos lugares. Y aunque sus vecinos y el mundo pudieron condolerse, nadie sufrió más que aquellos que en carne propia experimentaron estas tragedias. Por lo tanto, el dolor en sí fue sectorizado, por así llamarlo.

Ahora bien, más adelante, otros titulares se han sumado a los ya expuestos, así: “Reino Unido ‘bajo arresto domiciliario’ mientras coronavirus mide ‘poner fin a la libertad’”; “Coronavirus en Ecuador: Preguntas y respuestas sobre tratamiento de cadáveres en emergencia sanitaria”; “La pandemia podría reducir la economía mundial casi un 1% en 2020, dice la ONU”.

El panorama cambia drásticamente desde luego. Titulares de esta naturaleza, sobre un tema en particular, comienzan a surgir en los distintos países del mundo, uno tras otro, minuto a minuto; y tal parecería que, como el tic tac del reloj, noticia tras noticia, anuncian sobre el “enemigo invisible” – el COVID-19.

Enemigo, que al cierre de esta edición, ha atacado a más de un millón de víctimas y ha fulminado a 64.743 personas, alrededor del mundo. ¡Una verdadera tragedia!

Pero qué clase de enemigo es éste, que ha venido a trastornar la vida de todos los habitantes del planeta, como ningún otro. ¡El pánico ya no es sectorizado, es global! ¡El desastre ya no es sectorizado, es global!

¿Cómo salir de este encierro? ¿Cómo vencer al enemigo? ¿En quién confiar?  Son algunas de las tantas preguntas que se hace la humanidad en medio de esta crisis mundial. Y aunque el buen ánimo de algunos; el espíritu de motivación de otros; especialmente la tremenda buena voluntad y servicio abnegado de tantos más; y desde luego, la acción estratégica de los gobiernos que ciertamente no podemos dejar de mencionar; no obstante, no son suficientes para traer bienestar, ni salud, ni verdadera paz.

La crisis va más allá de lo que el esfuerzo humano puede hacer; va más allá de los recursos existentes. Ya no sólo es el virus como tal, que causa la enfermedad o incluso los lamentables decesos; es la tragedia emocional en el entorno familiar, en el entorno comunitario y en el entorno global.

Pero es ahí, cuando como seres humanos no tenemos a dónde volvernos, no tenemos lugar a dónde mirar para buscar refugio, cuando nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad, debilidad e impotencia para enfrentar lo desconocido; que navegamos en lo profundo de nuestro corazón y reconocemos que hay alguien, a quien podemos y debemos volvernos.

Ése alguien es Dios. Y la palabra “Dios” puede estar muy “manoseada”, muy “subutilizada”, muy “descontextualizada”. ¿Realmente el mundo tiene un verdadero entendimiento y conocimiento de quién es Dios?  ¿En verdad el mundo comprende acerca de la esencia y magnitud del Dios Creador de cielos y de la Tierra, de todo el universo y todo lo que en él hay?

Si en verdad, la humanidad entendiese la magnificencia de este Dios, entonces se uniría al Salmista de antaño, a David, y clamaría desde lo profundo de su corazón, en estos tiempos de crisis:

“Levanto la vista hacia las montañas,
  ¿viene de allí mi ayuda?
¡Mi ayuda viene del Señor,
 quien hizo el cielo y la tierra!…

“El Señor te libra de todo mal
    y cuida tu vida”.

 (Salmo 121:1-2,7  NTV)

 

Cuando entendemos que los recursos “humanos” se agotan, en medio de esta pandemia, no hay más sabia acción que volverse al Creador de la humanidad. No hay acción más sabia que volverse a Aquél que es el dador de la vida, a Aquél que salva y sana, a Aquél de quien fluye la verdadera paz.

¡No hay otro camino, que volverse al verdadero y todopoderoso Dios, a Jesucristo, la Vida misma, el Salvador del mundo, el Príncipe de Paz!

Mientras los noticieros proclaman pánico, desolación, desesperanza; solo aquél que pone su confianza en el Dios Eterno, Creador de cielos y de la tierra, tendrá la fuerza para proclamar serenidad, consolación y esperanza; entendiendo que su protección viene de lo Alto, de su Creador.

“¡Tú guardarás en perfecta paz
 a todos los que confían en ti;
 a todos los que concentran en ti sus pensamientos!
Confíen siempre en el Señor,
porque el Señor Dios es la Roca eterna”.

(Isaías 26:3-4  NTV)

 

Fuente: https://www.worldometers.info/coronavirus/

Fotos:  Cecy Yepez (1) & Envato Elements (2, 3, 4) – Diseño:  YNS

¡Una semana llena de Victoria!

La tan celebrada Semana Santa, como sabemos inicia con el conocido “Domingo de Ramos”, que no es otra cosa que la “entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén”. Sí, entrada triunfal porque todo el pueblo lo recibió con júbilo, algarabía, ofreciendo palmas, tendiendo sus mantos para que el Rey entrase a la ciudad. ¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» (Mateo 21:9). Hosana es en verdad un ruego por salvación, tal como se expresa en el Salmo 118:25 “Oh Señor, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Señor, que nos hagas prosperar ahora”.

El pueblo anhelaba a gritos salvación. ¿Pero, salvación de qué? Probablemente del estado social conflictivo de aquellos días; pero Jesús vino para traernos salvación aun más profunda, salvación a nuestras almas. Una semana después, Jesús muere en la cruz. El aclamado, es insultado, maltratado y vituperado. La esperanza muere. El Hombre, muere.

Sí, Jesucristo muere en su esencia humana; pero, Su poder divino es revelado 3 días después, cuando resucita en victoria. Cuando vence a la muerte, porque Jesús mismo es el dador de vida, es la Vida misma.

¡Jesucristo es el único que puede rescatarte de la muerte, de la muerte espiritual que es la más grave! ¿Sabes dónde pasarás la eternidad? ¿Piensas acaso que cuando mueras físicamente, todo se acaba? Jesús te dice, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. (Apocalipsis 3:20)  No esperes más. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida; no hay otro camino para asegurar una vida llena de paz aquí en la tierra y de esperanza de la eternidad en presencia misma del Creador del universo, donde ya no habrá más llanto, ni dolor, donde Jesús mismo enjugará nuestras lágrimas y nos dará paz eterna en su regazo, como sólo el Padre amoroso lo sabe hacer.

Para muchos la Semana Santa comenzó en victoria, pero terminó en desesperanza, en tragedia, en dolor, en muerte. Pero en realidad, la Semana Santa inició en Victoria y concluyó en Victoria aún mayor. ¡Porque Jesucristo se levantó de los muertos y vive eternamente y para siempre! ¡Dios no está muerto y puede transformar tu vida, entrégale a Jesús hoy mismo tu corazón!

 

Photo License by 123RF.

 

¡La única razón para celebrar la Navidad!

Navidad…

Hace más de 2.000 años se celebró la primera Navidad en la historia de la humanidad.

¡Nació el único y verdadero Salvador! Aquél cuyo propósito fundamental fue liberar este planeta del más horrendo exterminador…el pecado.  La paga del pecado es muerte. Más Jesús, el Salvador vino para darnos vida y vida en abundancia.

«Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación».    (Romanos 10:9-10)

¿Quieres conocer más? Contáctate con Hacia la Excelencia.