¿Qué pasa cuando las luces se apagan?

Hace un par de semanas y por razones propias del trabajo comunicacional que realizo, visité una escuela pública en un sector urbano marginal en una ciudad costera de mi país.

Tuve la oportunidad de compartir brevemente con un grupo de niños y niñas, cerca de 30. Todos ellos amigables, juguetones, con rostros pícaros algunos. Otros con caritas que reflejaban una total inocencia.  Y unos cuantos más no podían ocultar heridas profundas porque sus rostros reflejaban frustración, molestia, tristeza, a pesar de su corta edad. Al terminar nuestro trabajo e interactuar con estos pequeños de modo más informal, decidí preguntarles  –¿Qué celebramos en Navidad? – ¿Adivinan sus respuestas?  Bien, aquí algunas de ellas:

–    “¡Es tiempo de fiesta!”
–    “¡En Navidad viene Santa!”
–    “¡Navidad es felicidad!”
–    “¡Nos dan regalitos!”
–    “¡Es la fiesta de Papá Noel!”

Y ya cuando mi esperanza se agotaba, buscando otro tipo de respuesta, una pequeña niña algo tímida levantó su mano y dijo:  “En Navidad celebramos al ´Niño Dios´”.

Y es que nuestra sociedad casi al término de un año, viste de luces y de adornos costosos. Sale de compras, prepara banquetes, esconde regalos bajo el árbol navideño y a los más pequeños les dice que deben portarse bien para que Santa Claus les traiga sus regalitos de Navidad.

Y aunque vestirse de fiesta, compartir una comida especial entre familia y amigos o compartir una sana celebración, no está mal en absoluto; lo triste es que en esta época particular del año, “todo el mundo se alborota” diría alguien por ahí. El tráfico se congestiona, las tiendas extienden sus horarios de atención al público y aparentemente no logran abastecer a todos, los compromisos sociales aumentan. Y tal parecería que todos en un par de días acumulan todo el estrés de un año, buscando “el mejor regalo” para cada uno de sus compromisos.

Tristemente, estos pequeños de tan sólo 7 años de edad que tuve la oportunidad de conocer hace poco,  son el claro reflejo de nuestra sociedad. Para ellos la Navidad es una época de luces, adornos, regalos, de un cuento fantástico que con suerte puede hacerse realidad en sus vidas.

Sólo uno de treinta parece tener una leve idea del verdadero significado de la Navidad. Uno de treinta parece entender que “el mejor regalo” que se puede dar a nuestros seres queridos e incluso a nosotros mismos es “Jesús”, quien hace más de dos mil años vino a este mundo como un tierno bebé. Sí, Emanuel –Dios con nosotros –  vino con el solo propósito de entregar su vida en sacrificio por la humanidad, por aquellos que reconozcamos en fe, al menos tres cosas importantes:

– Que somos pecadores. Que no hay justo ni aún uno en este mundo.
– Que no podemos hacer absolutamente nada por  nosotros mismos para limpiarnos de nuestro pecado. Ni las mejores obras borrarán el más pequeño o el más oculto de nuestros pecados.
– Que sólo la sangre preciosa de Cristo Jesús derramada en sacrificio en la cruz puede limpiarnos de toda maldad, de todo pecado.

Todo esto si en fe, abrimos nuestro corazón a Jesús, el único Dios verdadero, y lo invitamos que sea el Salvador y Señor de nuestras vidas.

Cuando se apaguen las luces de las celebraciones navideñas y de un nuevo año que comienza; y los corazones llenos de algarabía comiencen a calmarse e incluso a preocuparse por las sobredimensionadas deudas adquiridas en esta época y por reintegrarse al estrés regular de la vida cotidiana, hay una luz que permanecerá encendida por todo el año. Una sola luz que brillará en medio de la oscuridad. Una sola luz que resplandecerá  en medio de las tinieblas del estrés, del sufrimiento, del temor, del cansancio, del odio, de la frustración, de la soledad…una sola luz.  Esa luz ha sido, es y será Jesucristo, quien manifestó de sí mismo:

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.  (Juan 8:12)

¿Quiere andar en la luz durante este 2014? Le animo a que así lo haga…que escoja andar en la luz. Escoja apagar las luces artificiales de las vanas celebraciones y de las trivialidades; y decida por Jesucristo, la Luz del mundo.  Entregar la dirección de su vida a Jesucristo es la mejor y la más importante decisión.  Cuando decida por Jesucristo, Su luz inundará las tinieblas de su vida y el resplandor del Dios todopoderoso iluminará su caminar a lo largo de este nuevo año.

¡Qué Jesucristo, el Dador de la Vida y la Luz del Mundo, ilumine su vida a lo largo del 2014!

Hacia la Excelencia recomienda el siguiente enlace para que conozca más sobre Jesús, la Luz del Mundo:   http://pazcondios.jesus.net/

 

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