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De Señor a siervo – Del cielo a la cruz

“[El liderazgo cristiano] busca servir. Anima e inspira. Respeta en lugar de explotar a otros. Refleja, ora y actúa conforme las palabras de Jesucristo…»

Anthony D’Souza

Anthony D´Souza, en su libro “Developing the Leader within you” [Desarrollando el líder que está en usted] manifiesta que al discutir sobre habilidades de liderazgo y gerencia de personas debemos recordar que el liderazgo cristiano implica servicio. Y que de hecho cuando se considera a la Iglesia o a instituciones para eclesiásticas, este concepto de servicio se asimila más fácilmente. Sin embargo, cuando se trata de corporaciones y negocios en general, el término “servicio” se lo ve como que estaría fuera de lugar.

D´Souza expresa que parte de la confusión puede surgir de la falta de entendimiento del verdadero concepto de liderazgo. Y enfatiza que para muchos, liderazgo implica poder, autoridad, honor, prestigio, o ventaja personal. Y por supuesto, nada de eso constituye el liderazgo cristiano, acentúa.[1] Y, de hecho, así lo describe:

“[El liderazgo cristiano] busca servir. Anima e inspira. Respeta en lugar de explotar a otros. Refleja, ora y actúa conforme las palabras de Jesucristo: ´…sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos´ (Mateo 20:26-28)”. (D´Souza, Developing the Leader within You 1994)

Aquí cabe destacar que si bien el liderazgo de servicio es un concepto atemporal, la frase «liderazgo de servicio» fue acuñada por el reconocido autor Robert K. Greenleaf, en su ensayo, “The Servant as Leader” [El siervo como líder], ensayo que fue publicado originalmente en 1970.[2] En dicho ensayo, Greenleaf manifestó:

“Un líder siervo se centra en el crecimiento y el bienestar de las personas y las comunidades a las que pertenecen. Si bien el liderazgo tradicional generalmente implica la acumulación y el ejercicio del poder por parte de uno en la «cima de la pirámide», el liderazgo de servicio es diferente. El líder siervo comparte el poder, prioriza las necesidades de los demás y ayuda a las personas a desarrollarse y desempeñarse lo mejor posible”. (Greenleaf, Center for Servant Leadership 2016)

Si el liderazgo de servicio como frase fue acuñada y difundida desde los 70s; su concepto, su esencia misma son tremendamente más antiguos; de hecho, atemporal como bien lo ha dicho Greenleaf. Y es que hace más de 2.000 años, en realidad el liderazgo de servicio fue modelado, practicado y difundido por nuestro Señor Jesucristo.

Al inicio del ministerio de Jesús, fue Él quien enseñó liderazgo a Sus discípulos, tanto con la exposición de Su Palabra como a través de Sus obras. Definitivamente, los líderes empoderados, dice Anthony D´Souza, son aquellos que desafían el statu quo y forjan nuevos caminos. De hecho, Jesús enseñó a Sus discípulos a que sean líderes que cambien actitudes y tradiciones, como por ejemplo se expone Mateo 23:1-36 y Marcos 7:9,13.[3]

En “Empowering Leadership” [Empoderando el liderazgo], otro de los libros del autor Anthony D´Souza, claramente se expresa:

“Con el poder de las Escrituras, con la persuasión de las vívidas parábolas y con el patetismo del ejemplo de Su propia vida, Él [Jesús] les enseñó [a sus discípulos] a liderar a su gente”. (D´Souza, Empowering Leadership 2001)

Nadie podría negar que el estilo de liderazgo de Jesús fue único e inusual. Observemos algunas instancias, durante las cuales Jesús proveyó liderazgo, así:[4]

Para fines de este estudio, analizaremos más de cerca un caso de los arriba expuestos. Y nos enfocaremos en aquel relacionado con la mujer que estuvo a punto de ser apedreada por los fariseos, cuya historia la encontramos en Juan 8:3-11.

Robert K. Greenleaf, en su ensayo, “The Servant as Leader” [El siervo como líder], analiza el liderazgo de Jesús en este pasaje desde la siguiente perspectiva:

“Un líder debe tener más armadura de confianza para enfrentar lo desconocido, más que aquellos que aceptan su liderazgo…una creencia muy firme que en el estrés de las situaciones de la vida real uno pueda actuar en una forma que le permita que funcione el proceso creativo…Jesús se sienta allí escribiendo en la arena…En la presión del momento, habiendo evaluado la situación racionalmente, él asume la actitud de retirada que le permitiera tener una visión creativa para funcionar…Y vino una grande, una que ha mantenido la historia viva durante 2.000 años: ´El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella´”. (Greenleaf, The Servant as Leader 2008)

¿Quién pudo haberse resistido a estas palabras? ¿Quién pudo haberlas refutado? Como dice Greenleaf, Jesús pudo haber deleitado a la multitud con argumentos racionales sobre la superioridad de la compasión por sobre la tortura. Pudo haber presentado un buen argumento lógico para ello.[5] ¡Pero no lo hizo! Y más bien, con autoridad y conocimiento planteó el desafío ya expuesto, y entonces, la multitud fue dando un paso atrás, uno a uno:

“Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio”. (Juan 8:9)

Jesús era un líder, tenía una meta y ésta evidentemente era traer más compasión a las vidas de las personas.[6]

“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. (Juan 8:10-11)

Claramente Jesús, como líder siervo, demostró en este episodio su total compasión por los quebrantados de corazón y aún por los pecadores. Tan cierto como que esta mujer había pecado, también era cierto que había sido humillada públicamente; y Jesús respondió de modo inmediato en su defensa y protección, resguardando su dignidad; sin que esto signifique que haya tolerado su pecado. Todo lo contrario, tal como lo dice Su Palabra, Jesús no la condenó, pero sí fue enfático en direccionarla a una vida que no contemple el pecado como una alternativa.

Y así, siguiendo con nuestro análisis sobre el liderazgo de servicio, el reconocido D.L. Moody planteó la siguiente reflexión:

“La medida de un hombre no es cuántos siervos tiene, sino a cuántos hombres él sirve”. (Núñez, Jesús, el hombre que desafió al mundo y confronta tu vida 2018)

Cabe entonces denotar que Jesús, la imagen del Dios invisible; de hecho, el Creador mismo del universo, fue visto en diferentes y muchas instancias, en calidad de siervo. Es inconcebible como lo afirma el Dr. Miguel Núñez, que el Creador del mundo fuera visto sirviendo a la criatura. Que quien sustenta el universo (Hebreos 1:3), se arrodillara para lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:1-17).[7]

Pero Jesús, a lo largo de su vida terrenal nos dejó, sin lugar a dudas, un modelo de servicio y humildad. Y para sustentar lo dicho, analicemos cómo desde la encarnación de Jesús hasta Su muerte, esto fue una tremenda realidad. Para el efecto, nos referiremos al extraordinario estudio que presenta Miguel Núñez, en su libro, “Jesús, el hombre que desafió al mundo y confronta tu vida”.[8]

Jesús, desde antes de la creación del mundo, existía en forma de Dios, pero no consideró el ser igual a Dios. Se humilló, fue obediente y obediente hasta la muerte de cruz. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses 2:5-8)
Al entrar a este mundo, lo hace en un pesebre, carente de todo; sólo con la compañía de sus padres terrenales. “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”. (Lucas 2:1-7)
A la hora de servir, Jesús nunca solicitó a sus discípulos que hicieran algo, que Él no lo hubiese hecho antes. “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. (Juan 13:13-15)
En su entrada triunfal a Jerusalén, a la hora de ser aclamado como Rey, lo hace en un burro y no en un caballo como era lo usual para la realeza. “Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima”. (Lucas 19:28-35)
Jesús en Su primera venida, trajo un mensaje de paz y no de guerra, con el único propósito de reconciliar al hombre con Dios. Por ello, para cumplir este propósito, el único camino era la cruz. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”. (Isaías 53:6-7)

“por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud, y por medio de Él [Jesús] reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de Su cruz”. (Colosenses 1:19-20)

Con todo lo expuesto, es importante que nosotros, como líderes siervos, comprendamos esta profunda enseñanza, de modo que nuestro liderazgo refleje el carácter de Jesús y replique su modelo de liderazgo. Núñez, así lo resume:

  • “No hay exaltación sin humillación: la encarnación primero y la glorificación después.
  • No hay gloria sin sufrimiento: la cruz y luego la gloria.
  • No hay corona sin cruz: primero el servicio y luego la coronación”. (Núñez, Jesús, el hombre que desafió al mundo y confronta tu vida 2018)

Y magníficamente añade:

“En una sola frase pronunciada por Jesús se encuentra Su modelo de liderazgo: ´el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino para servir´(Mateo 20:28). Su vida de servicio honró tanto al Padre que, en Filipenses 2:9-11, el apóstol Pablo dice que el Padre le dio un nombre sobre todo nombre ´para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre´.” (Núñez, Jesús, el hombre que desafió al mundo y confronta tu vida 2018)

¡Extraordinariamente el Señor de señores se humilló como siervo, dejó su trono en el cielo, se despojó de su realeza y aún no escatimó el ser igual a Dios; y vino a la tierra con un solo propósito, reconciliar al pecador con Dios, dando su vida en rescate por muchos; se humilló hasta lo sumo y fue obediente hasta la muerte de cruz! Murió de modo que, a través de Su muerte, ¡los pecadores tengamos vida y vida en abundancia!

[1] Anthony D´Souza, Developing the Leader within You (Singapore: Haggai Centre for Advanced Leadership Studies, 1994), 4-5.

[2] Robert K. Greenleaf, “The Servant as Leader,” https://www.greenleaf.org/what-is-servant-leadership/

[3] Anthony D´Souza, Empowering Leadership (Singapore: Haggai Institute, 2001), ix-xi.

[4] Anthony D´Souza, Empowering Leadership (Singapore: Haggai Institute, 2001), x.

[5] Robert K. Greenleaf, The Servant as Leader (Westfiel, IN: The Greenleaf Center for Servant Leadership, 2008), 29.

[6] Robert K. Greenleaf, The Servant as Leader (Westfield, IN: The Greenleaf Center for Servant Leadership, 2008), 29.

[7] Miguel Núñez, Jesús, el hombre que desafió al mundo y confronta tu vida (Nashville, NT: B&H Publishing Group, 2018), 37.

[8] Miguel Núñez, Jesús, el hombre que desafió al mundo y confronta tu vida (Nashville, NT: B&H Publishing Group, 2018), 38.

El líder siervo como reflejo de la excelencia de Cristo – Introducción

“Dios, a través de la muerte, sepultura y resurrección de su Hijo, Jesucristo, ha redimido sus intentos distorsionados y débiles de retratar Su imagen. Los efectos de la caída están siendo revertidos…»

Richard D. Allen

Mientras tuve el privilegio de estudiar mi maestría en Corea del Sur, tuve también el privilegio de conocer a tantas personas que impactaron mi vida tremendamente.  Una de ellas, el Dr. Sang Bok David Kim, quien fue uno de mis profesores. Recuerdo que luego de dos años de estudio, enfermé críticamente; no obstante, asistía normalmente a clases, aunque en varias ocasiones, me sentía muy pero muy débil, que difícilmente podía concentrarme. De repente, mientras me recostaba a ratos sobre mi pupitre, sentí una mano que me daba una palmada, seguida de palabras llenas de dulzura, como un padre habla a su hija enferma. Ése era el Dr. Kim, que dejó de dar su clase, para acercarse hasta mi lugar y levantar mi ánimo, en medio del dolor que enfrentaba.

El Dr. Kim, un reconocido líder en Corea del Sur y fuera de ella. Presidente Emérito de Torch Trinity Graduate University, Pastor Emérito de Hallelujah Community Church, Embajador Global de Transform World Network, entre otras posiciones importantes de liderazgo; pero, sobre todo, un líder siervo que reflejó el carácter de Cristo, al dejar su plataforma de académico e inclinarse a alentar el corazón de una estudiante debilitada por la enfermedad. ¡Un líder con un corazón de padre!

Luego de este amplio pero muy necesario recorrido, se ha descubierto y comprobado que el Dios Trino Creador es ciertamente el Dios de la excelencia. Su carácter, Su hacer, Su creación así lo evidencian.

Por lo tanto, este extenso estudio previo nos ha permitido sentar las bases para el análisis y discusión siguientes, y que se enfocarán en lo concerniente al liderazgo cristiano, cuyos actores con certeza son los portadores de la imagen y semejanza de Dios, y consecuentemente son desafiados a ser ejemplo de excelencia en su ámbito de influencia.

Partiendo de esta premisa, consideramos ahora oportuno citar Génesis:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. (Génesis 1:26-28)

Erickson, tomando como referencia el pasaje antes expuesto, resalta que el ser humano tiene un lugar único en la creación; y no sólo eso, sino que ha sido colocado por sobre ella; de hecho, tiene domino sobre ella. Añade también que nuestro valor como humanos es grandioso, porque somos la más alta de las criaturas con excepción de los ángeles.[1]

Por su parte, Richard D. Allen, en su libro “The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity” [El principio de Génesis del liderazgo: Reclamando y cultivando su capacidad creada] expone que cada persona posee en igual proporción los atributos impartidos por Dios en el increíble acto de la creación; y que las características de liderazgo emergen de los atributos dados por Dios. Por ello, al ser cada ser humano, hombres y mujeres, creados a la imagen de Dios, esto significa que poseen igual capacidad y potencial completo para un efectivo liderazgo. Así, cuando nosotros, los seres humanos, reflejamos los atributos creados de Dios, entonces estamos liderando.[2]  Y Allen además enfatiza:

“Su llamado a portar la imagen de Dios tiene un profundo impacto en la manera en la que usted va a abordar la tarea del liderazgo. Como portador de Su imagen, Dios le manda a ser un líder. ´¡Dominad!´ Desde la creación misma del mundo, usted ha recibido la orden para ejercer dominio, liderar sobre toda la creación…Usted debe liderar la creación de Dios pero únicamente en la manera que ésta sea consistente con Su carácter – Sus atributos”. (Allen 2008)

Y siguiendo con este interesante estudio de Allen, es propicio resaltar que el mandato de Dios, Su encargo desde Génesis, no ha cambiado en absoluto.  Su mandato está vigente en cuanto a llenar la tierra de Su gloria y gobernarla. Ahora bien, hay un gran obstáculo que apareció en el camino, y ese gran obstáculo es el pecado. Éste ha causado estragos, impidiendo nuestra habilidad para cumplir fielmente el mandato de Dios. Ha pervertido los atributos puros y justos que Dios confió a la humanidad desde la creación. Y tal parecería que todo llegó a un punto de desesperanza. Felizmente, como dice Allen, el relato bíblico no termina ahí, con la caída del hombre, condenado a una lucha fútil y sin esperanza en procura de ser el portador de la imagen de Dios, sin éxito alguno. Vemos más bien que se abre una gran puerta, ¡y los atributos creados de Dios son redimidos![3]  Y así Allen precisa:

“Dios, a través de la muerte, sepultura y resurrección de su Hijo, Jesucristo, ha redimido sus intentos distorsionados y débiles de retratar Su imagen. Los efectos de la caída están siendo revertidos…A través de Cristo, usted ha sido reincorporado, nuevamente encargado para ser el líder portador de la imagen de Dios…Usted debe llenar la creación con la gloria de Dios reflejando Su gobierno justo a través del liderazgo que usted ejerza sobre su rincón de la creación”. (Allen 2008)

Con esto en mente, y entendiendo que como creación de Dios, todos los seres humanos hemos recibido el llamado a gobernar sobre la creación, en consecuencia a liderar; es importante ahora que nos centremos en el estudio del liderazgo cristiano, centro de esta investigación. ¡Próximamente más artículos respecto de este maravilloso tema!

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 512-513.

[2] Richard D. Allen, The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity (Mustang, OK: Tate Publishing & Enterprises, LLC, 2008), 23-24.

[3] Richard D. Allen, The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity (Mustang, OK: Tate Publishing & Enterprises, LLC, 2008), 44-45.

Un corazón marcado por la excelencia de Dios

“Se dice que el hombre persigue la imagen de Dios, no en lo que respecta a su cuerpo,                      sino en cuanto supera a otros animales…por su razón e inteligencia».

St. Tomás

Muy contenta de compartir un nuevo artículo de la serie sobre la «Excelencia de Dios». ¡Disfrútenlo!

Habiendo comprendido que la marca de la excelencia de Dios es Su imagen impregnada en el alma del ser humano; y más aún, habiendo comprendido que Jesús es la imagen viva, la reproducción exacta del Dios Padre Creador; está claro que se ha trazado el camino preciso para dilucidar como el corazón de Dios se refleja en el corazón del ser humano.

Consideremos aquí el razonamiento de Santo Tomás, que reza así:

“Se dice que el hombre persigue la imagen de Dios, no en lo que respecta a su cuerpo, sino en cuanto supera a otros animales. Por lo tanto, cuando se dice: ´Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza´, se agrega, ´y que tenga dominio sobre los peces del mar…´ (Génesis 1:26). Ahora bien, el hombre supera a todos los animales por su razón e inteligencia; por lo tanto, según su inteligencia y razón, que son incorpóreas, se dice que el hombre está de acuerdo con la imagen de Dios”. (Piper, Desiring God 1971)

John Piper, en su estudio “The Image of God” [La imagen de Dios], comparte en esta línea el siguiente sustento:

“Los primeros padres de la Iglesia estaban bastante de acuerdo en que la imagen de Dios en el hombre consistía principalmente en las características racionales y morales del hombre, y en su capacidad de santidad”. (Piper, Desiring God 1971)

Así, Dios ha depositado en el corazón del ser humano una parte de Su ser, estableciendo una gran diferencia entre la creación del hombre y la mujer; y los demás seres creados, tal es el caso de los animales, quienes no llevan en sí la imagen del Dios Trino Creador.  

De acuerdo con el análisis de David Casas y Russell Fuller, en su artículo “God´s Image – The Difference Maker” [La imagen de Dios: El Creador de la Diferencia], al examinar en qué se parece el hombre a Dios, se excluye por supuesto el cuerpo físico ya que Dios es Espíritu (Juan 4:24). Y, por otro lado, se excluyen las limitaciones de la criatura ya que Dios es infinito, eterno e inmutable en todos sus atributos (Salmo 90:2; Malaquías 3:6; Jeremías 23:24). El hombre en cambio se parece a Dios al tener un espíritu libre, racional y personal, que incluye, dicen los autores, una conciencia con la ley de Dios escrita en su corazón; por lo tanto, el hombre puede gobernar sobre la naturaleza de una manera similar a como Dios reina.[1] Citemos aquí Romanos 2 para sustentar esta verdad:

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi Evangelio”. (Romanos 2:14-16)

Por lo tanto, el corazón del ser humano no sólo que está marcado por la imagen de Dios, sino que la ley misma de Dios ha sido escrita en él.  Y esto, sin excepción alguna, todos los seres humanos, hombres y mujeres, niños y niñas, sanos y enfermos, sin distinción socioeconómica. Absolutamente todos somos portadores de la imagen de Dios; y, todos llevamos en nuestro corazón escrita la ley de Dios. De igual forma tanto para creyentes como para incrédulos. ¡Toda la creación humana, sin excepción!

El hecho de que el ser humano se asemeje a Dios, que su corazón tenga la marca de excelencia de Dios, tiene al menos tres profundas implicaciones.

  1. La imagen de Dios establece la dignidad humana

De acuerdo con el estudio de Casas y Fuller, las siguientes son dichas implicaciones[2], que las detallaremos una por una.

Aquí cabe exponer el pensamiento ateísta y el panteísta. Según los autores citados, al negar la imagen de Dios, el ateísmo disminuye la dignidad humana y reduce al hombre a un evento fortuito o casual, como si fuese un producto evolutivo de la materia, o un simple animal. El panteísmo, en cambio, niega la imagen de Dios y disminuye por el contrario la dignidad humana al exaltar toda la naturaleza como una manifestación de Dios.

Las Escrituras, sin embargo, testifican acerca de la dignidad del hombre. Al ser éste creado a la imagen y semejanza de Dios, lo posiciona por sobre toda la naturaleza. Para el efecto, citemos dos pasajes muy apropiados:

“Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies…” (Salmo 8:5-6)

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26)

2. La imagen de Dios establece la santidad de la vida

Los autores señalan que las culturas ateas rechazan la santidad de la vida en tanto se devalúa la vida de los nacidos y no nacidos como política de estado. No obstante, la Palabra de Dios protege la santidad de la vida en sus leyes. Y con respecto a este tema, anteriormente (en artículos previos) se ha discutido suficientemente lo expuesto en Génesis 9:6. Dios decreta que, si alguien comete asesinato, el asesino debe igualmente perder su vida, porque el hombre es hecho a la imagen de Dios. Los autores aquí enfatizan que el crimen es realmente un asalto directo en contra de Dios. De hecho, en una situación, así como la expuesta en Génesis 9:6, Dios buscará personalmente al asesino y lo tendrá como responsable.

En esta línea, es interesante como John Calvin observó que debido a que el hombre es el portador de la imagen de Dios, Dios se considera a sí mismo «violado en su persona”, se considera en otras palabras como “la víctima”. Por lo tanto, dice, no se puede dañar a otro ser humano sin herir a Dios mismo.

Los autores concluyen que Dios creó la vida del hombre sagrada. De destruirse esta vida, no hay otro camino más que el juicio divino.

3. La imagen de Dios establece la necesidad para la redención de Dios

De no tener el hombre la imagen de Dios en su ser, en su corazón, el plan de redención simplemente no existiría. Cabe clarificar, que lo expuesto no implica que poseer la imagen de Dios da derecho a los pecadores a la redención, pero la redención requiere que los pecadores hayan sido creados a Su imagen.

Es tremendamente interesante como Casas y Fuller exploran este tema. Y dicen que el propósito de Dios para enviar a Su Hijo a semejanza del hombre era renovar la imagen de Dios en la humanidad a través del Evangelio. Examinemos Efesios 4:

“y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. (Efesios 4:24)

De hecho, los cristianos han sido conocidos y predestinados para conformarse a la imagen de su Hijo, de acuerdo con Romanos 8:

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos”.  (Romanos 8:29).

Así, el evangelio, una vez recibido, renueva la imagen que fue estropeada tanto por el pecado de Adán como por nuestro propio pecado para que el creyente pueda «llevar la imagen de lo celestial»:

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante…Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. (1 Corintios 15:45,49)

Debido a que Dios nos creó a Su imagen, siendo así coronados con gloria y honor, y debido a Su gracia infinita hacia nosotros los pecadores que no lo merecemos, Dios envió a Su Hijo para redimirnos.

Como seres humanos, somos tremendamente privilegiados porque nuestro corazón ha sido marcado con la imagen misma del Dios invisible. Nos ha otorgado dignidad y santidad. Ha infundido valor en nosotros, sin importar nuestra condición.

Y no sólo ello, sino que en medio de nuestra condición de pecado, condición que nos separa y quebranta la comunión con nuestro Creador; y que incluso por causa de ésta, somos juzgados, señalados o desechados por nuestro entorno; es asombroso conocer que Él mismo ha preparado el camino para nuestra redención y restauración. Jesucristo, la imagen del Dios invisible, es tal camino. Y aquí cabe citar 2 Corintios:

 “Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. (2 Corintios 4:3-4)

Así, por todo lo expuesto, está claro que Jesús es la imagen y la plenitud de Dios; por lo tanto, los seres humanos reestablecen la imagen de Dios en su corazón, en su ser; en tanto Cristo viene a ser el centro mismo de sus vidas.

La excelencia del corazón de Dios fue definitivamente impregnada en nuestro corazón, ahora somos nosotros quienes debemos expandir el corazón de Dios donde quiera que vayamos”.[3]


[1] David Casas and Russell Fuller, “God´s Image – The Difference Maker,” Answers in Genesis, https://answersingenesis.org/are-humans-animals/gods-image-difference-maker/

[2] David Casas and Russell Fuller, “God´s Image – The Difference Maker,” Answers in Genesis, https://answersingenesis.org/are-humans-animals/gods-image-difference-maker/

[3] Cecilia Yépez, “La Excelencia comienza en el corazón – Parte 2”, Blog “Hacia la Excelencia”, https://hacialaexcelencia.org/2017/04/10/la-excelencia-comienza-en-el-corazon-part-2/

Jesús, la imagen del Dios invisible

El Dios Trino Creador pretende que un sentido similar de compañerismo, obediencia y amor sean las características de la relación humana con Él, y que los humanos estén unidos en amor.

Siguiendo con el tema «La excelencia comienza en el corazón del ser humano», a través de este artículo nos enfocaremos en Jesús, quien nos permitirá comprender aún más acerca de la imagen de Dios, abordaremos su carácter y sus acciones, puesto que Él es el ejemplo perfecto de lo que la naturaleza humana debió ser. Y nuevamente y tal como lo presenta Erickson, referiremos parte de su análisis para el propósito de este estudio, así:[1]

  • Jesús tuvo una comunión perfecta con el Padre. Un magnífico ejemplo de esto se observa en Juan 17, a través del cual se afirma que Jesús y el Padre son uno (v. 21, 22). Además, que Jesús glorifica al Padre y que el Padre glorifica a Jesús (v. 1, 4, 5, 22, 24).
  • Jesús obedeció la voluntad del Padre perfectamente. Y para el caso, es importante que citemos un par de pasajes, así:

“Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. (Juan 4:34)

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. (Juan 5:30)

Crown of thorns, hammer, bloody nails on ground. Good Friday, Passion of Jesus Christ. Christian Easter holiday. Top view, copy space. Crucifixion, resurrection of Jesus Christ. Gospel, salvation

“…Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. (Lucas 22:42)

En estos tres pasajes compartidos, se observa total sumisión de Jesús ante el Padre durante su vida terrenal, tal sumisión aún en el Huerto de Getsemaní, sumisión que lo llevó en obediencia hasta la muerte y muerte de cruz.

  • Jesús siempre desplegó un fuerte amor por los seres humanos. Nuevamente compartamos un par de pasajes para el respectivo análisis:

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. (Mateo 9:36)

“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio”. (Marcos 1:41)

“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores”. (Lucas 7:13)

“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…” (Lucas 23:34)

Observamos aquí la preocupación de Jesús por las ovejas perdidas de Israel, Su compasión y dolor por los enfermos y los que sufren en general, así como Su paciencia y perdón por aquellos que han fallado.

El Dios Trino Creador pretende que un sentido similar de compañerismo, obediencia y amor sean las características de la relación humana con Él, y que los humanos estén unidos en amor. Erickson enfatiza que somos completamente humanos sólo cuando manifestamos estas características.

Y por ello, nosotros los seres humanos que somos portadores de la imagen divina, aprendemos de Jesús, la imagen del Dios invisible. El apóstol Pablo lo manifiesta en el capítulo 1 de su Epístola a los Colosenses:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. (Colosenses 1:15)

Y de hecho, también lo corrobora Colosenses, en el capítulo 2:

“Porque en Él [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. (Colosenses 2:9)

Es extraordinario entender a través de la Escritura (Colosenses 1:15-17) del gran poder creador de Jesús; y a la vez, cómo Jesús se despoja de este gran poder divino y se encarna, de modo que viene a morar en la Tierra y no sólo eso, sino que se humilla a sí mismo y entrega Su vida por el pecado de la humanidad. Jesús existió desde antes de la fundación de los tiempos. Jesús nos revela a Dios y nos enseña a los seres humanos, portadores de la imagen de Dios, cómo actuar como tales portadores. Filipenses 2, es un muy buen ejemplo:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre…” (Filipenses 2:5-9)

Volviendo a Colosenses 1:15, es importante resaltar que al hablar de Jesús como la “imagen del Dios invisible”, en el griego la palabra εἰκών [eikon] significa que es la proyección exacta, la fotografía, la reproducción misma del Dios invisible. Jesucristo mismo lo dijo en Juan 14:8-10, que el que lo ha visto a Él ha visto al Padre. Por lo tanto, afirma Roberto Miranda que el que ha visto a Jesús en Su persona, en Su carácter, en Su poder perfecto, en Su gloria, en Su Palabra perfecta, en Sus enseñanzas, ha visto definitivamente al Padre. La esencia de Jesús es la esencia misma del Padre.[2]

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 533-534.

[2] Roberto Miranda, “La imagen del Dios invisible”, leondejuda.org, https://www.youtube.com/watch?v=k_31l_MPYFE

La marca de la excelencia de Dios – Su imagen

El alma es precisamente la que fue sellada con la marca de excelencia de nuestro Dios Trino Creador, porque fue hecha a Su imagen:

“Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27)

Wernher von Braun, de hecho, reconoció al alma humana como la obra maestra de Dios. Y es en el alma humana que Dios ha impregnado Su imagen:

«Los científicos ahora creen que en la naturaleza, la materia nunca se destruye. Ni siquiera la partícula más pequeña puede desaparecer sin dejar rastro. La naturaleza no conoce la extinción, solo la transformación. ¿Tendría Dios menos respeto por su obra maestra de la creación, el alma humana? Cada persona recibe el regalo de la vida en esta tierra…El conocimiento de que el hombre puede elegir entre el bien y el mal debería acercarlo a su Creador … «. (Federer 2016)

Tan cierto como el análisis de Von Braun, los grandes teólogos y eruditos a lo largo de la historia han estudiado seria y profundamente lo concerniente a la “imagen de Dios”. Y la Palabra en sí nos brinda algunas porciones tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento.

Ya hemos citado anteriormente Génesis 1:26-27 que fundamentalmente tienen que ver con la intención de Dios de crear al ser humano y de hecho con Su acción concreta.

También en Génesis 9 encontramos otro versículo donde se hace alusión a la “imagen de Dios”, así:

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. (Génesis 9:6)

Erickson comenta que en Génesis 9 el asesinato se prohíbe sobre la base de que el ser humano fue creado en la imagen de Dios. Aunque este pasaje no menciona que los humanos portan aún la imagen de Dios, está claro que lo que Dios ha hecho anteriormente, tiene aún efecto, incluso posterior a la caída.[1]

Citemos ahora un pasaje del Nuevo Testamento donde también se hace referencia al tema en cuestión; y a través del cual las Escrituras evidencian que el ser humano es creado a la imagen de Dios, aún después de la caída.

“[La lengua] con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”. (Santiago 3:9)

Erickson en su libro “Christian Theology” [Teología Cristiana] presenta algunos puntos de vista acerca de la naturaleza de la imagen de Dios. No obstante, concluye indicando que, al haber varias interpretaciones, esto es una indicación de que no hay una afirmación directa en las Escrituras sobre el tema. Por lo tanto, se deben extraer razonables inferencias de lo poco que la Biblia dice sobre este tema.  Y aquí compartimos las más relevantes, según el análisis de Erickson:[2]

  • La imagen de Dios es universal dentro de la raza humana. Si se analizan los pasajes Génesis 9:6 y Santiago 3:9-10; observamos prohibiciones de asesinato y maldición, respectivamente. Y estas prohibiciones se aplican sin limitaciones para toda la humanidad, sobre la base de que la humanidad fue creada a la imagen de Dios.
  • La imagen de Dios no se ha perdido como resultado del pecado o específicamente de la caída. Así, volviendo al análisis de las prohibiciones del asesinato y de la maldición, éstas aplican tanto a pecadores como a creyentes piadosos. Se asume así la presencia de la imagen y semejanza en los no creyentes. Si éste es el caso, significa que la imagen de Dios es algo que está conectado inseparablemente con la humanidad.
  • No hay indicaciones de que la imagen esté presente en una persona en un grado mayor que en otra. Dotaciones naturales superiores como un alto nivel de inteligencia; no es evidencia de la presencia o de un grado determinado de la imagen.
  • La imagen se refiere a los elementos en la composición humana que permiten el cumplimiento del destino humano. Se trata de los poderes de la personalidad que de alguna manera hacen a los humanos como Dios, es decir, seres capaces de interactuar con otras personas, de pensar, reflexionar y que tienen voluntad. La creación de Dios tuvo un propósito definido:  El humano estuvo destinado a conocer, amar y obedecer a Dios, y a vivir en armonía con otros seres humanos. Y enfatiza Erickson que los humanos son más plenamente humanos cuando están activos en estas relaciones, cumpliendo el propósito de Dios. Menciona aquí también que los atributos de Dios que algunas veces se refieren a los atributos comunicables constituyen la imagen de Dios.  Y puntualiza:

“La humanidad en cuanto humanidad tiene una naturaleza que abarca todo lo que constituye la personalidad o el yo: inteligencia, voluntad, emociones. Ésta es la imagen en la que se crearon los humanos, permitiéndoles tener la relación divinamente intencionada con Dios y con los demás humanos, y ejercer el dominio”. (Erickson 2003)

  • Es interesante que Erickson hace también mención al pensamiento de Karl Barth, quien dice que la imagen está presente en lo humano en tanto es humano. Y mira la imagen de Dios no sólo consistente en la relación vertical entre el humano y Dios; sino también en la horizontal entre los seres humanos. La imagen está relacionada con el hecho de que Dios creó un ser que, como Él mismo, puede ser un socio.

Así como este chico está sucio cubierto de pintura; así también el pecado mancha al ser humano, mancha la imagen de Dios. 

Viene bien destacar aquí una síntesis del estudio de Miguel Núñez, quien manifiesta que la imagen de Dios no ha sido perdida. Sí trastocada, desfigurada, pisoteada, distorsionada; pero, definitivamente no ha sido perdida. Por definición, dice, la imagen de Dios no puede ser perdida porque Dios existe permanentemente. Lo que la distorsionó es el pecado. Como seres humanos tenemos una mente con la cual pensamos, igual que Dios; emociones que sentimos; una inteligencia, un espíritu, existencia, todo esto al igual que Dios. Y en términos de destrucción del alma, no vamos a morir, al igual que Dios. El ser humano pasará al infierno o a la presencia de Dios, dependiendo de que sea un creyente o no; pero, va a seguir existiendo, al igual que Dios. Entonces lo que distorsiona la imagen de Dios es el pecado que entró al hombre. La naturaleza pecaminosa afectó en tanto la mente quedó entenebrecida, ésta distorsiona la percepción de la realidad de lo que el ser humano ve. Igualmente, los sentimientos quedaron afectados, el ser humano se ha vuelto egocéntrico, trata de satisfacer sus propias necesidades egoístamente. Antes de la caída, hubiésemos vivido en la presencia de Dios y no hubiésemos tenido las desviaciones que ahora tenemos.

El Dr. Núñez hace referencia a dos pasajes bíblicos que también fueron antes mencionados en este capítulo, Génesis 9:6 y Santiago 3:9. Los dos pasajes, dice, ocurren después de la caída. Y Dios sigue afirmando a través de ellos sobre la existencia de la imagen de Dios en el hombre. La imagen de Dios permanece en nosotros, y la gravedad de un crimen, violencia intrafamiliar o aborto radica básicamente en que los seres humanos seamos portadores de la imagen de Dios; si ésta no estuviera en nosotros pudiésemos morir igual que los animales y nada tendría ninguna consecuencia, concluye.[3]

 

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 519.

[2] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 519-533.

[3] Miguel Núñez, “¿Es el hombre pecador aun la imagen de Dios?” Edificando,  https://www.youtube.com/watch?v=uaKE_9n-G_M