De niño sin esperanza a un joven visionario

“No debemos sobresalir o brillar por el simple hecho de actuar con excelencia, sino más bien para que el nombre de Dios sea glorificado”.

 

Daniel Njenga Maina

Daniel Njenga Maina es ex patrocinado de Compassion. Njenga, como él prefiere ser llamado, tiene 29 años. Nació en Kenia, a una media hora de la ciudad de Nairobi.

Njenga actualmente estudia una Maestría en estudios Urbanos e Interculturales en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Se graduará en mayo de 2014.

Njenga en el Moody Bible Institute

Njenga en el Moody Bible Institute

Njenga viaja dos veces al mes a través de iglesias en los Estados Unidos en calidad de portavoz de Compassion.

Njenga también realiza su prácticas ministeriales sobre plantación de iglesias en una iglesia local de Chicago y además trabaja medio tiempo en el departamento de Aprendizaje a Distancia de Moody. Es quien coordina las clases modulares de post-grado.

Cuando Njenga retorne a Kenia, planea comenzar una iglesia y al mismo tiempo entrenar pastores y líderes laicos en teología. También está procurando brindar soporte a una escuela de Kenia para la instalación de una biblioteca. Anhela además que este modelo pueda replicarse en otras escuelas en el futuro.

 
Cuéntanos acerca de tu trasfondo y específicamente ¿cómo fue tu vida y el crecer en un ambiente de pobreza?

Bueno, para mí la pobreza comienza con mi madre. Mi mamá tenía 14 años cuando yo nací, entonces era una mujer muy joven. Además ella no había recibido ninguna educación. Mi abuela la echó de la casa. Y entonces, cuando yo tenía 9 años mi madre murió y ¡eso fue muy difícil para mí! Sabes, mi padre nunca estuvo presente. En realidad, nunca supe quien fue mi padre.

Mi mamá tuvo tuberculosis y en ese entonces no pudo tener acceso a atención médica. Esa fue una época muy dura para mí. A los 7 años ni siquiera había podido asistir a la escuela y nosotros vivíamos en una casa de 10 por 10 pies, un espacio muy pequeño. Yo cuidaba de mi hermana que tenía tres años menos que yo. ¡Así que, vivir en esas condiciones era muy complicado!

No había personas con mucho dinero donde yo vivía, pero sí había muchos alcohólicos, y se vendía droga como a unos 100 pies de distancia de mi casa. Entonces, mientras me convertía en un adolescente, había mucha tentación de llegar a involucrarme con las drogas. Y sí, había una pandilla muy famosa. Mucha gente joven decidía entrar a las pandillas como una manera de escapar de la pobreza. Felizmente, yo jamás me involucré con las pandillas o las drogas.

Y nunca fui a la iglesia tampoco, a diferencia de mi abuela que era católica. Yo nunca fui a la iglesia porque tampoco mi mamá lo hacía.

Antes de que mi madre falleciera, ya nos habíamos cambiado a la casa de mi padrastro –el padre de mi hermana. Él se dedicaba a realizar trabajos mecánicos –soldadura a gas. Trabajaba en el campo, en lugares donde reparaban autos. Él sólo se sentaba a esperar que el trabajo llegara. Era una situación muy difícil. Nunca sabíamos cuándo él tendría dinero. Por ejemplo, había veces en que él se iba y nosotros nos quedábamos en casa esperando que él llegue con algo de comer, porque no nos había dejado dinero. Y entonces él regresaba después de caminar como 25 kilómetros… era muy, muy lejos y sólo nos decía “Hoy no tengo dinero para ustedes”. En esos casos lo que hacíamos era beber un poco de agua y pasar la noche con la esperanza de que Dios proveyera para el siguiente día.

 
¿Qué concepto tenían ustedes acerca de Dios en ese momento de sus vidas? ¿Existía Dios para ustedes?

No puedo recordar eso exactamente…a la edad de 7 años. No puedo recordar un claro concepto de Dios, pero cuando tenía 9 años, yo ya había ingresado al programa de Compassion, ahí fue cuando empecé a aprender de Dios y recuerdo que todo eso fue muy raro para mí. Recuerdo que me pedían que cerrara los ojos para orar, pero eso no tenía ningún sentido para mí. (Ríe)

Claro, no veías a nadie ni sentías nada en especial…

¡Exacto! No podía sentir nada. Me refiero a que cubría mis ojos, a medias, tratando de ver lo que sucedía.

¿Cómo fue tu experiencia de llegar a ser parte del Programa de Patrocinio de Compassion? ¿De qué manera empezó a cambiar tu vida?

Bueno, creo que lo mejor que me pasó fue llegar a ser parte de una iglesia y que me presentaran el Evangelio a tan corta edad. Cuando hago una retrospectiva de mi vida veo ese hecho como la mejor inversión que hayan realizado en mí. El sólo concepto de que Dios nos ama era una idea muy extraña para mí. Yo creo que lo que pasa cuando vives en condiciones de pobreza es que el concepto del amor es difuso o no tiene sentido. ¡Entonces el sólo saber que Dios estaba ahí, me dio esperanza! Pero también fue el hecho de tener cubiertas mis necesidades básicas como la comida o la asistencia médica cuando asistía al proyecto. En el proyecto de Compassion me enseñaron cómo lavarme los dientes. Incluso recibí mi primer cepillo de dientes y mi primera pasta ahí, y le he dicho a la gente que casi me trago la pasta de dientes porque ¡era tan dulce! ¡Sabía tan bien! (Ríe) Y además, recibí una cobija y tuve mi propio colchón, un colchón muy cómodo que compartía con mi hermana.

Njenga visita a niños patrocinados por Compassion en Kenia

Njenga visita a niños patrocinados por Compassion en Kenia

No sólo eso, sino que Compassion además pagó mi matrícula cuando empecé a estudiar en la escuela y eso me dio muchas más oportunidades para empezar a soñar con la persona en la que quería convertirme.

Recibí libros de texto, de trabajo e incluso el programa pagó por mis uniformes. Fue así como creció mi autoestima por sobre todas las cosas. Comencé a ver amor en mí mismo. Pero claro, ¡todo esto fue posible gracias a mis patrocinadores!

 
¿Cómo fue que aprendiste este concepto del amor de Dios si no experimentaste un amor real y personal aquí en la tierra?

Sí, crecer fue muy difícil para mí. Mi padre (padrastro) me maltrataba mucho, me pegaba todo el tiempo. Y eso, bueno, fue una lucha para mí. Sabía que Dios me amaba pero cuando me convertí en un adolescente dejé de ir a la iglesia. Continué asistiendo al programa de los sábados en el proyecto de Compassion pero no iba a la iglesia los domingos porque estaba peleando contra esa idea.

Traté de huir tanto como pude, pero mientas más escapaba más vacío me sentía. Y finalmente, puse toda mi esperanza en la fe cristiana. Después de dos años regresé a la iglesia y volví a dedicar mi vida a Cristo. Eso cambió muchas cosas para mí increíblemente. Una de ellas es que yo quería perdonar a mi padre (padrastro) porque me di cuenta de que mi corazón tenía una gran carga y yo no estaba en paz con Dios.

Desde aquel momento, comencé a apreciar y querer más a mi padre (padrastro). Comencé a ver sus esfuerzos para criarnos y a pensar en las luchas que debió haber enfrentado sin una esposa. Y sabes, eso hizo que le apreciara y respetara aún más.

Aunque mi padre (padrastro) nunca pudo proveer para nosotros de la forma como yo hubiera querido, eso nunca me hizo ver a Dios como un dios distante. Para mí el haber sido parte del programa de Compassion fue razón suficiente para saber y comprender que Dios es bueno. Mis necesidades fueron cubiertas y había alguien muy, muy lejos que se preocupaba por mí, y esos simples hechos ya me comunicaban de sobra acerca de la existencia de un Dios que me ama.

 
¿Cómo saliste de la desesperanza a una vida llena de sueños y esperanza?

Sabes, yo nunca había pensado en qué es lo que quiero llegar a ser. Recuerdo que cuando era niño, una vez dije algo acerca de querer ser mecánico porque mi padre era mecánico.

Luego decía que quería ser carpintero porque eso era lo que conocía y solo veía carpinteros a mi alrededor.

Hasta que empecé a leer y aprendí que existen personas a las que les llaman doctores, hay abogados, hay ingenieros. Por mucho tiempo quise convertirme en ingeniero, pero luego cambié a abogado, sabes, porque quería defender los derechos de las personas. Pero al final terminé convirtiéndome en profesor debido al impacto que los maestros habían tenido en mi vida. Ahí fue cuando dejé de soñar para mí mismo y empecé a pensar en tener una visión más amplia y sueños más grandes de cómo usar aquello en lo que me quería convertir para ayudar a otros.

Entonces, no sólo llegué a ser maestro sino que Dios también me llamó a ser pastor. Y yo nunca había pensado en ir al Seminario. Ni siquiera tenía un centavo para pagar mi matrícula. Había hablado con algunas personas y esperaba poder levantar fondos. Pero Compassion, en ese mismo momento, abrió la oportunidad para estudiar en Moody y yo apliqué para la beca de estudios en el Moody Bible Institute en Chicago. Esperé entre 5 o 6 meses…¡era muy competitivo! Estudiantes de 26 países donde Compassion sirve estaban esperando por esta oportunidad. Yo realmente quería venir a Moody y gracias a Dios lo logré. ¡Ha sido una extraordinaria experiencia!

 
Después de esta especial jornada ¿cuáles son tus sueños y planes ahora y cómo te está guiando Dios hacia ellos?

¡Buena pregunta! Mi sueño cuando vine a Moody era regresar a Kenia y empezar a plantar iglesias, pero al mismo tiempo ayudar a aquellos pastores que nunca han tenido el privilegio de ir a un seminario, como lo estoy haciendo yo. Y eso es exactamente lo que quiero hacer. Aún quiero hacer eso, regresar a Nairobi y empezar una iglesia ahí. Pero también quiero crear una red para movilizar recursos en Kenia, y de ser posible fuera de Kenia para equipar las iglesias de mi país de tal manera que puedan cumplir con el llamado de Dios que es continuar con la Gran Comisión en Kenia. Sé que es un gran sueño y hay veces en las que siento que tal vez no puedo hacerlo, sabes, es demasiado grande; pero mientras más veo hacia mi pasado y recuerdo lo que Dios ha hecho en mi vida, pienso “¡Dios sí puede hacerlo!”

Tengo pasión por la educación por todo lo que he visto de ella y las puertas que se abren. La sola oportunidad de ir a la escuela me ha dado el privilegio de conocer a mucha gente e inclusive de venir acá, a Estados Unidos. Tengo un amigo que me donó un terreno para construir un centro de recursos para la comunidad. Ahora yo quiero crear un modelo para Kenia donde podamos tener un centro de recursos en un lugar pero a la vez replicarlo en todo el país. Este centro de recursos es un lugar donde los niños pueden ir a leer un libro, hacer sus tareas y donde chicos graduados del colegio puedan ayudarnos con estos estudiantes y enseñar a otros jóvenes a retribuir a su país y a sus comunidades, lo que ellos ya han recibido.

También espero que este centro de recursos llegue a ser un lugar donde los pastores puedan ir, dentro de sus comunidades, a preparar sus propios sermones y a estudiar más, e incluso llevar a cabo seminarios.

 
¿Cuál es tu principal motivación para lograr estas metas ambiciosas?

Yo creo que todos necesitamos crecer en excelencia y seguir trabajando para desarrollar nuestras habilidades. Siento que necesito, que quiero hacer todas esas cosas, pero que además necesito de alguien que vierta su conocimiento en mí. Creo que ese es un muy buen concepto de que la gente vierta lo que sabe en uno para que luego uno pueda también compartir con otros. ¡Sólo así lograremos una verdadera transformación!

Pero claro, no debemos sobresalir o brillar por el simple hecho de actuar con excelencia, sino más bien para que el nombre de Dios sea glorificado. Y es que si Dios creó todo tan bello, yo pienso que como cristianos tenemos que ejemplificar todo esto. Dios nos dio tantos dones. Así que se trata de que usemos nuestros dones para servir a los demás. Porque la excelencia no se trata solamente de nosotros mismos, se trata de los demás. Luego, la gente va a notar nuestro nivel de excelencia y van a desear alcanzarlo. E incluso van a preguntar… ¿por qué hacemos todo esto? En conclusión, nuestra excelencia deberá mover a la gente a hacer preguntas acerca de nuestra fe.

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