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El Creador prepara el hogar para Su obra maestra – el ser humano

«Dios creó todas las cosas para preparar una casa y una posada…después de que todo lo que pertenece a la esencia de una casa está listo, el hombre es traído…» 

[Las obras de Lutero]

La creación ciertamente revela a su Creador. Su poder, majestuosidad, sabiduría, ingenio y cuidado.

El Creador arma una composición artísticamente bella e incomparable con una extraordinaria e interminable gama de elementos:  Luz visible en el esplendor del día y densa oscuridad en la calma de la noche. El cielo con sus estrellas, la inmensidad de las aguas y los profundos mares, la tierra de hermosos paisajes. Aves que increíblemente vuelan en las alturas del cielo en contra del viento; monstruos marinos y una infinidad de criaturas que moran en el fondo del mar; bestias y animales que galopan en el campo. Densa y exuberante vegetación, infinidad de árboles frutales.

Un mundo lleno de colorido y exquisitez. Armónicamente diseñado, cuyos sonidos superan a la más brillante sinfónica: desde el delicado trinar de los pájaros hasta el rugir imponente del león. Desde la suave e imperceptible brisa del mar hasta el golpe y rugido de sus majestuosas olas. Desde la lluvia refrescante hasta el trueno intimidante.

Y esta maravillosa sinfonía llega a su clímax con el sonido aún más espectacular, sublime y apacible; las palabras dulces y amorosas del Dios Creador hacia lo más excelso de su creación, Adán y Eva; quienes ciertamente gozaban de una intimidad espléndida con Su Creador, en la delicia del Huerto del Edén.

“Y vio Dios que era bueno”, “y he aquí que era bueno en gran manera”.  ¡Vio Dios que Su creación era buena en gran manera! A través de Su creación, palpamos la inmensidad del amor de Dios por la obra maestra de Su creación – la humanidad. Tan grande el amor de Dios, que paso a paso, detalle por detalle, precisión tras precisión, fue diseñando y creando el hogar para la humanidad.

Esto nos lleva a comparar de alguna manera con los millones de episodios en el mundo, cuando las parejas de esposos se preparan para recibir a su pequeño bebé.  ¡Cuánta alegría, cuánto gozo, cuánta expectativa! Nueve meses de tanto amor, mucha ilusión y desde luego, mucho trabajo para preparar adecuadamente el cuarto del bebé, su ajuar, colorida y abrigada ropa, sus primeros juguetes, incluso preparación especializada para saber cómo darle de lactar, cómo preparar la comida del bebé conforme vaya creciendo, cómo asearlo y bañarlo, cómo protegerlo de enfermedades, cómo interactuar día a día con el pequeño de modo que el ambiente en el que se desarrolle sea seguro, agradable, saludable y lleno de vida.

Del mismo modo, el Creador del universo, se tomó el tiempo necesario para diseñar con espléndida precisión cada parte del magnificente hogar que regaló al ser humano para que crezca saludable, seguro y lleno de vida. ¡Dios vio que en verdad el hogar creado era bueno y bueno en gran manera!

Como lo expresa Mark DeVine, en su libro, “Shalom Yesterday, Today and Forever: Embracing All Three Dimensions of Creation and Redemption” [Shalom ayer, hoy y siempre: Abrazando las tres dimensiones de la creación y la redención]:

“A Dios sea la gloria por las cosas que Él ha hecho. Y qué es lo que Él ha hecho. Él ha hecho los cielos y la tierra como el hogar adecuado para las criaturas humanas hechas a Su imagen”. (DeVine 2019)

Así mismo Lutero reconoce en su obra “Luther ´s Works” [Las obras de Lutero] que el Creador en verdad es proveedor, sustentador y cuidador de la humanidad:

«Dios creó todas las cosas para preparar una casa y una posada, por así decirlo, para el futuro hombre … luego, después de que todo lo que pertenece a la esencia de una casa está listo, el hombre es traído, por así decirlo, en su posesión para que podamos aprender que la providencia divina para nosotros es mayor que toda nuestra ansiedad y cuidado». (DeVine 2019)

Así, y de acuerdo con el relato bíblico en Génesis, en el día sexto, Dios concluyó su actividad creativa, y la concluyó esencialmente con la creación de Su obra maestra – el ser humano; y en el día séptimo reposó y santificó este día.

“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. (Génesis 2:1-3)

Es claro entonces que el pronunciamiento de Dios después de la creación de la humanidad habla elocuentemente del significado único de la humanidad en comparación con el resto de la creación; señala Devine con precisión. Y añade que solo con la creación de la humanidad y su inclusión dentro del orden creado, puede la creación en su conjunto extraer el superlativo «muy bueno» de parte del Creador. En verdad, esto habla de la singularidad de la humanidad dentro del orden creado, una singularidad que incluye una posición de superioridad y un valor único dentro del universo. Y DeVine enfatiza que no se crea ninguna otra criatura imago dei. Ninguna otra criatura ejerce dominio sobre las formas inferiores de la creación.[1]

[1] Mark DeVine, Shalom Yesterday, Today and Forever: Embracing All Three Dimensions of Creation and Redemption (Eugene, OR: Wipf and Stock, 2019), 709.

Creación – una jornada de seis días…

 

“Y dijo Dios…”, “y fue así…”, simplemente denotan la autoridad de nuestro Dios Creador. Su Palabra es veraz y es autoridad…“Y vio Dios que era bueno”, “y he aquí que era bueno en gran manera”, hablan absolutamente de la excelencia de Dios.

Cecy Yepez

Siguiendo el compromiso de “Hacia la Excelencia” compartimos ahora un segundo extracto del estudio “El Dios de la creación como autor y ejemplo de excelencia”, en esta ocasión enfocado en la extraordinaria jornada de seis días en la que tuvo lugar la maravillosa creación.

Así que, ¡póngase cómodo y viajemos brevemente a través del tiempo!

Herbert Wolf manifiesta que Génesis fue en realidad escrito como el prólogo del resto de la Biblia. En términos generales, Génesis expone sobre el origen del universo, del mundo físico, de la vida humana, de las culturas y por cierto de la nación de Israel. Todo esto sin contar la detallada explicación de cómo el pecado entró a este mundo y cómo éste arruinó la creación original de Dios.[1]

Es interesante que a lo largo del relato de la creación se observa la frecuencia de al menos 4 frases a las cuales se les debe prestar mucha atención, así: “Y dijo Dios…”, “y fue así…”, “Y vio Dios que era bueno”, “y he aquí que era bueno en gran manera”.

Las primeras dos frases: “Y dijo Dios…”, “y fue así…”, simplemente denotan la autoridad de nuestro Dios Creador. Su Palabra es veraz y es autoridad. Lo que Dios dice, eso se cumple. Conforme lo expresa el Salmo 33:8-9:

“¡Tema a YHWH toda la tierra!  

¡Tiemblen delante de Él

todos los habitantes del mundo!      

Porque Él dijo y se hizo, Él ordenó y se cumplió”. (Biblia Textual IV Edición 2018)

Las segundas dos frases: “Y vio Dios que era bueno”, “y he aquí que era bueno en gran manera”, hablan absolutamente de la excelencia de Dios. Pero estas dos últimas frases van definitivamente conectadas con las dos primeras. Dios emite Su Palabra con autoridad y veracidad, consecuentemente se ejecutan Sus decretos y los mismos se ejecutan con indudable excelencia.

Don Fleming, autor del “Concise Bible Commentary” [Comentario Bíblico Conciso], en su sección “Plan del relato de Génesis”, manifiesta que la Tierra constituye sólo una parte pequeña de la creación de Dios. Y en esta línea, añade:

“El relato de Génesis se preocupa en mostrar que Dios hizo todo de la nada, que Él trabajó de lo aquello sin forma hasta aquello que tiene forma, de lo simple a lo complejo. Describe cómo Él llevó al universo a través de varias etapas hasta que Su actividad creativa alcanzó su clímax en Adán y Eva”. (Fleming 1994)

Así, es tiempo entonces de recorrer parte de la gran obra creadora de Dios, poniendo en marcha la imaginación, un recorrido que originalmente duró seis días, expuesto en Génesis 1:1 – 2:3. Y para el efecto, citaremos nuevamente a Fleming, quien de modo sencillo pero a la vez dinámico y creativo, sintetiza magníficamente esta obra:

Al principio la tierra estaba sin forma y en oscuridad, debido a la masa de agua que le rodeaba, pero en tanto las espesas nubes de vapor comenzaron a perder su densidad, una luz brumosa vino desde el invisible Sol (1:1-5 – Día 1).

Y en tanto perdieron mayor densidad, las nubes de vapor se levantaron de la tierra, produciendo una clara distinción entre la superficie de los océanos y el techo de las nubes pesadas encima (1:6-8 – Día 2).

Mientras tanto la Tierra (el planeta) estaba secándose y apareció visible la tierra como tal. Formas más simples de vida comenzaron a aparecer. Varias clases de suelos y condiciones climáticas produjeron varias clases de plantas, las cuales se crearon así para que continúen produciendo más plantas según su propia especie (1:9-13 – Día 3).

La pesada nube encima, que poco a poco se volvió más y más delgada, finalmente se rompió. Y entonces, el sol, la luna y las estrellas que antes estaban escondidos, ahora están claramente visibles. Y su efecto en la tierra permitió que se produzca una variedad de climas y un patrón anual de estaciones (1:14-19 – Día 4).

En tanto la actividad creativa de Dios avanzó, la vida animal comenzó a aparecer, con criaturas en el mar y criaturas en el cielo (1:20-23 – Día 5).

La Tierra también experimentó el aparecimiento de la vida animal, hasta que igualmente se llenó de toda clase de criaturas. Y finalmente, llegó la primera pareja humana, que representó el pináculo de la creación de Dios. A diferencia de los otros seres vivientes, la pareja humana fue creada a la imagen de Dios. (1:24-31 – Día 6).[2] Y sobre ésta hablaremos más adelante y cómo Dios, su Creador preparó todo para su recibimiento.

En todo este recorrido de la creación, es importante resaltar que cinco de los seis días de la creación propiamente, se reitera el comentario: “Y vio Dios que era bueno”.

Henry M. Morris III, en su artículo “Genesis and the Character of God” [Génesis y el carácter de Dios], señala que es la misma palabra en hebreo que se utiliza cada vez y significa justo lo que se espera, es decir:  bueno, agradable, encantador, excelente, beneficioso. De hecho, este término se utiliza más de 500 veces en la Biblia. No hay nada tan inusual acerca del uso de la Palabra de Dios, dice Morris, excepto que es repetida a menudo y que es Dios quien usa este término.[3]

Y la sexta vez, precisamente en el día sexto, se observa un énfasis mayor, “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).

La palabra hebrea para bueno es טוב [TOV] y desde la perspectiva hebraica significa que “TOV” es práctico y funcional, no solamente un estado de placer. Así en Génesis 1:31, se observa que Dios vio que Su creación funcionó perfectamente.[4]

Por otro lado, Nachmanides interpreta la palabra מְאֹ֑ד [ME´OD] como “principalmente”, es decir, el mundo es “principalmente bueno”, citando a Onkelos, se precisaría aún más como “muy ordenado” y “apropiadamente arreglado”.[5]

A través de la jornada de seis días, se muestra sin duda alguna que la creación despliega la marca de excelencia del Creador. De hecho, el Creador mismo manifestó que Su creación es impecable en todo sentido. Es impecable por seguro en belleza, en función, en propósito y en potencial. Concluida la creación, Dios lo vio todo y vio que todo lo creado era bueno en gran manera.[6]

Más del Dios de la excelencia en nuestra próxima edición. ¡Hasta pronto!

 

[1] Herbert Wolf, An Introduction to the Old Testament – Pentateuch (Chicago: Moody Press, 1991), 79-80.

[2] Don Fleming, Concise Bible Commentary (Chattanooga, TN: AMG Publishers, 1994), 13.

[3] Henry M. Morris III, “Genesis and the Character of God,” Institute of Creation Research, https://www.icr.org/article/genesis-character-god/

[4] CMJ Israel, “Hebrew Word Studies,” CMJ Israel, https://www.cmj-israel.org/yeshiva/hebrew-word-studies

[5] Zachary Braiterman, “Tohu and Bohu are TOV – Genesis,” Jewish Philosophy Place, https://jewishphilosophyplace.com/2014/10/19/tohu-vabohu-is-tov-genesis/

[6] BibleRef, “What does Genesis 1:31 mean?,” BibleRef, https://www.bibleref.com/Genesis/1/Genesis-1-31.html

 

El Dios de la creación como autor y ejemplo de excelencia – Introducción

«…desde lo microscópico y complejo del ADN hasta el magnificente e inalcanzable mundo galáctico del esplendoroso universo, la marca de excelencia del Creador está infaliblemente presente».

Cecy Yépez

Por algunos meses “Hacia la excelencia” ha guardado silencio, debido a algunas circunstancias, quizá una de las principales, en tanto yo, su autora, estuve trabajando en una investigación cuya temática definitivamente me apasiona. Y desde hace algún tiempo he considerado compartir extractos de ésta con cada uno de ustedes, la dilecta audiencia de “Hacia la Excelencia”.

A partir de hoy tengo y tendré el placer de brindarles un amplio panorama acerca de la excelencia del Dios Trino Creador y sus implicaciones en el quehacer del liderazgo y en particular del liderazgo cristiano en sus diversos ámbitos de influencia.

A través del estudio de Génesis 1 y 2, entre otros pasajes bíblicos, se aborda el fascinante mundo de la creación y sus diferentes momentos, en los que se despliega sin lugar a dudas la excelencia de su Hacedor. Se observa, desde luego, que desde lo microscópico y complejo del ADN hasta el magnificente e inalcanzable mundo galáctico del esplendoroso universo, la marca de excelencia del Creador está infaliblemente presente.

Vista espacial del Planeta Tierra y la Estrella Sol girando sobre su eje en el universo negro.
Elementos de imagen proporcionados por la NASA. [Evanto Elements]

Y desde luego, este estudio destaca la presencia sublime y sobrenatural de la marca de excelencia en la obra maestra del Creador – el ser humano, en cuyo ser dejó impregnada Su imagen y semejanza; la cual lamentablemente fue trastocada, manchada y quebrantada por causa de la caída, pero se enfatiza que ésta tiene la oportunidad de ser restaurada, a través de la obra redentora de Cristo. De Quien, por cierto, se hace un estupendo abordaje como “la imagen del Dios invisible”, basado en Colosenses 1:15-17 y Colosenses 2:9.

De hecho, y para comprender aún más acerca de la imagen de Dios, se analizará también el carácter de Jesús y sus acciones, puesto que Él es el ejemplo perfecto de lo que la naturaleza humana debió ser.

Así, este estudio en su última parte aborda lo concerniente al liderazgo cristiano, entendiendo que sus actores, hechos a la imagen y semejanza del Creador, son desafiados a ser ejemplo de Su excelencia en donde hayan sido llamados a liderar. Y no sólo ello, sino que como portadores de Su imagen, han recibido la orden para ejercer dominio sobre toda la creación, pero que deben hacerlo de tal forma que sea consistente con el carácter del Dios de excelencia.

Por ello, a lo largo de los extractos que compartiré de esta investigación, se denotará el gran ejemplo de Jesucristo, cuyo estilo de liderazgo ha revolucionado el mundo. Un líder que sirve sacrificialmente a leprosos, sin temor a contagiarse; un líder que derriba barreras culturales, sin temor al qué dirán, como el encuentro con la samaritana; un líder que perdona y restaura, como cuando defendió valientemente a la mujer que estuvo a punto de ser apedreada; un líder que confronta, como en el desalojo del templo. ¡Un verdadero líder siervo que entrega su vida por la causa que le fue encomendada!

Y profundizamos aún más, entendiendo que este líder, no se dejó contagiar por lo profano de la cultura de su medio; sino que más bien expandió sin temor la cultura del Reino de Dios.

Confío que los extractos que estaré compartiendo inspiren a muchos en tanto tengan la oportunidad de conocer por primera vez al Dios de la excelencia, o reafirmen su conocimiento y relación con Jesucristo, el Dios de la excelencia; o más aún, movilice a muchos a ser y actuar embajadores de excelencia.

En nuestra próxima edición, haremos juntos un extraordinario viaje a través del cual reconoceremos “la excelencia de Dios en la creación”; y con certeza nos uniremos a la expresión poética de Job:

“Él [Dios] solo extendió los cielos,

Y anda sobre las olas del mar;

Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,

Y los lugares secretos del sur;

Él hace cosas grandes e incomprensibles,

Y maravillosas, sin número”. (Job 9:8-10 – RV60)

¡Hasta pronto y mientras tanto le animo a vivir una vida marcada por la excelencia!

Esperanza en medio del caos

«…hay un solo camino para resistir, sobreponernos y vencer a los estragos de esta pandemia…»

 

 

Tras 6 meses de haberse identificado al COVID-19 como una enfermedad infecciosa, primero en Wuhan, Hubei, China; y luego como una pandemia que consecuentemente está afectando a todo el globo; tal parecería que este “enemigo invisible” no ha dado tregua a la humanidad y persiste en su ataque. Y es que, al cierre de esta edición, 13.022.814 casos han sido reportados y además 571.000 muertes.

«Perdí mi trabajo a causa del coronavirus».

Y sí en medio de esta pandemia, los casos de COVID-19 no se detienen; y lógicamente tampoco los casos de angustia, depresión, pánico porque este virus no sólo ha causado estragos en la salud física de la humanidad, incluyendo trágicamente la muerte de algunos; pero también ha provocado la desestabilización en la economía del mundo; empresas que han quebrado; o al menos que han reducido su fuerza laboral y desafortunadamente, cabezas de hogar que han perdido sus empleos; por solo nombrar algunos de los trastornos provocados por este “enemigo invisible”.

Y claro, paralelo al caos que estamos enfrentando no faltan los mensajes bien intencionados y cargados de “buena vibra” – como algunos lo llaman, que de alguna manera quieren motivar el alma de cuantos han decaído en este tiempo y animarlos a levantarse; de hecho, a que toda la sociedad nos levantemos y luchemos por nuestros más caros anhelos a pesar de la adversidad.

Pero ¿acaso estamos poniendo nuestra confianza únicamente en nuestra valentía, fortaleza, buen ánimo y hábil estrategia humana? Si es así, me temo que no llegaremos muy lejos. De hecho, ni la más hábil estrategia científica, política o incluso económica ha logrado detener los impactos de todo orden provocados por esta pandemia.

No obstante, hay un solo camino para resistir, sobreponernos y vencer a los estragos de esta pandemia; y es precisamente reconociendo que no somos “autosuficientes”, que como humanos “no nos hicimos a nosotros mismos”; y que es necesario volvernos a nuestro Hacedor, a nuestro Creador, a Aquél que puso orden al caos inicial en este mundo (Génesis 1) y que tiene el poder para sostenernos, levantarnos y ciertamente, ordenar nuestro mundo caótico.

Y qué agradable es encontrar en la frescura de Su Palabra, refrescamiento para nuestra alma y verdadera esperanza en medio de un futuro incierto desde la perspectiva humana; pero, lleno de gran esperanza para quienes decidamos confiar en Él, en Jesucristo, ¡el autor de la vida!

«Bendito es el hombre que confía en el Señor…» (Jeremías 17:7-8)

¿Conoce a Jesús personalmente?  ¿Le gustaría hacerlo?  Si es así, tome contacto con Hacia la Excelencia y estaremos gustosos de compartir más sobre nuestro Señor Jesucristo, la única esperanza para este mundo en caos.

 

Fuente:  Worldometer (información estadística – casos COVID-19)

Fotografía: Fotos 1 y 2: Envato Elements & Foto 3: Cecy Yepez

Pánico, desolación, desesperanza … ¿Dónde está su confianza?

«La crisis va más allá de lo que el esfuerzo humano puede hacer; va más allá de los recursos existentes».

 

Con certeza desde enero 2020, los distintos medios y las redes sociales nos han abrumado con millares de titulares, y que unos más que otros, han provocado temor, angustia, desesperanza, en definitiva, caos e inestabilidad.

En enero por ejemplo, “Incendios en Australia amenazan futuro de 327 especies protegidas de animales y plantas, dice el Gobierno”; también en enero, “Terremoto en Puerto Rico: cómo los sismos cambiaron la forma en que se ve la isla desde el espacio”; en febrero, “Al menos nueve muertos en el este de Turquía por un terremoto con epicentro en Irán”. Y seguramente, no nos ha sido ajeno el tan opinado tema sobre el “calentamiento global”.

Pues sí, la tierra ha enfrentado fuegos, ha temblado, se ha inundado, en diferentes lugares del planeta; y ciertamente, poblaciones han sido afectadas en distintas y críticas maneras; pero, de todos modos, cada uno de estos problemas han sido específicos, que han atacado específicos lugares. Y aunque sus vecinos y el mundo pudieron condolerse, nadie sufrió más que aquellos que en carne propia experimentaron estas tragedias. Por lo tanto, el dolor en sí fue sectorizado, por así llamarlo.

Ahora bien, más adelante, otros titulares se han sumado a los ya expuestos, así: “Reino Unido ‘bajo arresto domiciliario’ mientras coronavirus mide ‘poner fin a la libertad’”; “Coronavirus en Ecuador: Preguntas y respuestas sobre tratamiento de cadáveres en emergencia sanitaria”; “La pandemia podría reducir la economía mundial casi un 1% en 2020, dice la ONU”.

El panorama cambia drásticamente desde luego. Titulares de esta naturaleza, sobre un tema en particular, comienzan a surgir en los distintos países del mundo, uno tras otro, minuto a minuto; y tal parecería que, como el tic tac del reloj, noticia tras noticia, anuncian sobre el “enemigo invisible” – el COVID-19.

Enemigo, que al cierre de esta edición, ha atacado a más de un millón de víctimas y ha fulminado a 64.743 personas, alrededor del mundo. ¡Una verdadera tragedia!

Pero qué clase de enemigo es éste, que ha venido a trastornar la vida de todos los habitantes del planeta, como ningún otro. ¡El pánico ya no es sectorizado, es global! ¡El desastre ya no es sectorizado, es global!

¿Cómo salir de este encierro? ¿Cómo vencer al enemigo? ¿En quién confiar?  Son algunas de las tantas preguntas que se hace la humanidad en medio de esta crisis mundial. Y aunque el buen ánimo de algunos; el espíritu de motivación de otros; especialmente la tremenda buena voluntad y servicio abnegado de tantos más; y desde luego, la acción estratégica de los gobiernos que ciertamente no podemos dejar de mencionar; no obstante, no son suficientes para traer bienestar, ni salud, ni verdadera paz.

La crisis va más allá de lo que el esfuerzo humano puede hacer; va más allá de los recursos existentes. Ya no sólo es el virus como tal, que causa la enfermedad o incluso los lamentables decesos; es la tragedia emocional en el entorno familiar, en el entorno comunitario y en el entorno global.

Pero es ahí, cuando como seres humanos no tenemos a dónde volvernos, no tenemos lugar a dónde mirar para buscar refugio, cuando nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad, debilidad e impotencia para enfrentar lo desconocido; que navegamos en lo profundo de nuestro corazón y reconocemos que hay alguien, a quien podemos y debemos volvernos.

Ése alguien es Dios. Y la palabra “Dios” puede estar muy “manoseada”, muy “subutilizada”, muy “descontextualizada”. ¿Realmente el mundo tiene un verdadero entendimiento y conocimiento de quién es Dios?  ¿En verdad el mundo comprende acerca de la esencia y magnitud del Dios Creador de cielos y de la Tierra, de todo el universo y todo lo que en él hay?

Si en verdad, la humanidad entendiese la magnificencia de este Dios, entonces se uniría al Salmista de antaño, a David, y clamaría desde lo profundo de su corazón, en estos tiempos de crisis:

“Levanto la vista hacia las montañas,
  ¿viene de allí mi ayuda?
¡Mi ayuda viene del Señor,
 quien hizo el cielo y la tierra!…

“El Señor te libra de todo mal
    y cuida tu vida”.

 (Salmo 121:1-2,7  NTV)

 

Cuando entendemos que los recursos “humanos” se agotan, en medio de esta pandemia, no hay más sabia acción que volverse al Creador de la humanidad. No hay acción más sabia que volverse a Aquél que es el dador de la vida, a Aquél que salva y sana, a Aquél de quien fluye la verdadera paz.

¡No hay otro camino, que volverse al verdadero y todopoderoso Dios, a Jesucristo, la Vida misma, el Salvador del mundo, el Príncipe de Paz!

Mientras los noticieros proclaman pánico, desolación, desesperanza; solo aquél que pone su confianza en el Dios Eterno, Creador de cielos y de la tierra, tendrá la fuerza para proclamar serenidad, consolación y esperanza; entendiendo que su protección viene de lo Alto, de su Creador.

“¡Tú guardarás en perfecta paz
 a todos los que confían en ti;
 a todos los que concentran en ti sus pensamientos!
Confíen siempre en el Señor,
porque el Señor Dios es la Roca eterna”.

(Isaías 26:3-4  NTV)

 

Fuente: https://www.worldometers.info/coronavirus/

Fotos:  Cecy Yepez (1) & Envato Elements (2, 3, 4) – Diseño:  YNS