Archivo de la etiqueta: sufrimiento

La puerta estrecha

«El mal llegará disfrazado de supuesto bienestar, falsa felicidad, fingida paz, de aparentes grandes oportunidades…»

¿Ha tenido usted la oportunidad de atravesar algún camino o puerta estrecha tal vez en su comunidad o en un viaje de turismo? ¿Cómo se sintió?  ¿Fue fácil hacerlo o quizá tuvo alguna dificultad, o tal vez experimentó temor al hacerlo?

Recuerdo que una de las experiencias que tuve años atrás, mientras realizaba un reportaje, fue cuando visité el hogar de una familia de escasos recursos económicos en la costa ecuatoriana. Esta familia vivía en la parte trasera de una casa, ubicada en un barrio de extrema pobreza, con prácticamente ninguna comodidad. Aunque la parte delantera era de cemento, atravesé un pequeño camino lateral considerablemente estrecho para llegar al pequeño lugar que arrendaba la familia que entrevisté. A duras penas logré atravesar este oscuro y angosto pasadizo, lo hice de lado, imposible pasar de frente, el espacio era muy reducido. Mientras pasaba por el costado de esta casa, me sentí supremamente incómoda, con incertidumbre porque no sabía con qué iba a encontrarme al final del pasadizo y si no fuera porque iba acompañada probablemente hubiese sentido también miedo.

Pues bien, Jesús durante el conocido “Sermón de la montaña” instó a sus discípulos y en general a la gran audiencia que lo escuchaba a que “entren por la puerta estrecha”. Concretamente les dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). Esta exhortación la hace extensiva también a nosotros, hoy en día.

Contrario a lo que podríamos pensar, Jesús claramente afirma que amplio es el camino y ancha la puerta que conducen al mal del ser humano. De hecho, el mal jamás se presentará en un inicio con sufrimiento, tragedia, dolor; el mal llegará disfrazado de supuesto bienestar, falsa felicidad, fingida paz, de aparentes grandes oportunidades; pero al final del camino se desenmascará y mostrará su verdadero rostro – la tragedia sin retorno –.

Jesús en el pasaje referido de hecho, está hablando del camino a la vida eterna. Un camino que se inicia en esta Tierra y que cada alma humana tiene la libertad de decidir por dónde  transitar, si por el que conduce a la vida misma; o por el camino que conduce a la muerte eterna.

Le invito entonces a que considere lo siguiente:

  1. Todos los días escuchamos en distintas lugares que “todos los caminos conducen a Dios o al mismo dios”. Pero no es así, no se engañe, ni se deje engañar. El único camino que conduce a la vida eterna es Cristo Jesús. Él mismo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
  2. Consecuentemente Jesús es la única puerta que conduce al camino de salvación. Él mismo afirmó: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…” (Juan 10:9)
  3. Y mientras transitamos el camino de salvación, el camino hacia la vida eterna, un camino que muchas veces no será fácil, Jesús será nuestro sustento. Él claramente lo manifestó: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35)

El camino de salvación, el camino hacia la vida eterna definitivamente no será fácil, quienes así lo hemos escogido o quienes lo escojan, significará que claramente tendremos que dejar de lado las “aparentes buenas propuestas que la vida nos ofrece”. El camino hacia la vida eterna significa que decidimos caminar por las pisadas de nuestro Maestro, de nuestro Salvador, de nuestro Señor, de nuestro Dios Creador – Cristo Jesús; y estas pisadas representan al menos: amar sacrificialmente, perdonar y a veces a quien no lo merece – humanamente hablando, hablar con la verdad, actuar con integridad. Todo esto, aunque muchas veces sea increíblemente en nuestra contra.

Jesús dijo:  “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Sí, si usted decide escoger la puerta estrecha – Cristo Jesús – como su Salvador Personal, probablemente experimente aflicción a lo largo de su vida aquí en la Tierra; pero con certeza a lo largo del camino y al final de éste hallará la paz que sobrepasa todo entendimiento. Y que sólo se la halla en una relación íntima con Cristo Jesús, nuestro Salvador personal, el único Dios verdadero. Pero si no lo hace, lamentablemente, su destino será –tragedia sin retorno–; en otras palabras, ¡su destino será el infierno, un verdadero lugar de tormento eterno!

Ahora, usted está a solo un paso de experimentar esa paz, que nadie le arrebatará. Ore así:

Dios, Creador del universo y de todo lo que hay en él, reconozco que soy un pecador y hoy te pido perdón de todo corazón. Perdóname y límpiame de todo mal en mi vida y recíbeme como a uno de tus hijos y enséñame a caminar con corazón íntegro delante de ti y delante de quienes me rodean. Hoy declaro que Jesús, tu Hijo, es mi Salvador y que por Su sangre derramada en la cruz, hoy soy perdonado de todos mis pecados. Gracias Dios todopoderoso por tu gran misericordia y por regalarme hoy la vida eterna en tu Reino. Oro todo esto en el Nombre de Jesús, tu hijo amado. Amén.

 

 

Paz y adversidad, belleza y dolor…¿en un solo lugar?

«Si existe un Dios amoroso que nos creó, entonces Él debe estar angustiado por el estado de este mundo».

 

Amber Van Schooneveld, writer

Amber Van Schooneveld, escritora

                                            Amber Van Schooneveld

 

Amber es escritora y editora senior de Compassion Canadá. Antes de trabajar para Compassion Canadá, trabajó para Compassion International como gerente editorial de los escritores y fotógrafos en campo. Siempre ha tenido un corazón sensible con respecto al sufrimiento del mundo. Cuando era niña, lloraba cuando otros niños mataban hormigas. Desde entonces, esto le ha llevado a conmoverse por un sufrimiento mayor en el mundo. Es autora de Hope Lives [La Esperanza Vive] y Passport to Prayer [Pasaporte a la Oración], ambos libros destinados a ayudar a que la gente conozca el corazón de Dios con respecto al sufrimiento de este mundo y a tomar acción. Tiene un título en Inglés de la Universidad Estatal de Colorado y vive en Colorado con su maravillosa familia.

 
¿Es posible que la paz y la adversidad, la pobreza y la riqueza, la belleza y el dolor llenen este mundo al mismo tiempo?

Algunas veces, sentada tranquila en mi hogar en Colorado, disfrutando de un hermoso paisaje, saboreando una abundante comida familiar y observando a mis hijas jugar, las imágenes en las noticias sobre la guerra, el desastre y la extrema pobreza pueden parecer inconcebibles. ¿Entonces, cómo es que con todos los dolores, las decepciones e inconvenientes de la vida, se puede vivir con tal seguridad cuando muchos otros, por ejemplo, los refugiados de Siria, viven en tal temor y carencia? Esto aturde la mente.

Aun así, sabemos que éste es ciertamente, el estado del mundo. Sin embargo, ninguna de nuestras experiencias son del todo buenas o del todo malas. Incluso en mi vida segura y tranquila, no estoy protegida del dolor del cáncer o del suicidio. Y aquellos que viven en extrema pobreza también pueden tener todavía la alegría de la familia y la belleza de la creación de Dios. Todos, o al menos la mayoría de nosotros experimentamos tanto la gran belleza y el amor, como el dolor y la pérdida desgarradora.

¿En sus varios viajes a lo largo de países desarrollados y en vías de desarrollo, que es lo que le ha llamado la atención con respecto a este fenómeno?

Cada vez que regreso a los Estados Unidos tras un viaje a un país en vías de desarrollo casi siempre me

Amber, autora del libro "La Esperanza Vive"

Amber, autora del libro «Hope lives» [La Esperanza Vive]

sorprendo de cómo la gente no se da cuenta de lo bien que estamos. Al vivir en un lugar relativamente próspero es fácil mirar alrededor a aquellos que tienen más dinero que otros y que esos otros crean que apenas lo están logrando. Somos muy pocos los que tenemos el contexto para comprender el lujo en el que vivimos porque no estamos rodeados de las alternativas de las personas que no cuentan con agua potable, alimentos apropiados, hogares seguros o acceso a la banca, a la atención médica, a los seguros o a las redes de seguridad social.

Por otro lado, siempre me sorprende cuán similares somos, sin importar de qué país seamos. Las personas son personas. Existen significativas diferencias culturales, pero creo que en nuestra esencia todos somos mucho más parecidos que diferentes. Tenemos los mismos deseos, ser amados, estar seguros y ver a nuestros hijos y familias prosperar.

¿Es responsabilidad de Dios (si existe un Dios) o responsabilidad del hombre todas las tragedias que este mundo está experimentando?

Yo diría que son ambos. Si existe un Dios amoroso que nos creó, entonces Él debe estar angustiado por el estado de este mundo. Y la Biblia nos dice que Él lo está. (Por ejemplo, en Lucas 19, se registra que Jesús lloró por el sufrimiento que vendría a Jerusalén. Y en todo el Antiguo Testamento dice que Dios escucha el llanto de los oprimidos). Entonces, la pregunta más desafiante que alguna vez se ha hecho es: ¿Por qué un Dios amoroso permite tanto sufrimiento? No es una pregunta que puedo atreverme a responder bien y no pienso que sea una pregunta que comprendamos plenamente en este lado de la eternidad.

Muchos cristianos han respondido a la pregunta del sufrimiento diciendo que Dios usa nuestro sufrimiento para fortalecer nuestra fe y nos lleva hacia Él. Aunque sabemos que Dios usa el sufrimiento tanto por la experiencia como por los pasajes tales como Romanos 5:3-5, no creo que esta respuesta sea toda la historia. Puede conducirnos a una mala teología, por ejemplo, alguien que afirme que Dios causó la muerte de un niño con el fin de darle una lección a la madre sobre la fe. En mi opinión, la verdad a la que me aferro cuando me tambaleo por el sufrimiento del mundo es la que Dios creó al mundo en el que existe el libre albedrío porque Él quería crear un mundo de relaciones de amor. Para que exista el amor, es necesario el libre albedrío, lo que significa que el hombre es libre de hacer el bien o el mal. Dios dice que tiene un plan para redimir al mal que se perpetra en este mundo, pero al igual que un tapiz que es hermoso por un lado y enredado por el otro, es difícil ver el sentido de tanto sufrimiento en nuestra limitada perspectiva.

Sin embargo, en toda la Biblia, Dios dice que también somos responsables de responder al sufrimiento del mundo. Nos llama a hablar en nombre de la justicia, a romper las cadenas de los oprimidos y a ayudar a aquellos en pobreza. Aunque no comprendemos porque se permite el sufrimiento, sabemos que Dios nos llama a ser activos para acabar con él y llevarlo fuera de este mundo. De hecho, en Efesios 2:10, Pablo dice que ¡Dios ha preparado las buenas obras con antelación para que las pusiéramos en práctica! Que gran honor que Dios nos valore tanto como para permitirnos ser Sus manos, para traer activamente la paz, la justicia y la igualdad al mundo.

Es tan cierto que no podemos cerrar nuestros ojos y decir que este mundo es un “paraíso”, ¿Existe alguna esperanza?

Amber, en uno de sus viajes, con dos pequeñas de la India

Amber, en uno de sus viajes, con dos pequeñas de la India

Aunque no podamos comprender plenamente por qué Dios permite tanto sufrimiento, a menudo pienso de nuevo en Genesis 16, en el cual Dios observó el sufrimiento de Hagar, una sirvienta. Cuando ella estaba a punto de morir en el desierto, Dios vio su necesidad y la ayudó, lo que la llevó a llamarlo “el Dios que ve”. En medio de nuestro sufrimiento, nunca estamos solos. Dios dice que Él está cerca de aquellos con corazones rotos. Él ve el dolor del mundo, Él escucha el llanto de los oprimidos y Él nos llama a todos a ser activos para ser Sus manos, para ofrecer consuelo, socorro, amor y ayuda física a este mundo.