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El líder siervo como reflejo de la excelencia de Cristo – Introducción

“Dios, a través de la muerte, sepultura y resurrección de su Hijo, Jesucristo, ha redimido sus intentos distorsionados y débiles de retratar Su imagen. Los efectos de la caída están siendo revertidos…»

Richard D. Allen

Mientras tuve el privilegio de estudiar mi maestría en Corea del Sur, tuve también el privilegio de conocer a tantas personas que impactaron mi vida tremendamente.  Una de ellas, el Dr. Sang Bok David Kim, quien fue uno de mis profesores. Recuerdo que luego de dos años de estudio, enfermé críticamente; no obstante, asistía normalmente a clases, aunque en varias ocasiones, me sentía muy pero muy débil, que difícilmente podía concentrarme. De repente, mientras me recostaba a ratos sobre mi pupitre, sentí una mano que me daba una palmada, seguida de palabras llenas de dulzura, como un padre habla a su hija enferma. Ése era el Dr. Kim, que dejó de dar su clase, para acercarse hasta mi lugar y levantar mi ánimo, en medio del dolor que enfrentaba.

El Dr. Kim, un reconocido líder en Corea del Sur y fuera de ella. Presidente Emérito de Torch Trinity Graduate University, Pastor Emérito de Hallelujah Community Church, Embajador Global de Transform World Network, entre otras posiciones importantes de liderazgo; pero, sobre todo, un líder siervo que reflejó el carácter de Cristo, al dejar su plataforma de académico e inclinarse a alentar el corazón de una estudiante debilitada por la enfermedad. ¡Un líder con un corazón de padre!

Luego de este amplio pero muy necesario recorrido, se ha descubierto y comprobado que el Dios Trino Creador es ciertamente el Dios de la excelencia. Su carácter, Su hacer, Su creación así lo evidencian.

Por lo tanto, este extenso estudio previo nos ha permitido sentar las bases para el análisis y discusión siguientes, y que se enfocarán en lo concerniente al liderazgo cristiano, cuyos actores con certeza son los portadores de la imagen y semejanza de Dios, y consecuentemente son desafiados a ser ejemplo de excelencia en su ámbito de influencia.

Partiendo de esta premisa, consideramos ahora oportuno citar Génesis:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. (Génesis 1:26-28)

Erickson, tomando como referencia el pasaje antes expuesto, resalta que el ser humano tiene un lugar único en la creación; y no sólo eso, sino que ha sido colocado por sobre ella; de hecho, tiene domino sobre ella. Añade también que nuestro valor como humanos es grandioso, porque somos la más alta de las criaturas con excepción de los ángeles.[1]

Por su parte, Richard D. Allen, en su libro “The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity” [El principio de Génesis del liderazgo: Reclamando y cultivando su capacidad creada] expone que cada persona posee en igual proporción los atributos impartidos por Dios en el increíble acto de la creación; y que las características de liderazgo emergen de los atributos dados por Dios. Por ello, al ser cada ser humano, hombres y mujeres, creados a la imagen de Dios, esto significa que poseen igual capacidad y potencial completo para un efectivo liderazgo. Así, cuando nosotros, los seres humanos, reflejamos los atributos creados de Dios, entonces estamos liderando.[2]  Y Allen además enfatiza:

“Su llamado a portar la imagen de Dios tiene un profundo impacto en la manera en la que usted va a abordar la tarea del liderazgo. Como portador de Su imagen, Dios le manda a ser un líder. ´¡Dominad!´ Desde la creación misma del mundo, usted ha recibido la orden para ejercer dominio, liderar sobre toda la creación…Usted debe liderar la creación de Dios pero únicamente en la manera que ésta sea consistente con Su carácter – Sus atributos”. (Allen 2008)

Y siguiendo con este interesante estudio de Allen, es propicio resaltar que el mandato de Dios, Su encargo desde Génesis, no ha cambiado en absoluto.  Su mandato está vigente en cuanto a llenar la tierra de Su gloria y gobernarla. Ahora bien, hay un gran obstáculo que apareció en el camino, y ese gran obstáculo es el pecado. Éste ha causado estragos, impidiendo nuestra habilidad para cumplir fielmente el mandato de Dios. Ha pervertido los atributos puros y justos que Dios confió a la humanidad desde la creación. Y tal parecería que todo llegó a un punto de desesperanza. Felizmente, como dice Allen, el relato bíblico no termina ahí, con la caída del hombre, condenado a una lucha fútil y sin esperanza en procura de ser el portador de la imagen de Dios, sin éxito alguno. Vemos más bien que se abre una gran puerta, ¡y los atributos creados de Dios son redimidos![3]  Y así Allen precisa:

“Dios, a través de la muerte, sepultura y resurrección de su Hijo, Jesucristo, ha redimido sus intentos distorsionados y débiles de retratar Su imagen. Los efectos de la caída están siendo revertidos…A través de Cristo, usted ha sido reincorporado, nuevamente encargado para ser el líder portador de la imagen de Dios…Usted debe llenar la creación con la gloria de Dios reflejando Su gobierno justo a través del liderazgo que usted ejerza sobre su rincón de la creación”. (Allen 2008)

Con esto en mente, y entendiendo que como creación de Dios, todos los seres humanos hemos recibido el llamado a gobernar sobre la creación, en consecuencia a liderar; es importante ahora que nos centremos en el estudio del liderazgo cristiano, centro de esta investigación. ¡Próximamente más artículos respecto de este maravilloso tema!

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 512-513.

[2] Richard D. Allen, The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity (Mustang, OK: Tate Publishing & Enterprises, LLC, 2008), 23-24.

[3] Richard D. Allen, The Genesis Principle of Leadership: Claiming and Cultivating Your Created Capacity (Mustang, OK: Tate Publishing & Enterprises, LLC, 2008), 44-45.

La marca de la excelencia de Dios – Su imagen

El alma es precisamente la que fue sellada con la marca de excelencia de nuestro Dios Trino Creador, porque fue hecha a Su imagen:

“Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27)

Wernher von Braun, de hecho, reconoció al alma humana como la obra maestra de Dios. Y es en el alma humana que Dios ha impregnado Su imagen:

«Los científicos ahora creen que en la naturaleza, la materia nunca se destruye. Ni siquiera la partícula más pequeña puede desaparecer sin dejar rastro. La naturaleza no conoce la extinción, solo la transformación. ¿Tendría Dios menos respeto por su obra maestra de la creación, el alma humana? Cada persona recibe el regalo de la vida en esta tierra…El conocimiento de que el hombre puede elegir entre el bien y el mal debería acercarlo a su Creador … «. (Federer 2016)

Tan cierto como el análisis de Von Braun, los grandes teólogos y eruditos a lo largo de la historia han estudiado seria y profundamente lo concerniente a la “imagen de Dios”. Y la Palabra en sí nos brinda algunas porciones tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento.

Ya hemos citado anteriormente Génesis 1:26-27 que fundamentalmente tienen que ver con la intención de Dios de crear al ser humano y de hecho con Su acción concreta.

También en Génesis 9 encontramos otro versículo donde se hace alusión a la “imagen de Dios”, así:

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. (Génesis 9:6)

Erickson comenta que en Génesis 9 el asesinato se prohíbe sobre la base de que el ser humano fue creado en la imagen de Dios. Aunque este pasaje no menciona que los humanos portan aún la imagen de Dios, está claro que lo que Dios ha hecho anteriormente, tiene aún efecto, incluso posterior a la caída.[1]

Citemos ahora un pasaje del Nuevo Testamento donde también se hace referencia al tema en cuestión; y a través del cual las Escrituras evidencian que el ser humano es creado a la imagen de Dios, aún después de la caída.

“[La lengua] con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”. (Santiago 3:9)

Erickson en su libro “Christian Theology” [Teología Cristiana] presenta algunos puntos de vista acerca de la naturaleza de la imagen de Dios. No obstante, concluye indicando que, al haber varias interpretaciones, esto es una indicación de que no hay una afirmación directa en las Escrituras sobre el tema. Por lo tanto, se deben extraer razonables inferencias de lo poco que la Biblia dice sobre este tema.  Y aquí compartimos las más relevantes, según el análisis de Erickson:[2]

  • La imagen de Dios es universal dentro de la raza humana. Si se analizan los pasajes Génesis 9:6 y Santiago 3:9-10; observamos prohibiciones de asesinato y maldición, respectivamente. Y estas prohibiciones se aplican sin limitaciones para toda la humanidad, sobre la base de que la humanidad fue creada a la imagen de Dios.
  • La imagen de Dios no se ha perdido como resultado del pecado o específicamente de la caída. Así, volviendo al análisis de las prohibiciones del asesinato y de la maldición, éstas aplican tanto a pecadores como a creyentes piadosos. Se asume así la presencia de la imagen y semejanza en los no creyentes. Si éste es el caso, significa que la imagen de Dios es algo que está conectado inseparablemente con la humanidad.
  • No hay indicaciones de que la imagen esté presente en una persona en un grado mayor que en otra. Dotaciones naturales superiores como un alto nivel de inteligencia; no es evidencia de la presencia o de un grado determinado de la imagen.
  • La imagen se refiere a los elementos en la composición humana que permiten el cumplimiento del destino humano. Se trata de los poderes de la personalidad que de alguna manera hacen a los humanos como Dios, es decir, seres capaces de interactuar con otras personas, de pensar, reflexionar y que tienen voluntad. La creación de Dios tuvo un propósito definido:  El humano estuvo destinado a conocer, amar y obedecer a Dios, y a vivir en armonía con otros seres humanos. Y enfatiza Erickson que los humanos son más plenamente humanos cuando están activos en estas relaciones, cumpliendo el propósito de Dios. Menciona aquí también que los atributos de Dios que algunas veces se refieren a los atributos comunicables constituyen la imagen de Dios.  Y puntualiza:

“La humanidad en cuanto humanidad tiene una naturaleza que abarca todo lo que constituye la personalidad o el yo: inteligencia, voluntad, emociones. Ésta es la imagen en la que se crearon los humanos, permitiéndoles tener la relación divinamente intencionada con Dios y con los demás humanos, y ejercer el dominio”. (Erickson 2003)

  • Es interesante que Erickson hace también mención al pensamiento de Karl Barth, quien dice que la imagen está presente en lo humano en tanto es humano. Y mira la imagen de Dios no sólo consistente en la relación vertical entre el humano y Dios; sino también en la horizontal entre los seres humanos. La imagen está relacionada con el hecho de que Dios creó un ser que, como Él mismo, puede ser un socio.

Así como este chico está sucio cubierto de pintura; así también el pecado mancha al ser humano, mancha la imagen de Dios. 

Viene bien destacar aquí una síntesis del estudio de Miguel Núñez, quien manifiesta que la imagen de Dios no ha sido perdida. Sí trastocada, desfigurada, pisoteada, distorsionada; pero, definitivamente no ha sido perdida. Por definición, dice, la imagen de Dios no puede ser perdida porque Dios existe permanentemente. Lo que la distorsionó es el pecado. Como seres humanos tenemos una mente con la cual pensamos, igual que Dios; emociones que sentimos; una inteligencia, un espíritu, existencia, todo esto al igual que Dios. Y en términos de destrucción del alma, no vamos a morir, al igual que Dios. El ser humano pasará al infierno o a la presencia de Dios, dependiendo de que sea un creyente o no; pero, va a seguir existiendo, al igual que Dios. Entonces lo que distorsiona la imagen de Dios es el pecado que entró al hombre. La naturaleza pecaminosa afectó en tanto la mente quedó entenebrecida, ésta distorsiona la percepción de la realidad de lo que el ser humano ve. Igualmente, los sentimientos quedaron afectados, el ser humano se ha vuelto egocéntrico, trata de satisfacer sus propias necesidades egoístamente. Antes de la caída, hubiésemos vivido en la presencia de Dios y no hubiésemos tenido las desviaciones que ahora tenemos.

El Dr. Núñez hace referencia a dos pasajes bíblicos que también fueron antes mencionados en este capítulo, Génesis 9:6 y Santiago 3:9. Los dos pasajes, dice, ocurren después de la caída. Y Dios sigue afirmando a través de ellos sobre la existencia de la imagen de Dios en el hombre. La imagen de Dios permanece en nosotros, y la gravedad de un crimen, violencia intrafamiliar o aborto radica básicamente en que los seres humanos seamos portadores de la imagen de Dios; si ésta no estuviera en nosotros pudiésemos morir igual que los animales y nada tendría ninguna consecuencia, concluye.[3]

 

[1] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 519.

[2] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 519-533.

[3] Miguel Núñez, “¿Es el hombre pecador aun la imagen de Dios?” Edificando,  https://www.youtube.com/watch?v=uaKE_9n-G_M

LOS ATRIBUTOS DE DIOS – Atributos comunicables

“Si la genuinidad de Dios es una cuestión de ser verdadero y la veracidad es su decir la verdad, entonces su fidelidad significa que Él es verdadero…La fidelidad de Dios se ha demostrado repetidamente a lo largo de las páginas de las Escrituras. Él cumple lo que ha dicho que hará».

Millard J. Erickson

Al igual que para el estudio de los atributos incomunicables, seguiremos la clasificación propuesta por Nyenhuis para los atributos comunicables; claro está, incluyendo aportes de otros eruditos, de modo que nos permita tener una idea amplia y debidamente sustentada para cada atributo.

Los atributos comunicables, señala Nyenhuis, nos dan en cambio conocimiento del ser de Dios, en tanto nosotros experimentamos una analogía de Sus virtudes. Cabe también señalar que los atributos incomunicables califican a los comunicables; de modo que éstos en esencia sean diferentes en Dios y diferentes en el ser humano. Dios, por ejemplo, es infinito e inmutable en amor, en justicia, en sabiduría.[1]

Y así, Nyenhuis precisa:

“Lo que encontramos en el ser humano es un eco o reflejo del atributo y no es, en este sentido, el atributo original. Los ecos y reflejos suelen ser débiles y desfigurados; sin embargo, nos dan base para un conocimiento de la realidad de Dios”. (Nyenhuis 1990)

Centrémonos entonces, en el estudio de los siguientes nueve atributos comunicables.

  1. El amor de Dios

El amor de Dios dice Nyenhuis, es el atributo más central de Dios.  De hecho, este atributo califica a todos los demás, pero hay que entender que los otros también califican al amor.[2]

El capítulo 4 de 1 de Juan, nos trae aún más claridad para entender este atributo de Dios, así:

“…Dios es amor”. (1 Juan 4:8)

El Dr. Miguel Núñez, puntualiza que la Biblia no solo afirma que Dios nos ama; sino que también y especialmente resalta que “Dios es amor”. Y cuando la Palabra dice que “Dios es amor”, significa que Dios va a amarnos para siempre.[3]

Al decir que “Dios es amor” estamos declarando que ésa es su esencia; por lo tanto, no cambiará en ninguna circunstancia.

Y quizá lo más extraordinario y a la vez humanamente incomprensible de este atributo es que el amor de Dios es dador y sacrificial. Juan 3:16 y Romanos 5:8 lo explican muy bien. Es en verdad incomprensible y difícil de aceptar que, siendo nosotros pecadores, Dios Padre, envía a Su Hijo Jesucristo a morir en lugar de nosotros, para darnos salvación y vida eterna en Su presencia. ¡Inconcebible en parámetros humanos, pero una profunda verdad espiritual!

Y Jesús también dijo:

“Nadie tiene mayor amor que éste, que no ponga su vida por sus amigos”.             (Juan 15:13)

Erickson aquí resalta que en efecto Jesús murió por sus amigos, quienes por seguro lo amaban y apreciaban lo que Él hacía por ellos. Pero también acentúa que Jesús murió por sus enemigos, quienes lo despreciaron y rechazaron.[4]

Y esto es lo que hace la gran diferencia entre la aplicación de este atributo por parte de Dios y por parte nuestra, los seres humanos. El amor de Dios es totalmente desinteresado y busca el bien de su creación; no el suyo propio.  En cambio, nosotros los seres humanos, imperfectos, muchas veces buscamos nuestro propio bien y no el de nuestro prójimo.

Erickson, lo ilustra muy bien, tomando el caso de un empleador y su empleado. El empleador seguro está interesado en la buena salud de su empleado porque así producirá más y mejor para él.[5]

  1. La gracia de Dios

La gracia, pues no es otra cosa que el amor inmerecido de Dios hacia el ser humano perdido en el pecado. La gracia de Dios dice Nyenhuis, es Su actitud benevolente e inmerecida hacia el pecador.[6] Lo cual y de aceptarlo el pecador, llega a feliz término, es decir, la salvación de su alma.

Y aquí es donde se conectan los atributos, o se califican entre sí. Nyenhuis dice:

“Una de las características más notables de la gracia es el hecho de ser inmerecida…Dios ama al pecador a pesar de que éste no puede provocar el amor. Dios ama porque Dios es amor”. (Nyenhuis 1990)

Bien cabe aquí, recordar la verdad de Efesios 2:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8-9)

Definitivamente, la gracia de Dios es un regalo inmerecido de Él para con Su creación. Y cuando este regalo, el regalo del perdón de pecados, es recibido por el pecador; no hay nada absolutamente nada de lo que pueda gloriarse. Lo más grande, la salvación de su alma y todo lo demás que ésta conlleva, es un regalo inmerecido de su Creador.

  1. La misericordia de Dios

Hay dos términos importantes para considerarse: Racham, en hebreo; y Eleemon, en griego; los dos significan tener compasión.[7] Por lo tanto, la misericordia de Dios puede llamarse también compasión. En otras palabras, es el amor de Dios hacia el que está sufriendo las consecuencias del pecado; en un sentido, mitigando el dolor causado por el pecado.[8]

Aquí dos textos bíblicos, que nos ayudan a entender mejor este atributo:

“Y pasando Jehová por delante de él [Moisés], proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”. (Exodo 34:6)

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”. (Hebreos 2:17)

Éxodo 34:6 y Hebreos 2:17 ilustran muy bien el concepto de este atributo; y por cierto, el sentido de los términos originales (hebreo y griego) arriba enunciados, en relación al corazón compasivo de nuestro Dios.

  1. La paciencia de Dios

La paciencia de Dios llamada también longanimidad. Ésta se ve en el hecho de que Dios “soporta” a los malos y a los que le retan. Dios pospone el castigo, de modo que da a los pecadores la oportunidad de arrepentirse. Ejemplos de la paciencia de Dios se encuentran en los siguientes textos: 2 Pedro 3:3-9; Mateo 23:37 y Lucas 13:34.[9]

  1. La soberanía de Dios

La soberanía de Dios está limitada única y exclusivamente a Su propia voluntad. Ésta además conlleva la absoluta superioridad y la omnipotencia de Dios. En otras palabras, Dios no rinde cuentas a nadie; simplemente lo planea y lo ejecuta. Es así como lo describe Nyenhuis, y resalta que ésta está por encima de la ley. De hecho, la ley en sentido amplio es una expresión de la voluntad de Dios.[10]

Y como bien lo dice e ilustra Chris Poblete:

“La soberanía habla del control divino que Dios tiene sobre todo lo que sucede. No hay nada fuera del control de su mano amorosa: ni los diseños de los malvados (ni siquiera los planes de los dictadores más malvados de la historia), ni la forma en que la tierra funciona en sí misma aparentemente contra la vida de los hombres, tampoco el funcionamiento de los demonios (o incluso Satanás), y tampoco mi propio libre albedrío”. (Poblete 2011)

Ciertamente Romanos 8:28,38-39 son una clara afirmación de la soberanía de Dios. Todo, absolutamente todo ayuda para bien a los hijos de Dios, según Sus propósitos; y no sólo eso, sino que no hay nada más allá del control de la mano soberana de Dios. Es así como lo entiende Poblete.[11]

  1. La veracidad de Dios

Dios es veraz y Dios es veraz en su revelación. Si Dios fuera mentiroso, explica Nyenhuis, la situación existencial de la humanidad sería caótica y desesperada. Este atributo es el que nos permite distinguir al Dios verdadero de los ídolos, que como bien señala el Salmo 115:3-8, tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen; tienen boca pero no hablan. Y un tremendo aspecto de la veracidad es la fidelidad de Dios, misma que es la base de nuestra confianza.[12]

De hecho, otros estudiosos catalogan a la fidelidad en sí como un atributo, veamos lo que Erickson dice al respecto:

“Si la genuinidad de Dios es una cuestión de ser verdadero y la veracidad es su decir la verdad, entonces su fidelidad significa que Él es verdadero…La fidelidad de Dios se ha demostrado repetidamente a lo largo de las páginas de las Escrituras. Él cumple lo que ha dicho que hará”. (Erickson 2003)

En el libro de Números encontramos una porción muy inspiradora que viene bien al tema:

“Dios no es hombre, para que mienta,

Ni hijo de hombre para que se arrepienta.

Él dijo, ¿y no hará?

Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19)

Dios siempre cumple lo que ha dicho que hará; y esto es lo que trae completa paz, a quienes en Él han puesto su confianza.

  1. La justicia de Dios

Nyenhuis en su análisis señala que la justicia es la perfección de Dios en cuanto cumple con todas las normas que Dios se pone a sí mismo. De hecho, no existe norma o pauta por encima de Dios. Dios es quien pronuncia la sentencia a sus propios actos.

Nyenhuis también destaca sobre la justicia remunerativa de Dios. Ésta se refiere al hecho de que Dios premia y recompensa según las condiciones y promesas que Él mismo ha establecido. Un claro ejemplo de esto es la Palabra que encontramos en 1 Juan 1:9.

Por otro lado, Nyenhuis, continúa en su análisis y presenta a la justicia retributiva.  Ésta tiene que ver con los castigos que Dios impone como resultado del pecado. La justicia es una expresión de la ira de Dios en contra del pecado. Dios es indudablemente justo que no pasa por alto los pecados de su pueblo y por ello, en su lugar, castigó a su Hijo Jesús. La aplicación de la justicia es fundamental para nuestra salvación. Con certeza, la justicia de Dios debe ser satisfecha por medio de Cristo, o por medio del pecador.[13]

Por su parte, Erickson destaca que en lo que concierne a la justicia, Dios no sólo que actúa en conformidad con Su ley, pero además administra Su reino de acuerdo con ella. Significa además que Dios administra su ley de modo justo, nunca mostrando favoritismos o parcialidades.[14]

  1. La santidad de Dios

De acuerdo con el estudio del Dr. Miguel Núñez, “santo” significa apartado y libre de corrupción. Dios está libre de corrupción, enfatiza. Y resalta además que Dios es un ser apartado del resto de la creación. Dios ha apartado para Él a quienes son sus hijos, afirma.[15]

Así, la idea esencial de la santidad de Dios dice Nyenhuis, es su excelencia o perfección moral, es decir la infinita distancia entre Él y toda impureza, pecado o contaminación. Si uno piensa en conceptos como honestidad, honradez, integridad, confiabilidad, pureza, dignidad y otros; puesto todo esto y más, incluye cuando uno se refiere a la santidad de Dios.[16]

  1. La sabiduría de Dios

Según algunos pensadores, se considera a la sabiduría como una especie de inteligencia. Así, la sabiduría de Dios es aquella inteligencia de Dios a través de la cual Él determina todas las cosas y las conduce hacia Él.

Nyenhuis resalta que la sabiduría es evidente en la creación, la providencia y la redención. Y de hecho el Salmista alaba la sabiduría de Dios cuando considera sus obras.[17]

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!

Hiciste todas ellas con sabiduría;

La tierra está llena de tus beneficios”. (Salmo 104:24)

Y en esta línea, el Dr. John MacArthur nos invita a reflexionar en la profundidad de la sabiduría de Dios, así:

“Considere la creación como un todo, desde el número ilimitado de galaxias en el universo hasta la estructura distintiva de un solo átomo; desde la grandeza de una ballena azul hasta las complejidades de innumerables criaturas microscópicas que viven en un estanque. Un atributo de Dios se destaca sobre todos los demás en la exhibición de la creación: Su sabiduría”. (MacArthur 2011)

Cada elemento de la creación fue con certeza pincelada con la sabiduría del Dios Creador.

Ahora bien, el número de los atributos de Dios varía de alguna manera según el estudio de los teólogos o los eruditos que lo presenten. Y en los estudios comparativos que el lector pueda hacer, definitivamente encontrará propuestas ligeramente diferentes, aunque establecidas sobre la misma base que se ha utilizado en esta investigación. De hecho, analizar el carácter de Dios es un tema vasto, interminable y fascinante, y desde este lado de la eternidad difícilmente tendremos una comprensión de quién es Dios en su totalidad.

Por otro lado, a lo largo del estudio se ha visto también que los atributos incomunicables califican a los comunicables; y también algunos atributos, especialmente entre los comunicables, se califican entre sí. Así que el número de atributos puede por seguro variar.

Pero lo que importa aquí no es el número de los atributos de Dios como tal. Lo que importa es que, a través del estudio de ellos, tengamos la comprensión acerca de quién es el Dios Trino Creador y la profundidad de su naturaleza, la profundidad de la naturaleza de su Ser.

Con certeza el estudio de los atributos del carácter del Dios Trino Creador nos lleva hacia un nivel superior. Habiendo recorrido los distintos momentos de la creación; e incluso, habiendo echado un vistazo a unas pocas maravillas del mundo natural que hoy nos rodean; no tenemos otra opción, sino que detenernos por un momento, levantar nuestra mirada al infinito y reconocer que en cada pincelada de la creación el Dios Trino está presente.

¡Infinitamente extraordinario, infinitamente perfecto! ¡El Creador es infinitamente perfecto! Y así como grandioso y magnificente se mira el universo, ¡cuánto más será su Hacedor! El Creador no depende en absoluto de nadie para su existencia; no obstante, cada micropartícula del universo depende de una orden del Creador para cualquier movimiento.

Pero no dependemos sólo de un gran telescopio, para darnos cuenta de la inmensidad del Dios Trino Creador. Sí, Él trasciende el espacio y el tiempo porque simplemente Él los hizo y no está confinado a ellos.

Pero, descendiendo a la Tierra como tal, observamos que, así como el Dios Trino Creador sopló aliento de vida en el primer ser humano – Adán; así mismo ha soplado aliento de vida en su creación actual. ¡Cada vez que nos levantamos, luego de una noche placentera de descanso, no podemos hacer otra cosa que dar gracias a Dios por un nuevo amanecer, lleno de vida y salud! ¡Qué evidente es aquí reconocer que el amor perfecto de Dios es ciertamente infinito, más allá de nuestra comprensión!

En este punto, cabe aquí recordar la Palabra de Santiago 1:

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. (Santiago 1:17)

La firma de excelencia del Dios Trino Creador está acuñada en todo el universo; y aunque han querido, pero nadie podrá eliminarla:

“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran”. (Nehemías 9:6)

[1] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 93.

[2] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[3] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[4] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 319.

[5] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 319.

[6] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[7] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[8] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[9] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 94.

[10] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 114.

[11] Chris Poblete, “The Attributes of God: Sovereignty,” Blue Letter Bible, https://blogs.blueletterbible.org/blb/2011/10/28/the-attributes-of-god-sovereignty/

[12] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 115.

[13] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 116.

[14] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 314-315.

[15] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[16] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 136.

[17] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 138.

LOS ATRIBUTOS DE DIOS – Atributos Incomunicables

 

«El hacer a Dios igual que al universo, es simplemente hablar de Panteísmo…»

Gerald Nyenhuis

En función de los artículos previamente compartidos en este Blog y establecido entonces que el Dios Trino es el Dios Creador del universo tal como lo expone la Biblia; conozcamos ahora a profundidad Su carácter, carácter que por cierto se revela desde la creación misma del universo.

De hecho, el universo en sí habla, como ya lo hemos analizado anteriormente (favor referirse a los artículos previos) de la existencia de un ser inteligente detrás de él. Como lo expresa Francis A. Schaeffer, el universo expone abiertamente lo que Dios es; y no sólo eso, sino que lo hace en cuatro áreas.[1]

Las cuatro áreas que Schaeffer menciona desde la perspectiva del universo son: (1) El universo habla de la existencia del Ser. El universo está ahí, la existencia está ahí, Dios está ahí. (2) El universo tiene orden. No es un caos. Esto se evidencia en Génesis 1, en tanto relata que Dios hizo todas las cosas para producir según su propia especie. Nada es caótico o fortuito. (3) El universo habla del carácter de Dios. Igualmente, y como se describe en Génesis 1, todo lo que Dios hizo es bueno.  Por lo tanto, Dios es bueno. (4) El universo habla de Dios como persona. En Génesis 1:27, Dios crea al ser humano a su propia imagen. Aquí se evidencia que el Dios Trino que se comunica y que ama, ha creado al ser humano, quien refleja Su personalidad, Su comunicación y Su amor.[2]

Así y para adentrarnos propiamente en el estudio de los atributos del carácter de Dios, hay que anotar que los eruditos los han clasificado en dos grandes grupos:  los comunicables y los incomunicables.

Esta clasificación, permite denotar que Dios es inmanente y trascendente. Como ya se ha explicado anteriormente (por favor, referirse a artículos previos), esto quiere decir que Dios está presente y activo en su creación (inmanente); y, por otro lado, Dios es superior e independiente de su creación (trascendente).

El hacer a Dios igual que al universo, es simplemente hablar de Panteísmo, enfatiza Gerald Nyenhuis. Y, además, asevera que a través de un atributo se nos revela la naturaleza de Dios. Un atributo de Dios es todo lo que Dios ha revelado en Su Palabra como característica verdadera de Él. También puntualiza que los atributos incomunicables hablan de la trascendencia de Dios; y en cambio, los comunicables de Su inmanencia.[3]

Por su parte, el Dr. Miguel Núñez señala que, en el estudio de la teología propia, respecto del estudio del Dios Trino es importante conocer que los atributos incomunicables son aquellos que le pertenecen únicamente a Dios.[4] Y, por otro lado, los atributos comunicables son aquellos que Dios de alguna manera los va a formar en nosotros, los seres humanos.[5]

Y como bien lo expresa, Millard J. Erickson, cuando hablamos de atributos nos referimos propiamente a las cualidades de Dios, que constituyen lo que Él es. Los atributos son cualidades permanentes e intrínsecas, las cuales no pueden ser perdidas o ganadas. Son dimensiones inherentes y esenciales de su propia naturaleza, enfatiza.[6]

Con esto en mente, analizaremos paso a paso cada uno de los atributos, tanto comunicables como incomunicables. En este artículo nos enfocaremos primeramente en los “incomunicables”.

Atributos incomunicables

Como lo dice Nyenhuis, estos atributos son aquellos que resaltan la trascendente grandeza y la absoluta diferenciación de Dios.[7]

Y aunque no todos los teólogos ni los eruditos coinciden si se quiere en el número de atributos; para este estudio vamos a tomar como referencia principal el análisis de Gerald Nyenjuis, así hablaremos de cuatro atributos incomunicables.

  1. La independencia de Dios

Cuando se habla de la “independencia de Dios”, se habla simplemente de que Dios existe por la necesidad de su propio ser y que para su existencia Él no depende de ninguna cosa externa.[8]

La “aseidad”, del vocablo latín aseiti que significa “de uno mismo”, es otro término con el cual también se le conoce a este atributo, y que simple y llanamente quiere decir que Dios es independiente, autoexistente y que no tiene necesidades de ningún tipo, afirma el Dr. Miguel Núñez.[9]

Para el efecto, es importante compartir dos citas bíblicas que respaldan lo dicho, en cuanto, a que Dios tiene vida en sí mismo; y, por otro lado, que Él no es servido por manos humanas, es decir que no tiene necesidades, ni depende de nada, ni de nadie; todo lo contrario, toda Su creación es quien depende de Él.

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo…” (Juan 5:26a)

“ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”. (Hechos 17:25)                                

  1. La inmutabilidad de Dios

La verdad de este atributo se evidencia en algunos pasajes bíblicos; para el caso, nos referiremos al Salmo 102, así:

“Pero tú eres el mismo,

Y tus años no se acabarán”. (Salmo 102:27)

Del mismo modo, referencias similares en cuanto a la inmutabilidad de Dios, se encuentran en Malaquías 3:6; Salmos 33:11; Santiago 1:17 y Hebreos 13:8.

Así como Dios es independiente, así en el mismo grado, Dios es inmutable, analiza Nyenhuis. Si dependiera de alguna cosa creada por seguro estaría sujeto al cambio.[10]

Esta “constancia divina” como la llama Erickson, involucra un par de aspectos: (1) No hay cambios cuantitativos. No puede crecer, porque Él es ya la perfección. No puede decrecer, porque si lo hiciera, dejaría de ser Dios. (2) No hay cambios cualitativos. Su naturaleza no se somete a modificaciones. Dios no cambia su mente, ni planes, ni acciones, ocurra lo que ocurra.[11]

  1. La infinidad de Dios

La infinidad o infinitud de Dios, según Mark Jones, significa que no hay límite para las perfecciones de Dios. Éste califica a los demás atributos y los califica como intensa y cualitativamente infinitos. La infinidad de Dios es el más alto sentido de perfección.[12]

De hecho, según Nyenhuis, este atributo muestra varios aspectos, así: (1) Absoluta perfección, como ya lo hemos dicho, califica a los demás atributos. Dios es infinito en su conocimiento, bondad, justicia, poder, en todo lo que Él es. (2) Su eternidad, es decir, en relación con tiempo. Dios trasciende el tiempo y posee la totalidad de lo que llamamos tiempo o historia. Dios no está limitado por las categorías de pasado, presente o futuro. (3) Su inmensidad, esto en cuanto a su relación con el espacio. Un aspecto importante con Su eternidad es Su omnipresencia.  Es decir, Dios está presente en todo lugar y todo espacio; pero, no significa que esté repartido, sino que está totalmente presente en todo lugar. Así lo declara Su Palabra, en el Salmo 139:7-10.[13]

  1. La simplicidad de Dios

Dios es absoluto, lo que significa que no hay distinciones dentro de Su ser.[14]

La simplicidad de Dios o unidad como también se la conoce, significa que Dios no está dividido en partes. Lo que Dios es, dice Miguel Núñez, lo es todo el tiempo y en todo Su ser. Y brinda un interesante ejemplo:

“Dios no está dividido en partes, como si fuese 10% amor, 10% poder, 10% fidelidad, etc. En cambio, Dios es 100% amor, 100% infinito, 100% fiel, 100% justo, etc. Sus atributos están distribuidos a lo largo de todo Su ser”. (Núñez, ¿Qué son los atributos incomunicables de Dios? 2018)

Dice Nyenhuis, algunos teólogos emplean la expresión de la “unidad de Dios”, es decir que Dios no puede ser repartido entre muchos seres, o de otro modo, no es posible que varios seres compartan Su naturaleza. Y cita un buen ejemplo de este concepto a través de Deuteronomio[15]:

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. (Deuteronomio 6:4)

En otras palabras, resalta Nyenhuis, la simplicidad de Dios implica singularidad.

Próximamente – “Los atributos comunicables”.

 

[1] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 244.

[2] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 244.

[3] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 70, 71, 91.

[4] Miguel Núñez, “Los atributos comunicables de Dios,” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-comunicables-dios/

[5] Miguel Núñez, “¿Qué son los atributos incomunicables de Dios?” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-incomunicables-dios/

[6] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 291-292.

[7] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 91.

[8] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 91.

[9] Miguel Núñez, “¿Qué son los atributos incomunicables de Dios?” Coalición por el Evangelio, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/los-atributos-incomunicables-dios/

[10] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 91.

[11] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2003), 304.

[12] Mark Jones, “10 Things You should Know about God´s Attributes,” Crossway, https://www.crossway.org/articles/10-things-you-should-know-about-gods-attributes/

[13] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 92.

[14] Mark Jones, “10 Things You should Know about God´s Attributes,” Crossway, https://www.crossway.org/articles/10-things-you-should-know-about-gods-attributes/

[15] Gerald Nyenhuis and Dr. R.C. Sproul, El Dios que adoramos (Miami, FL: Logoi, Inc., 1990), 93.